Gestión reproductiva de las corderas de reposición: una gran oportunidad de mejora en las ganaderías aragonesas / Belén Lahoz

Opiniones y Experiencias - 01 Apr, 2019

Belén Lahoz Crespo
Unidad de Producción y Sanidad Animal 
   Centro de Investigación y Tecnología Agroalimentaria de Aragón (CITA)
Instituto Agroalimentario de Aragón (IA2)

En el contexto actual en el que se encuentra el sector ovino, sumido en una crisis multifactorial desde hace años, es imprescindible identificar aquellos factores que más puedan influir en su sostenibilidad para poder abordarlos con éxito. En este sentido, de entre los múltiples que existen, hablaremos de la edad al primer parto de las corderas, por su amplio margen de mejora y su innegable impacto sobre la sostenibilidad económica, que es la que en muchos casos determina que un ganadero continúe o no con su actividad, más allá de la sostenibilidad social o medioambiental que también exigen actuaciones urgentes, pero a otros niveles.  

Tras haber analizado los datos de más de 300 ganaderías de Rasa Aragonesa durante el periodo 1997-2013, se ha constatado que la edad media actual del primer parto se sitúa en 19,8 meses. Resultados muy similares se han encontrado en las razas Roya Bilbilitana, Maellana y Cartera, con edades medias al primer parto comprendidas entre los 21 y 22 meses. Si se tiene en cuenta que la pubertad en estas razas se alcanza en torno a los 7-8 meses, sería esperable un primer parto a una edad mucho menor, en torno a los 13-14 meses, siempre y cuando concurran circunstancias favorables para la cubrición, como un adecuado peso del animal, un buen manejo o realizarla durante la estación sexual favorable, que iría de septiembre a enero. Más allá del dato medio, especial atención merece la gran variación que se observa en la edad media al primer parto entre ganaderías, con valores que van desde los 14,4 a los 28,3 meses (Figura 1). Si se tiene en cuenta que la edad al primer parto no es un criterio que se haya incluido en los esquemas de selección, estas variaciones se deben casi exclusivamente a diferencias de manejo, y muestran que el potencial genético de la raza no es un limitante a la hora de reducir estas cifras.

Figura 1. Edad media al primer parto en ganaderías de Rasa Aragonesa (periodo 1997-2013)

Los estudios técnico-económicos cuantifican en 193,95 euros el coste de una cordera que no pare antes de los 24 meses, y otros estudios en esta misma raza han demostrado que adelantar la edad al primer parto no afecta negativamente a la vida productiva adulta del animal, sino todo lo contrario, de manera que se estaría perdiendo hasta un parto a lo largo de la vida en las corderas de primer parto tardío.

Para mejorar significativamente este carácter, bastaría con aplicar correctamente una serie de estrategias de manejo ampliamente conocidas, como que las corderas lleguen a la cubrición con un mínimo de 2/3 de su peso adulto, que se pongan a cubrir separadas de las adultas, que se utilice un mínimo de un 5% de machos viables experimentados, o que se tenga en cuenta, al tratarse de una raza moderadamente estacional, la relación entre la época de la que proviene la reposición y la de puesta en cubrición, favoreciendo la selección de las corderas nacidas de otoño-invierno. Otras estrategias pueden incluir la realización de efecto macho, la utilización de tratamientos hormonales, si bien se encuentran en declive ante la previsible limitación de su uso en Europa, o el uso de la ecografía para el diagnóstico de gestación, especialmente interesante para identificar las corderas que quedan vacías y tomar medidas a tiempo ante una próxima cubrición que coincidiría con el periodo de anestro reproductivo. Más allá de las estrategias de manejo, en lo que se refiere a investigación, en los últimos años, se están desarrollando algunos trabajos innovadores para identificar marcadores, tanto de tipo genético como endocrino, que permitan a medio plazo realizar la selección de los animales reproductivamente más precoces y eficientes.

¿Por qué entonces no se ha mejorado este parámetro a lo largo de los últimos años?

En ovino de carne, en Aragón y en España en general, se ha hecho un gran trabajo en las últimas décadas para mejorar la prolificidad, y últimamente la capacidad maternal, pero la edad al primer parto ha quedado relegada a un segundo o tercer plano. Por un lado, se trata de un carácter con una heredabilidad muy baja, y, por tanto, que no se suele incluir en los programas de mejora genética, y por otro, existe una creencia, no siempre fundada, de que las corderas que tienen un primer parto temprano van a ver perjudicada su vida reproductiva adulta. En muchos casos, la disposición o no por parte del ganadero de recursos alimenticios propios le lleva a retrasar más de los deseado esta cubrición. Por otro lado, muchas veces el propio ganadero no es consciente de que un manejo poco apropiado durante la cubrición de las corderas se traduce en largos periodos improductivos, y la mejor forma de verlo es identificar a los animales vacíos y registrar los datos para poder cuantificarlos. Así, por ejemplo, se ha demostrado que el hecho de pertenecer a un programa de mejora hace que el ganadero lleve un control de producciones y reciba asesoramiento técnico, lo que en muchos casos se traduce en mejoras colaterales más allá del carácter de selección, habiendo observado, por ejemplo, una ligera disminución de 5,6 días por año en la edad al primer parto de la población estudiada, probablemente fruto de la pertenencia a programas de mejora por prolificidad y capacidad maternal.

Con todo esto, no se trata de recomendar una disminución drástica y generalizada de la edad al primer parto, sino más bien de hacer una reflexión y un análisis individualizado del momento óptimo y las estrategias de cubrición de las corderas acorde a las posibilidades de cada ganadería, teniendo en cuenta de manera general que tanto las estrategias más intensivas como las más extensivas son rentables siempre y cuando sean acordes a la productividad obtenida. Así, hay que tener en cuenta que, en Aragón, no es posible hablar de un único tipo de ganadería ovina, sino que cada explotación ovina es única en sí misma, reuniendo unas condiciones singulares debido a su ubicación (montaña, sistema de regadío, secano, mixto…), o a su ordenamiento reproductivo.

Personalmente creo que hay un amplio margen de mejora de este carácter, a través de la implementación individualizada de estrategias de manejo ampliamente conocidas y de la utilización a medio plazo de tecnologías innovadoras de tipo reproductivo y genético, pero en cualquiera de los casos, es imprescindible un trabajo reiterado de información, concienciación y acompañamiento al sector por parte de técnicos e investigadores.

Corderas de Rasa Aragonesa (Monegros, Huesca)