Carlos Sañudo Astiz
Departamento de Producción Animal y Ciencia de los Alimentos
 Facultad de Veterinaria - Universidad de Zaragoza
Instituto Agroalimentario de Aragón (IA2)

Colaboradora: Mari Mar Campo
Departamento de Producción Animal y Ciencia de los Alimentos
 Facultad de Veterinaria - Universidad de Zaragoza
Instituto Agroalimentario de Aragón (IA2)

El consumo de carne en general y de ovino en particular, sufre fuertes presiones en el mercado debido, bajo el punto de vista “alimento”, a la idea que existe de ser un producto con un contenido graso excesivo, por lo que se recomienda en ocasiones su supresión de la dieta cotidiana. Esta creencia ha llegado desvirtuada al consumidor, que opina que el consumo de carne es incompatible con una dieta equilibrada. Además, la carne sufre las presiones desde otros campos: animalistas, vegetarianos de distinto grado, diversas religiones y desde otros alimentos (las empresas que los producen) que tienen en la carne un competidor a sus propios intereses.

Con la entrada en vigor del Reglamento (CE) 1924/2006 y sus modificaciones posteriores se pueden estudiar las declaraciones nutricionales y saludables de un alimento y solicitar que aparezcan en su etiquetado, lo que supone un valor añadido para el mismo y, sobre todo, una ayuda para clarificar, informar y educar a los consumidores. En este contexto legal, es importante que cada país tenga sus propias tablas de composición de alimentos, en el caso de la carne para las distintas especies, tipos comerciales, razas, sistemas de producción, diversos cortes y músculos y modos de cocinado por, entre otras razones, las diferencias existentes entre los productos y costumbres regionales, evitando de esta manera generalizar y dar por buenas composiciones que NO son representativas de los productos locales, regionales o nacionales. En este campo de la carne no se puede generalizar. Por tanto, es obligada la actualización de los datos de referencia de forma constante y variada, juntando las posibles combinaciones de razas, tipos comerciales, sistemas de producción, cocinados, etc.

En base a todo ello, se ha hecho un estudio que queremos de forma breve presentar en este foro sobre la composición de la canal y de la carne de cabrito y cordero producido en España.

Para ello, se seleccionaron 4 canales uniformes para cada raza y tipo comercial: Cabrito lechal: Murciano-Granadina; Cordero Lechal: Churra y Castellana y Cordero ligero: Segureña, Merina, Rasa Aragonesa y Manchega. Corderos que fueron sacrificados en sus zonas de origen y seleccionados, en base a su representatividad  por los operadores de la zona. El estudio, realizado entre diversos equipos especialistas de Extremadura y Aragón, fue financiado por INTEROVIC (tomas@interovic.es).

De modo telegráfico las conclusiones nutricionales y de composición del mismo son las siguientes: [para más información pedir a INTEROVIC, Extremadura (asilvaro@unex.esfermin.lopez@juntaex.es) o Aragón (marimar@unizar.es)]:

- La composición de las canales y de la fracción comestible de los productos de pequeños rumiantes españoles muestra diferencias dependiendo del producto considerado.

- Existe una tendencia a un menor engrasamiento en los animales del presente estudio, en relación a trabajos anteriores.

- Derivado del estudio se ha podido comprobar cómo el balance entre ácidos grasos saturados y monoinsaturados que presentan estas carnes está bastante equilibrado, situación que tiene mucho que ver con las condiciones de alimentación y manejo actuales.

- Los niveles de colesterol obtenidos están entre un 4-15% más bajos que los indicados anteriormente en las tablas de composición.

- Las Declaraciones Nutricionales de la composición bromatológica y de minerales de los distintos cortes analizados nos señalan que la carne de los pequeños rumiantes en España puede ser considerada como:

          ALTO CONTENIDO en Proteína, P, Zn y vitaminas B6 y B12,

          FUENTE de K, Se y vitamina B3

          BAJO CONTENIDO en Na.

Luis Vicente Monteagudo Ibáñez
Departamento de Anatomía, Embriología y Genética Animal
 Facultad de Veterinaria - Universidad de Zaragoza
Instituto Agroalimentario de Aragón (IA2)

La aparición de diferentes problemas congénitos de diagnóstico muy difícil, a menudo desconocidos, en las explotaciones ovinas requiere ayuda especializada. Con frecuencia los  profesionales veterinarios requieren el apoyo de especialistas en genética animal para controlar estos procesos, que pueden causar notables pérdidas.

Figura 1: feto afectado de anasarca fetal, de 18 kg de peso.

Hace ya más de 18 años se nos refirió un caso de anasarca fetal que reunía características comunes a las de otras muchas situaciones vividas desde entonces. Parte de los fetos de una explotación a pesos alcanzaba pesos de hasta 18kg, incompatibles con el parto y con la supervivencia de la madre (figura 1). La incidencia fue aumentando progresivamente, y finalmente, un análisis de los datos y una serie de necropsias determinó que la carencia de ganglios linfáticos, heredada de forma mendeliana, autosómica recesiva, estaba en el origen del proceso. El diagnóstico de paternidad mediante marcadores de DNA de tipo microsatélite identificó a un semental concreto como padre de los fetos afectados. Se trataba del único morueco nacido en la misma explotación que se había incorporado a la reposición de machos. Las limitaciones presupuestarias impidieron la determinación exacta de la mutación causante del problema y por lo tanto su erradicación, pero sí se pudo detener la aparición de nuevos casos y las consiguientes pérdidas, al evitar que este macho siguiera cubriendo a ovejas emparentadas que también pudieran portar la misma mutación, con el riesgo de engendrar corderos homocigotos

Con el tiempo, en colaboración con veterinarios de campo y con servicios de la Facultad de Veterinaria de Zaragoza como el  Servicio de Clínica de Rumiantes, hemos abordado patologías ovinas muy diversas, desde anomalías del canal del cloro que causan parálisis miotónicas hasta alteraciones múltiples de la estructura esquelética (figura 2) o de la piel. Pero casi siempre hemos constatado la mayoría de las circunstancias que se daban en aquel primer caso:

Figura 2: paladar hendido típico de la artrogriposis múltiple congénita ovina

-Autorreposición continuada que ha llevado al incremento de consanguinidad y al aumento de individuos homocigotos para variantes defectuosas, generalmente de efecto recesivo, hijos de parejas compuestas por dos ejemplares heterocigotos, con una sola copia alterada. En el caso de disponerse de información genealógica, puede directamente verificarse el parentesco entre los progenitores de los afectados. En caso de no disponerse de esta información, la aplicación de microsatélites puede estimar el grado de identidad genética existente entre los progenitores, en general para confirmar que es relativamente elevada, comparada con la que se estimaría para emparejamientos aleatorios en el rebaño.

-Progresión en la prevalencia de los casos: uno o muy pocos casos en una primera temporada de partos, que van aumentando en frecuencia a medida que el morueco portador del alelo gana dominancia en el grupo  de machos, desplazando de las montas a los de más edad. El problema se agrava a medida que descendientes de ese morueco se incorporan a la reposición: cada vez más machos y hembras reproductoras serán portadoras de la mutación, y aumentará el riesgo de engendrar embriones homocigotos, que serán afectados.

-Limitación de los casos a una única ganadería: ni siquiera otras muy cercanas, que comparten numerosos condicionantes ambientales presentan el problema, lo que señala indirectamente a una causa hereditaria propia de la explotación afectada.

Ocasionalmente, gracias a la información disponible en las bases de datos sobre patologías hereditarias animales y humanas,  ha sido posible identificar genes candidatos a ser la causa del problema. La secuenciación de su DNA ha permitido conocer la mutación causante del problema: en tales circunstancias, y por motivos de coste, suele evitarse la incorporación de moruecos portadores en heterocigosis, reduciendo lentamente la frecuencia de la mutación, pero anulando inmediatamente la aparición de más corderos afectados.

Mayor dificultad ofrecen las patologías heredadas de forma poligénica: al no estar causadas por un único gen, es más difícil y costoso determinar sus causas genéticas. En el caso de patologías ovinas que afectan a un rebaño concreto, es muy difícil justificar la inversión que sería preciso para conseguirlo. En general, hemos comprobado como el incremento de alteraciones estructurales (por ejemplo prognatismo, defectos de aplomos) se asocia a incrementos de consanguinidad, que debe mantenerse bajo control.

El coste actual del análisis de microsatélites ovinos, en especial tras los contratos establecidos por la Federación Española de Ganado Selecto (FEAGAS) es relativamente reducido. De hecho se han convertido en una actividad rutinaria en el marco de los programas de selección y mejora genética y su realización en el caso de patologías hereditarias es perfectamente viable incluso en el caso del ganado ovino.

No tiene sentido esperar a tasas de mortalidad específicas para una causa de este tipo del  15% y hasta el 18% como los que con frecuencia nos hemos encontrado cuando se nos refieren los casos. Animamos a los ganaderos y a los profesionales veterinarios dedicados al ovino a solicitar ayuda especializada tan pronto como patologías poco comunes aparezcan. La metodología genética y epidemiológica aplicada permitirá en primer lugar confirmar la naturaleza hereditaria o no de los casos, permitiendo adoptar las medidas adecuadas para su control. Por ejemplo, en un reciente caso, pudimos determinar mediante el estudio de marcadores de DNA que unas extrañas y severas cojeras que afectaban al 10% de los corderos de una explotación no eran de origen hereditario. Por el contrario, en colaboración con patólogos de nuestra Facultad identificamos un error de manejo que había llevado a esa situación.

En el futuro, el abaratamiento de los análisis de Polimorfismos de Nucleótido Simple (SNP’s) permitirá enfoques mucho más directos de estas situaciones en el ganado ovino, como ya se efectúan en otras especies. Pero el estado actual de las técnicas permite ya un apoyo técnico de costes reducidos y de elevada eficacia: es imprescindible apoyarse en ellas.

Margalida Joy 
Unidad de Producción y Sanidad Animal
   Centro de Investigación y Tecnología Agroalimentaria de Aragón (CITA)
Instituto Agroalimentario de Aragón (IA2)

El sector ovino tiene una gran importancia en España, siendo el segundo productor europeo, después del Reino Unido. En España se produce mayoritariamente un cordero de cebo de tipo ligero que procede de razas autóctonas de pequeño formato. Gran parte de la alimentación de dichos corderos ligeros se basa en el consumo de leche materna (desde el nacimiento hasta 45-50 días), siendo prácticamente exclusivo en el cordero lechal (10-12 kg peso vivo, PV). El cordero ternasco (22-24 kg PV) se alimenta también de leche materna hasta el destete (45-50 días) y posteriormente pasa a cebadero con concentrado y paja (30-45 días). Actualmente, hay interés de reintroducir los forrajes en el sistema de alimentación del ovino para incrementar la autosuficiencia y la rentabilidad de la explotación, además de poder satisfacer la demanda de productos animales procedentes de sistemas productivos sostenibles y resilientes.

La carne de cordero procedente de animales con dietas forrajeras presenta claras ventajas para la salud humana, además de tener una mejor imagen para el consumidor. En los corderos ligeros, la alimentación de la oveja es clave para modificar la calidad de la carne del cordero lechal, mientras que su efecto sobre el cordero ternasco no es a priori tan evidente. En estudios previos realizados en este Centro, se ha observado un efecto residual de la inclusión de forraje en la dieta de la madre lactante sobre la calidad de la carne de cordero ligero.

Algunas leguminosas forrajeras, ampliamente distribuidas en áreas mediterráneas (esparceta, zulla, y lotus, entre otras), presentan taninos condensados (TC), los cuales tienen efectos beneficiosos como la prevención del timpanismo, la reducción de la producción de metano y amoníaco, la actividad antihelmíntica. También los TC influyen sobre la calidad de la leche y de la carne, ya que pueden afectar a la biohidrogenación de los ácidos grasos (AG) pudiendo mejorar el perfil de AG en la leche de las ovejas y en la carne de los corderos para la salud humana.

A su vez los TC también pueden mejorar la vida útil de la carne, retrasando la oxidación lipídica y la formación de metamioglobina en la carne. Estudios realizados en el CITA han mostrado que los corderos cuyas madres pastaban alfalfa o esparceta presentaron una mayor vida útil de su carne, entre 2 y 6 días, lo que se relaciona con la presencia natural de α-tocoferol en los forrajes verdes. Ello refleja la importancia de la dieta de la oveja durante la lactancia sobre la vida útil de la carne de cordero ligero, independientemente del destete y posterior cebo intensivo.

Actualmente hay interés en incrementar la vida útil de la carne, por lo que en algunas ocasiones se adicionan antioxidantes directamente en carne o indirectamente en la dieta del animal. Sin embargo, algunos estudios muestran que la carne de rumiantes alimentados con forrajes verdes presenta mejor estabilidad oxidativa que los alimentados con concentrados, debido a la mayor concentración de antioxidantes naturales. Teniendo en cuenta la actual preocupación para reducir el uso de conservantes sintéticos en los alimentos, los antioxidantes naturales, entre los que se encuentran la vitamina E (α-tocoferol), los carotenoides y algunos compuestos fenólicos como los TC, pueden representar una herramienta de futuro en la nutrición del cordero de cebo.

 

Carlos Calvete Margolles
Unidad de Producción y Sanidad Animal.
Centro de Investigación y Tecnología Agroalimentaria de Aragón (CITA)
Instituto Agroalimentario de Aragón (IA2)

Un valor añadido de la ganadería de pequeños rumiantes es su capacidad de generar actividad económica y riqueza en el medio rural, en donde desempeña un importante papel a la hora de fijar población en áreas deprimidas. Este aspecto es especialmente relevante en el caso de la ganadería de ovino de carne, ya que por sus características de producción puede desarrollarse en áreas especialmente pobres o faltas de otros recursos. Por este motivo, es crucial mejorar la rentabilidad de esta actividad, contribuyendo así a evitar la despoblación del medio rural y aumentar la calidad de vida de sus habitantes.

Una de las principales causas de pérdidas de rentabilidad en el ovino de carne son las patologías, y entre ellas destacan las parasitosis por nematodos gastrointestinales (NGI) debido a su elevada prevalencia e intensidad de parasitación y, sobre todo, porque suelen cursar de forma subclínica (sin síntomas aparentes), por lo que su efecto negativo en la rentabilidad de la explotación suele pasar desapercibido.

Tradicionalmente, la forma de controlar los NGI se ha basado en la administración de fármacos antihelmínticos en tratamientos de carácter estratégico, realizados de forma rutinaria, y en los que el fármaco se administra a todos los animales del rebaño, sin una valoración previa del nivel de parasitación, y en las épocas del año en las que se supone que la población parasitaria es mayor (normalmente en otoño y/o primavera). No obstante, este tipo de tratamientos se han venido realizando sin un sólido conocimiento sobre su eficacia para controlar las poblaciones de parásitos, salvo la reducción temporal de la carga parasitaria en el rebaño, ni de su impacto sobre la rentabilidad de las explotaciones. Este tipo de tratamientos, además, ha conllevando un problema aún mayor, como ha sido favorecer el desarrollo de resistencia a los antihelmínticos (RA) por parte de las poblaciones parasitarias. La aparición de la RA es un fenómeno global en las ganaderías de todo el mundo y su aumento puede llegar a implicar el abandono de la actividad ganadera en algunas áreas ante la imposibilidad de controlar los efectos negativos de las parasitosis por helmintos.

Como alternativa a estos tratamientos estratégicos, y sabiendo que la mejor manera de ralentizar el desarrollo de la RA es dejar parte de la población parasitaria en “refugio”, es decir no exponer a toda la población al efecto del antihelmíntico, durante la última década se ha desarrollado el concepto de tratamientos táctico-selectivos (TS), en los cuales se busca simultáneamente rentabilizar el control de los GNI y ralentizar el crecimiento de la RA. Este doble objetivo se persigue aplicando tratamientos anti-GNI sólo en los períodos productivos más sensibles del rebaño y administrando el antihelmíntico únicamente a aquellos animales que más se van a beneficiar del tratamiento.

Un correcto protocolo de desparasitación frente a nematodos gastro-intestinales puede suponer un interesante aumento en la productividad del rebaño.

No obstante, para implementar adecuadamente un protocolo de TS es necesario establecer criterios de decisión que sean sólidos, fáciles de estimar en campo y que permitan determinar cuándo y a qué animales se debe desparasitar, criterios que, tal y como se ha demostrado en investigaciones realizadas en los últimos años, pueden variar con la zona geográfica o el sistema productivo.

La implementación de tratamientos selectivos debe basarse en la condición corporal de las ovejas.

Por este motivo, desde el Centro de Investigación y Tecnología Agroalimentaria de Aragón (CITA), en colaboración con investigadores de la Universidad de Zaragoza, se ha llevado a cabo un proyecto de investigación (INIA RTA2013-00064-CO2) en el que se ha tratado de establecer criterios aplicables a esquemas ganaderos de ovino de carne de carácter semi-extensivo, al ser éstos mayoritarios en nuestro país, buscando no sólo como ralentizar la RA, sino también aumentar el peso del control de los GNIs en la rentabilidad de las explotaciones.  Para ello se ha partido de la premisa de que los períodos previos a la cubrición y al parto son momentos cruciales para la productividad de los rebaños y de que ambos períodos son muy sensibles al efecto negativo de los GNIs, ya que el detrimento que éstos causan en la capacidad de las ovejas (aparentemente sanas) de aprovechar de forma óptima los nutrientes, suele implicar la reducción de parámetros productivos tan importantes como la fertilidad, prolificidad, supervivencia de los corderos o su crecimiento, entre otros.

Los resultados obtenidos indican que, además de los necesarios y rutinarios análisis coprológicos para valorar la naturaleza e intensidad de la parasitación, la implementación de tratamientos TS básicamente debe pivotar sobre la realización de tratamientos anti-GNI 6 semanas antes del inicio de las cubriciones y del inicio de los partos, pero administrando el antihelmíntico únicamente a aquellas ovejas con una condición corporal (CC) baja. De manera general la CC se estima mediante palpación de la zona lumbar del animal (lo que facilita su estimación en campo), puntuando su conformación en un rango de valores que va del 1 (flaca) al 5 (obesa) siguiendo una escala estándar internacionalmente aceptada.  De forma generalizada, los resultados obtenidos indican que la desparasitación 6 semanas antes de la cubrición de aquellas ovejas con una CC por debajo de 3, aumenta hasta un 11% la fertilidad aparente (ovejas que llegan a término de gestación). Teniendo en cuenta que este tipo de ovejas puede constituir perfectamente el 50% del total, ello implica que su desparasitación puede llegar a incrementar un 5-6% la fertilidad aparente de todo el rebaño, algo nada desdeñable. Algo similar ocurre en el período previo al inicio de los partos, ya que la desparasitación de las ovejas con una CC inferior a 3 supone un mayor peso de los corderos al nacimiento, así como una menor mortalidad y una mayor ganancia media diaria de éstos durante la lactación.

En contraposición, la desparasitación de las ovejas con mejor CC no parece conllevar ningún aumento de la fertilidad y sólo una mejoría marginal de los parámetros productivos en parto y lactación, por lo que estos animales se deben dejar sin desparasitar (ahorrando costes) con el fin de mantener una parte de la población parasitaria en “refugio”, la cual servirá para diluir los genes asociados a la RA que son seleccionados después de cada tratamiento realizado en un rebaño.  Es decir, al dejar estos animales sin tratar se está ralentizando el desarrollo de la RA.

Combinando el incremento de la productividad subsecuente a la instauración de tratamientos anti-GNI en ambos períodos (pre-cubrición y pre-parto) con la capacidad de ralentizar la RA, parece claro las enormes ventajas que los TS pueden tener en comparación a los tratamientos estratégicos tradicionales, por lo que se considera necesaria su implantación en las explotaciones a corto y medio plazo.

Belén Lahoz Crespo
Unidad de Producción y Sanidad Animal 
   Centro de Investigación y Tecnología Agroalimentaria de Aragón (CITA)
Instituto Agroalimentario de Aragón (IA2)

En el contexto actual en el que se encuentra el sector ovino, sumido en una crisis multifactorial desde hace años, es imprescindible identificar aquellos factores que más puedan influir en su sostenibilidad para poder abordarlos con éxito. En este sentido, de entre los múltiples que existen, hablaremos de la edad al primer parto de las corderas, por su amplio margen de mejora y su innegable impacto sobre la sostenibilidad económica, que es la que en muchos casos determina que un ganadero continúe o no con su actividad, más allá de la sostenibilidad social o medioambiental que también exigen actuaciones urgentes, pero a otros niveles.  

Tras haber analizado los datos de más de 300 ganaderías de Rasa Aragonesa durante el periodo 1997-2013, se ha constatado que la edad media actual del primer parto se sitúa en 19,8 meses. Resultados muy similares se han encontrado en las razas Roya Bilbilitana, Maellana y Cartera, con edades medias al primer parto comprendidas entre los 21 y 22 meses. Si se tiene en cuenta que la pubertad en estas razas se alcanza en torno a los 7-8 meses, sería esperable un primer parto a una edad mucho menor, en torno a los 13-14 meses, siempre y cuando concurran circunstancias favorables para la cubrición, como un adecuado peso del animal, un buen manejo o realizarla durante la estación sexual favorable, que iría de septiembre a enero. Más allá del dato medio, especial atención merece la gran variación que se observa en la edad media al primer parto entre ganaderías, con valores que van desde los 14,4 a los 28,3 meses (Figura 1). Si se tiene en cuenta que la edad al primer parto no es un criterio que se haya incluido en los esquemas de selección, estas variaciones se deben casi exclusivamente a diferencias de manejo, y muestran que el potencial genético de la raza no es un limitante a la hora de reducir estas cifras.

Figura 1. Edad media al primer parto en ganaderías de Rasa Aragonesa (periodo 1997-2013)

Los estudios técnico-económicos cuantifican en 193,95 euros el coste de una cordera que no pare antes de los 24 meses, y otros estudios en esta misma raza han demostrado que adelantar la edad al primer parto no afecta negativamente a la vida productiva adulta del animal, sino todo lo contrario, de manera que se estaría perdiendo hasta un parto a lo largo de la vida en las corderas de primer parto tardío.

Para mejorar significativamente este carácter, bastaría con aplicar correctamente una serie de estrategias de manejo ampliamente conocidas, como que las corderas lleguen a la cubrición con un mínimo de 2/3 de su peso adulto, que se pongan a cubrir separadas de las adultas, que se utilice un mínimo de un 5% de machos viables experimentados, o que se tenga en cuenta, al tratarse de una raza moderadamente estacional, la relación entre la época de la que proviene la reposición y la de puesta en cubrición, favoreciendo la selección de las corderas nacidas de otoño-invierno. Otras estrategias pueden incluir la realización de efecto macho, la utilización de tratamientos hormonales, si bien se encuentran en declive ante la previsible limitación de su uso en Europa, o el uso de la ecografía para el diagnóstico de gestación, especialmente interesante para identificar las corderas que quedan vacías y tomar medidas a tiempo ante una próxima cubrición que coincidiría con el periodo de anestro reproductivo. Más allá de las estrategias de manejo, en lo que se refiere a investigación, en los últimos años, se están desarrollando algunos trabajos innovadores para identificar marcadores, tanto de tipo genético como endocrino, que permitan a medio plazo realizar la selección de los animales reproductivamente más precoces y eficientes.

¿Por qué entonces no se ha mejorado este parámetro a lo largo de los últimos años?

En ovino de carne, en Aragón y en España en general, se ha hecho un gran trabajo en las últimas décadas para mejorar la prolificidad, y últimamente la capacidad maternal, pero la edad al primer parto ha quedado relegada a un segundo o tercer plano. Por un lado, se trata de un carácter con una heredabilidad muy baja, y, por tanto, que no se suele incluir en los programas de mejora genética, y por otro, existe una creencia, no siempre fundada, de que las corderas que tienen un primer parto temprano van a ver perjudicada su vida reproductiva adulta. En muchos casos, la disposición o no por parte del ganadero de recursos alimenticios propios le lleva a retrasar más de los deseado esta cubrición. Por otro lado, muchas veces el propio ganadero no es consciente de que un manejo poco apropiado durante la cubrición de las corderas se traduce en largos periodos improductivos, y la mejor forma de verlo es identificar a los animales vacíos y registrar los datos para poder cuantificarlos. Así, por ejemplo, se ha demostrado que el hecho de pertenecer a un programa de mejora hace que el ganadero lleve un control de producciones y reciba asesoramiento técnico, lo que en muchos casos se traduce en mejoras colaterales más allá del carácter de selección, habiendo observado, por ejemplo, una ligera disminución de 5,6 días por año en la edad al primer parto de la población estudiada, probablemente fruto de la pertenencia a programas de mejora por prolificidad y capacidad maternal.

Con todo esto, no se trata de recomendar una disminución drástica y generalizada de la edad al primer parto, sino más bien de hacer una reflexión y un análisis individualizado del momento óptimo y las estrategias de cubrición de las corderas acorde a las posibilidades de cada ganadería, teniendo en cuenta de manera general que tanto las estrategias más intensivas como las más extensivas son rentables siempre y cuando sean acordes a la productividad obtenida. Así, hay que tener en cuenta que, en Aragón, no es posible hablar de un único tipo de ganadería ovina, sino que cada explotación ovina es única en sí misma, reuniendo unas condiciones singulares debido a su ubicación (montaña, sistema de regadío, secano, mixto…), o a su ordenamiento reproductivo.

Personalmente creo que hay un amplio margen de mejora de este carácter, a través de la implementación individualizada de estrategias de manejo ampliamente conocidas y de la utilización a medio plazo de tecnologías innovadoras de tipo reproductivo y genético, pero en cualquiera de los casos, es imprescindible un trabajo reiterado de información, concienciación y acompañamiento al sector por parte de técnicos e investigadores.

Corderas de Rasa Aragonesa (Monegros, Huesca)

José Folch Pera
Unidad de Producción y Sanidad Animal
   Centro de Investigación y Tecnología Agroalimentaria de Aragón (CITA)
jfolch@cita-aragon.es

Colaborador: Enrique Fantova Puyalto
Departamento Genética y Producción Vegetal
   Oviaragón-Grupo Pastores
enrique@oviaragon.com

Recientemente, un Grupo de especialistas en ovino de Aragón y Navarra, realizamos una visista a la vertiente francesa del Pirineo Central. El objetivo era conocer de primera mano como encaran los ganaderos el declive de la producción extensiva de ovino de carne y la falta de relevo generacional. Nos manifestaron su incapacidad de encontrar soluciones, porque, en realidad no sabían que es lo que la Sociedad espera de ellos: ¿Deben ser empresas productoras de carne ovina? ¿O lo que se necesita son animales que pastoreen para mantener el medio natural? En este caso, ¿como compaginar una actividad ganadera de pastoreo extensivo en un contexto en que se protege la presencia de depredadores, como osos o lobos?

La situación del ovino de carne en Aragón, no es muy diferente. En las Zonas llanas se ha implantado con éxito el pastoreo permanente en cercados eléctricos, como alternativa a la progresiva desaparición de los pastores tradicionales. Este manejo ha tenido una gran aceptación y está animando a muchos jóvenes a incorporarse al sector. Por otro lado, es el manejo ideal para los animales, ya que pueden autorregular su alimentación según sus necesidades. En áreas abandonadas y en los puertos de montaña, el pastoreo es extensivo. Esta actividad está limitada por la falta de personal para hacer pastoreo conducido, pero se mantiene con la ayuda del GPS, entre otras técnicas...

En ambos casos, el ganado ovino es una alternativa importante para mantener la actividad económica en las zonas rurales más desfavorecidas, ayudando a frenar la despoblación, y para evitar la degradación de los montes y los incendios, gracias al pastoreo. Es algo unánimemente aceptado. Pero, al mismo tiempo, una pequeña parte de la Sociedad presiona para que se proteja la presencia de especies que son depredadoras para las ovejas, como osos y lobos y que habían desaparecido hace decenios. Al tratarse de especies protegidas, la Administración atiende a estas demandas con leyes que penalizan la eliminación de estos animales. Como medida compensatoria, ante un ataque de osos o lobos, los ganaderos reciben una indemnización económica por cada oveja muerta. ¿Pero no se valoran los efectos colaterales como abortos, trastornos reproductivos, heridas, pérdidas de producción etc.? Y ¿como se compensa la angustia diaria del ganadero que sabe que, mientras él está durmiendo, su rebaño puede estar sufriendo un ataque?  Y, en todo caso, ¿porque tenemos que pagar los ciudadanos por algo innecesario que solo sirve para contentar a una minoría exigua?

Un cercado de ovejas después de un ataque de depredadores ofrece un espectáculo dantesco Hay ovejas muertas, otras agonizantes o con heridas espeluznantes. Algunas ovejas mueren asfixiadas por su tendencia a apelotonarse ante el pánico. Te preguntas como puede haber personas insensibles al sufrimiento de estos animales pacíficos y que, por el contrario, exigen la protección de los lobos. Quizás la respuesta se encuentre en un reciente artículo de Carmen Pérez-Lanzac (El País, 17 de marzo). En realidad, algunos “animalistas” son contrarios a que los animales domésticos sean criados para obtener de ellos productos destinados al consumo humano. Por tanto, según ellos, lo que debería desaparecer no son los depredadores, sino la ganadería. Algunos van más allá: Lo que debería eliminarse es el consumo de carne de la dieta humana.

Las ovejas mantenidas en pastoreo no pueden coexistir con lobos y osos.  Habría que aplicar medidas carísimas y poco realizables, como la construcción de cercados con valla cinegética, presupuestar compensaciones “reales” para los ganaderos, establecer servicios de vigilancia permanente… Es intentar cuadrar el círculo. Encerrar por la noche a las ovejas en apriscos seguros no es una alternativa ya que, a menudo, las zonas de pastoreo están alejadas de viviendas y apriscos. Además, este manejo originaría un sobrecoste de alimentación en el aprisco ya que los animales comen preferentemente al caer la noche y al amanecer.

En Francia el lobo reapareció en 1992 procedente de Italia. La población ha ido aumentando y expandiéndose y, en 2018, ya se registraron ataques de lobos a rebaños a 150 km de París, en zona cerealista. En el Valle del Ebro la presencia de lobos es escasa todavía y es debida a individuos aislados. Administración y ganaderos deberían acordar medidas para anticiparse a su implantación y expansión, antes de que formen manadas que colonicen el territorio de las zonas limítrofes. Por ello es tan importante en este momento la captura de los pocos ejemplares existentes.

La sociedad exige consumir productos obtenidos por métodos naturales y que respeten el bienestar de los animales. Con pastoreo permanente, ya sea libre o en cercados, este objetivo se cumple totalmente. Pero esta actividad tiene poco futuro si se ve bajo la amenaza permanente de los ataques de depredadores como el lobo. 

La Sociedad debe decidir: ¿qué quiere que hagan los ganaderos de ovino de carne?