Ernesto Igartua Arregui / 
Investigador Científico,
Estación Experimental de Aula Dei, CSIC, Zaragoza 

Si somos lo que comemos, ¿de qué estamos hechos? A nadie le sorprenderá saber que los cereales son una parte importante de nuestra dieta. Según la FAO, casi la mitad de las calorías que ingerimos viene directamente de los cereales (indirectamente, a través de los piensos, aún más). Esta cifra es algo inferior (un 30%) en los países desarrollados, como España, y algo superior en los países en desarrollo. Todos sabemos que los cereales son importantes, pero estas cifras no dejan de sorprender. Se podría decir que las sociedades actuales son “adictas” a los cereales. Sin entrar a juzgar si esta adicción es buena o mala, el hecho incontestable es que son el puntal esencial de la seguridad alimentaria.

La presencia de los cereales en la agricultura española es más que respetable, como demuestran estas otras cifras: de todo el territorio español (504.000 km), un sorprendente 12,5% (18% en Aragón) está ocupado, cada año, por cultivos de cereales. De toda la superficie dedicada a producir cultivos, el 37% está sembrado con cereales (el 50% en Aragón), hasta el punto de ser el factor dominante de los paisajes de buena parte de la España interior. Es una “despensa” enorme, aunque insuficiente. España es deficitaria en cereales, con una balanza comercial negativa (y creciente) de unos 9-10 millones de toneladas por año durante este siglo, así que no podemos descuidar su producción. Sin dar más cifras, es fácil intuir que la importancia económica es también de primera magnitud. Así que, tanto desde el punto social (seguridad alimentaria, fijación de población), como del económico y medioambiental, la producción de cereales afecta a los tres pilares básicos de la sostenibilidad. Más nos vale cuidar y atender con mimo a estos recursos, absolutamente estratégicos.

¿Qué ha hecho la investigación por los cereales? Las variedades que consumimos ahora tienen poco que ver con las que se cultivaban hace 50 o 100 años. En especial, porque son mucho más productivas, gracias a la investigación. La tasa de incremento de la productividad en los cereales va de los 20 a los 200 kg de incremento por hectárea y ¡por año¡, en los sistemas en los que se ha evaluado con detalle. Esos incrementos son atribuibles en similar medida a la mejora genética y a la mejora de factores agronómicos. Si queremos seguir comiendo en un mundo con mayor población y sin tierras de cultivo adicionales, tenemos que plantearnos estrategias para seguir aumentando la productividad, persiguiendo lo que se ha dado en llamar la “intensificación sostenible”.

¿Se presta suficiente atención a la investigación en cereales en España? Respuesta rápida: no, como ocurre en todos los campos de la investigación española. Sin embargo, incluso en la penuria en la que nos movemos, los cereales parecen especialmente marginados. Sin salir de la agricultura, hay otras especies más llamativas, hortícolas y frutales, que atraen más la inversión y el interés del público. No se me entienda mal, no sugiero que se invierta menos en esos cultivos, pero los humildes cereales no reciben en nuestro país la atención que merecen como pilares de la alimentación.

No todo es negativo. Hay algunos motivos para el optimismo. En España hay investigación pública relevante a nivel internacional en los distintos cereales, con algunos “primeros espadas” y una “clase media” muy digna. Hay también un sector empresarial, tanto de pymes como de grandes empresas, que empieza a comprender los beneficios de la investigación y del desarrollo de productos propios. Otra buena noticia: disponemos de algunas herramientas únicas para ello. En España tenemos la gran suerte de contar con una riqueza de diversidad genética de cultivos como el trigo, la cebada o la avena, mayor que en el resto de países europeos. Además, aún se ha usado relativamente poco para obtener variedades mejoradas. Esta diversidad es un cofre del tesoro genético aguardando a ser descubierto y explotado, con la inapreciable ayuda de los avances de la biología moderna.

¿En qué más tenemos que poner nuestros esfuerzos e inversiones? Las conclusiones de una reciente acción de prospectiva impulsada por el INIA se publicaron en Vida Rural (01-05-2015). En ellas se reflejaron las preocupaciones de los sectores público y privado involucrados en la I+D+i en cereales en España. Se destacaron como principales áreas de actuación: el fomento de la transferencia de resultados al sector privado; el aumento de la productividad y de la resiliencia de los cultivos y agroecosistemas; el desarrollo de una agricultura eficiente en el uso del agua; el control de los estreses bióticos, enfermedades, plagas y malas hierbas; el ya mencionado uso de la diversidad genética local en la mejora; el aumento de la calidad del material vegetal de propagación; el incremento de la calidad de los cereales y de sus productos derivados; el fomento de una fertilización adecuada, precisa y sostenible de los cultivos de cereales; el uso de técnicas de laboreo, rotaciones de cultivos y agricultura de precisión adaptadas a los cereales; el estudio del efecto de los cereales sobre la salud; y las evaluaciones de los efectos de la PAC y otras políticas agroambientales. Así que sabemos lo que hay que hacer y hay gente que sabe cómo llevarlo a cabo. Hay que impulsar foros de comunicación y cooperación, como RICA, dotar de capital humano y económico a las actuaciones estratégicas y esperar a los resultados. Nuestra comida depende de ello.

Avda Montañana 1005, 50059-Zaragoza

 

Miguel Gutiérrez López/
Unidad de Cultivos Herbáceos
Centro de Transferencia Agroalimentaria (CTA)

El día 30 de mayo del presente año se celebró en Zuera lo que fue la Jornada Técnica de Transferencia en cereal de invierno, bajo el lema “Semillas de Aragón, calidad e innovación”, una jornada que congregó a más de 600 personas relacionadas con el sector productor, semillista, sector cooperativo, técnicos y profesionales relacionados., comunicadores agrarios.

Una de las actividades más reconocidas en el sector cerealista, ejecutado por el mismo Departamento de Desarrollo Rural y Sostenibilidad desde hace más de tres décadas está relacionada con uno de los factores de producción más importantes en el éxito de las explotaciones agrarias y por lo tanto determinante en los resultados finales, la semilla.

Desde las administraciones públicas se lleva trabajando desde entonces en la defensa de los intereses de los agricultores, el control de las empresas, garantizando el funcionamiento del sistema de certificación, la promoción de semilla certificada como fuente de innovación y de calidad para las explotaciones.

Si esto es en si mismo imprescindible para el buen funcionamiento del sistema no lo es menos la puesta en valor de la experimentación en campo de los resultados que se obtienen, de la evaluación agronómica y de la calidad de las nuevas variedades y especies en todas las zonas aragonesas de experimentación, creando una red de trabajo amplia que permita poder orientar al productor y a las empresas adecuadamente.

En los últimos 5 años en Aragón, la producción de semilla certificada se ha duplicado y ha pasado de 40 millones de kg en 2013 a unos 73 millones de kilos en el año 2017, un aumento de un 182 % en volumen, estimándose una tasa de utilización de semilla certificada con respecto a otros orígenes de más del 40%.

Esto tiene un importante impacto económico en un buen número de empresas muy ligadas al territorio, la introducción de tecnología e innovación en las explotaciones agrarias aragonesas, la garantía del doble control ejercido por parte de las empresas y de los organismos públicos de control, la transferencia de los conocimientos y de la experimentación en campo de la tecnología adquirida por las empresas y la participación publico-privada en el propio Proyecto de trabajo.

Que Aragón sea la primera Comunidad Autónoma líder en certificación y volumen de semilla certificada es la clara consecuencia del trabajo bien hecho y dirigido desde los Centros técnicos de la Administración, Centro de Sanidad y Certificación Vegetal (CSCV) y Centro de Transferencia Agroalimentaria (CTA), que están sabiendo comunicar y participar al propio sector cerealista todos estos avances tecnológicos. Y la experimentación en campo a través de las redes de trabajo establecidas en nuestra Comunidad Autónoma es el espejo territorial que muestra en las principales comarcas los avances y experiencias que se están llevando a cabo, no pueden vivir una sin la otra.

Este es un modelo que ha tenido que adaptarse continuamente a lo largo de los años por la pérdida de peso e interés dentro de la propia Administración y que ha tenido que establecer nexos de unión con redes de trabajo nacionales participadas también por empresas del sector para poder mantener esta línea de trabajo.

El modelo participativo en Aragón, elegido para poder transferir los resultados de la experimentación en cereal de invierno, se lleva a cabo a través del grupo GENVCE (Grupo para la Evaluación de Nuevas Variedades de Cultivos Extensivos en España), grupo técnico de trabajo integrado por los responsables de la realización de las diferentes redes de experimentación de variedades de cada comunidad autónoma y por técnicos de la Oficina Española de Variedades Vegetales del Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación y del Instituto Nacional de Investigación y Tecnología Agraria y Alimentaria.

En la actualidad trabajan dentro de GENVCE 11 Organismos Autónomos, 29 empresas de semillas e industrias del sector agroalimentario.

Este modelo de Transferencia público – privado, tutorizado, coordinado e impulsado en Aragón por el Centro de Transferencia Agroalimentaria del Departamento de Desarrollo Rural y Sostenibilidad, cuyos resultados se participan anualmente al sector en forma de informaciones técnicas y jornadas de transferencia, es un valor creemos a conservar y mejorar en nuestra comunidad autónoma en un momento especialmente delicado y que se mantiene por la experiencia transferida a lo largo de los años, por la relación con el propio sector cooperativo y fundamentalmente por la creencia de que se debe de vincular la experimentación a un modelo real de transferencia al sector agroalimentario.

Las nuevas herramientas de transferencia de conocimientos, asesoramiento y cooperación contempladas en el Programa de Desarrollo Rural de Aragón deben de dar respuesta a todas las inquietudes que el sector agroalimentario aragonés pueda plantear, pero más aún en el sector de cultivos herbáceos extensivos que representa el 61,5 % de la superficie total cultivada en nuestra región, un sector que está integrado por pequeños y grandes productores que comparten problemáticas y retos comunes, como evaluar el comportamiento de nuevos cultivos, desarrollar nuevos productos para consumidores con necesidades especiales, desarrollar prácticas para una agricultura sostenible y mejorar la gestión económica de las explotaciones.

Existe una oportunidad real de estructurar una red común de trabajo que integre a toda la cadena de valor de la producción de cultivos extensivos para trabajar de una manera coordinada y eficiente, pero que debe de ser impulsada, coordinada y controlada en todos sus aspectos tanto técnicos como administrativos por el Departamento de Desarrollo Rural y Sostenibidad.

Centro de Investigación y Tecnología Agroalimentaria de Aragón

Emilio Betrán Escartín
Centro de Sanidad y Certificacion Vegetal
Gobierno de Aragón

Tras los calores estivales y con la llegada de los primeros fríos, en buena parte de Aragón se multiplica la actividad para poder atender el momento de la siembra. Sin duda un momento único, en el que se depositan buena parte de las expectativas del año, que permite introducir en nuestra explotación innovación de una forma asequible y de la que podremos obtener una gran rentabilidad.

Los avances experimentados en la agricultura y especialmente en la producción de cultivos extensivos durante el siglo XX han sido determinantes. Se han logrado mejoras en la resistencia a plagas y enfermedades, en la tolerancia a todo tipo de estreses abióticos, todo ello gracias en gran parte a la mejora genética, que ha sido capaz de producir un vasto número de variedades que han contribuido a aumentar los rendimientos y dar una mayor estabilidad a las cosechas. Es cierto que otros factores de producción, como la mejora en la fertilización y la mecanización, también han contribuido a este incremento, pero sin duda la mayor parte de este salto cualitativo y cuantitativo (hasta el 50 % según la FAO) se debe a la puesta a disposición de los agricultores de variedades mejoradas que han permitido incrementar estos rendimientos hasta cifras nunca vistas.

Esto se puede constatar si analizamos las series históricas de los datos de producciones de cereales en Aragón, en las que se observa que las producciones se han duplicado en secano y se han cuadruplicado en el regadío desde el comienzo del siglo XX. (Fuente: Gobierno de Aragón).

A pesar del avance vivido en las últimas décadas, Aragón sigue siendo deficitaria en la producción de cereales, ya que es necesario abastecer por un lado a una cabaña ganadera de más de 10 millones de cabezas, en constante crecimiento y, por otro lado, a la pujante agroindustria que transforma estos cereales en otros muchos productos habituales en nuestra dieta (harinas, sémolas, etc.), obligando, por tanto, a importar cereales por valor de cientos de millones de euros cada año.

Las fuertes oscilaciones que tienen las producciones en Aragón tampoco ayudan a garantizar este abastecimiento. Las cosechas se encuentran fuertemente condicionadas por la climatología, circunstancia que se acentúa especialmente en las zonas de secano que dominan buena parte del territorio. De las 770.000 ha que se siembran anualmente con cereales en Aragón, la superficie de secano representa el 85% y su producción no llega al 75 % del total, por lo que se pueden alternar años de cosechas históricas como la del año 2013, con otros en las que las producciones se reducen hasta un tercio, limitando mucho la rentabilidad de estas zonas de secano.

Tenemos, por otro lado, unas zonas regables con unos rendimientos más estables y gran potencial de producción, en las que existe ya una apuesta clara por introducir variedades altamente productivas con las que se están obteniendo muy buenos resultados, pero donde están apareciendo nuevos problemas de manejo, sanitarios, etc., que muchas veces están relacionados con los condicionantes que presentan estas nuevas variedades. 

Por ello, sigue siendo imprescindible continuar y potenciar los programas de mejora genética, que mejoren el potencial de las nuevas variedades, su resistencia a enfermedades y que, además, estas sean capaces de adaptarse y mejorar los rendimientos en nuestras condiciones de producción, tanto en las zonas de potencial medio y alto como en las zonas más áridas. Se debe seguir realizando un esfuerzo en la evaluación del potencial de estas nuevas variedades en nuestras condiciones y, además, esta información debe llegar transferida al agricultor, exponiendo claramente los condicionantes de cada una de estas variedades (ciclos más adecuados, sensibilidad a enfermedades, etc.). En este sentido, deben jugar un papel fundamental, además de las empresas, cuyo interés comercial en la introducción de nuevo material está fuera de toda duda, los organismos públicos.En el caso del Gobierno de Aragón, tanto el Centro de Sanidad y Certificación Vegetal como el Centro de Transferencia Agroalimentaria llevan años trabajando en esta línea que resulta imprescindible continuar.

Sin duda, uno de los retos actuales y futuros de las explotaciones cerealistas es la mejora de su rentabilidad. Esto pasa por la reducción de gastos en insumos (labores, uso del agua, fertilización, control de plagas y enfermedades) y, por otro lado, maximizar las producciones, que requiere de la elección de una semilla de calidad y con potencial genético suficiente que permita adaptarla a nuestras condiciones de producción.

Para ello, contamos con un importante aliado: la semilla certificada. Las variedades que se comercializan son fruto de programas de mejora que han sido testados en nuestras condiciones, y su empleo es una de las formas principales de introducir tecnología e innovación en nuestra explotación. Con su utilización, contribuimos a que los programas de mejora sigan avanzando para poder lograr este objetivo.

¿QUÉ OPCIONES TENEMOS EN EL MOMENTO DE LA SIEMBRA?

Se estima que en Aragón son necesarias unas 145.000 t al año para la realización de las siembras. En estas se incluyen tanto la semilla certificada, el grano acondicionado, así como la semilla de otros orígenes, entre ellas el grano que el agricultor reemplea de su propia explotación sin pasar por un sistema de acondicionamiento.

Optar por una u otra es una decisión empresarial, pero se deben conocer las diferencias que existen entre una u otra para poder tomar la mejor decisión como empresarios, porque no todo es lo mismo. A continuación se dan algunas indicaciones sobre cada una de ellas.

En el caso de la se trata de un producto estandarizado que se produce y comercializa con arreglo a unos parámetros mínimos establecidos para cada una de las categorías en los reglamentos técnicos. Esta responde con toda garantía a una serie de parámetros, controlados por las empresas productoras y también por la Administración (existe un doble control). Este sistema de controles es continuo y comprende desde la presentación de las declaraciones de cultivo, los controles durante la producción del cultivo, hasta el precintado y certificación de la semilla en sacos. Además, existe un control a posteriori de los lotes certificados, que se realiza en el denominado Postcontrol, en el que estos lotes se siembran en microparcelas para comprobar que no existen mezclas varietales (imposibles de controlar de otra forma), así como la ausencia de enfermedades trasmisibles por la semilla. Un ejemplo de este trabajo que se realiza en los postcontroles se pudo observar el pasado 30 de mayo en la Jornada celebrada en Zuera, en la que se pudieron visitar los más de 2.500 lotes que se siembran para realizar este estudio. Un trabajo desconocido, pero fundamental dentro del sistema de certificación.

Al final, lo que se debe garantizar es que el agricultor encuentre en el mercado sea un producto con unas características mínimas de germinación, pureza específica y varietal, ausencia de enfermedades transmisibles por semilla, etc., y todo esto bajo el control y certificación de un organismo oficial. No está nada mal, ¿verdad?

Gracias a todos estos controles que se realizan durante todo el ciclo de producción, se puede decir que la producción de semilla certificada es uno de los procesos agroindustriales en los que más controles se realizan y que sin duda tratan de aportar  una garantía total al consumidor, en este caso el agricultor, que se debe aprovechar de un sistema garantista y todavía público de certificación.   

Por supuesto, existen, como hemos comentado, otras fuentes de suministro para la siembra. En el caso del consiste en volver a sembrar directamente la cosecha obtenida por el agricultor en SU PROPIA EXPLOTACIÓN, mientras que el debe ser procesado en centros autorizados que realizan la limpieza, selección y/o tratamiento con productos fitosanitarios. Debe quedar claro que no es posible ningún tipo de compraventa de este grano acondicionado, y que, si se realiza, se trata de una actividad ilegal.

También es necesario aclarar que la normativa señala de forma clara que el agricultor tiene DERECHO a utilizar el producto de su propia cosecha para siembras propias en su explotación, incluso si se trata de variedades protegidas (artículo 14 de la ley 3/2000), aunque en este caso deberá pagar una remuneración al obtentor. Por lo tanto, es totalmente lícito, pero se debe realizar de forma correcta, aportando el origen y el destino de las partidas a acondicionar, registrando esta información y declarando correctamente las variedades que se desean acondicionar. En el caso de variedades protegidas, se deberá pagar al obtentor por la utilización de una variedad que está sujeta a la protección de sus derechos. El acondicionamiento es, por lo tanto, una actividad regulada, que se encuentra controlada por la administración y también por los obtentores vegetales que defienden los derechos relacionados con la protección vegetal (royalties).

Luis Cistué Solá
Estación Experimental de Aula Dei - Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC)

La cebada y el trigo son dos de los cultivos más importantes de España, sobre todo si atendemos al número de hectáreas sembradas. Según el anuario de estadística agraria, en 2016 la cebada ocupó una superficie de 2.563.195 ha de las cuales, 434.598 ha se encontraban en Aragón, mientras que el trigo era sembrado en 2.256.848 ha siendo 277.860 ha las correspondientes a Aragón. Debido a la gran capacidad de adaptación a distintos climas y suelos, lo dos cereales se encuentran sembrados en toda la geografía del Valle del Ebro.

Gran parte de la semilla certificada utilizada por los agricultores procede de empresas multinacionales que disponen de los medios económicos y materiales necesarios para desarrollar una mejora vegetal avanzada. Por poner dos ejemplos, las tres variedades de cebada con mayor número de kilos de semilla certificada vendida en 2016 son: Hispanic (1), Meseta (2) y Pewter (3). Las dos primeras proceden de Florimond Desprez (registro Francia 1993, 2006) y la tercera de New Farm Crops (GB, registro Francia 2002). En cuanto al trigo duro, las cuatro variedades más sembradas en Aragón en 2016 fueron Amilcar, Athoris, Sculptur y Claudio. La primera y la cuarta derivan de Monsanto (2000 y 1998), la segunda de Limagrain (2011) y la tercera de RAGT 2N SAS (2011).

Actualmente, las antiguas variedades poco productivas están siendo sustituidas por variedades modernas que han sido mejoradas en cuanto a su comportamiento ante el estrés biótico y abiótico. En el caso de los cultivos de secano, dicha mejora permite mantener líneas de producción estable, incluso frente a posibles adversidades climatológicas como las heladas y la sequía extrema. En cultivos de regadío, permite aumentar la producción con un menor coste.

A pesar de la importancia que tiene para España disponer de dichas variedades mejoradas, gran parte del trabajo de mejora es llevado a cabo por compañías extranjeras, cuyas variedades han sido obtenidas para condiciones climatológicas diferentes a las de España. Evidentemente, las empresas multinacionales realizan ensayos de campo de sus líneas en España, pero los parentales cruzados para obtener dichas líneas, normalmente, proceden del país donde está ubicado el centro de producción.

Una manera de conseguir nuevas variedades es mediante la colaboración entre centros de investigación y empresas de semillas. El centro de investigación aporta el conocimiento y los avances tecnológicos necesarios y la empresa, las semillas que puedan ser de interés para el agricultor. Esta colaboración ha permitido registrar nuevas variedades y liberar muchas de ellas al mercado. Desafortunadamente, su vida media en el mercado es muy corta ya que vuelven a salir nuevas variedades con mejores características que rápidamente sustituyen a las anteriores. El planteamiento de un objetivo de mejora a largo plazo requiere que exista una alta variabilidad genética (Fig. 1), que pueda ser fácilmente conseguida y con métodos que acorten el tiempo requerido por la mejora tradicional para la obtención de variedades. Entre estos métodos se encuentra la obtención de plantas doble haploides (DH) por técnicas de cultivo in vitro que se realiza en condiciones de laboratorio. Su principal ventaja es el acortamiento del tiempo, ya que si en la mejora tradicional por selección genealógica el tiempo requerido para inscribir una variedad en el Registro de Variedades es de unos 10-12 años, mediante la metodología de los DH se acorta a 5-6 años.

Fig. 1. Variabilidad genética. Doble haploides de cebada procedentes de un único cruzamiento.

En cebada y trigo esta técnica ha sido mejorada hasta el punto de que se pueden producir de una manera eficiente líneas DH a partir de casi todos los genotipos, y las plantas obtenidas son normales y de composición genética estable. La homocigosis en las plantas DH es total ya que se obtienen a partir de plantas haploides duplicadas. Esto evita la posible segregación de caracteres y facilita la selección o el descarte de las líneas en un plazo de tiempo más corto. No es una técnica costosa y no lleva a cabo ninguna manipulación genética de las plantas, por lo que no presentan problemas ambientales. El principal requerimiento es contar con personal especializado en la realización del proceso y unas instalaciones adecuadas.

Para incrementar los resultados de la técnica, las plantas doble haploides pueden ser utilizadas en ciclos de selección recurrente a los que se añaden las nuevas variedades más productivas. Esto se realiza alternando un año de selección agronómica con otro año de recombinación genética.

Unos claros ejemplos de la eficacia de esta técnica son las variedades de cebada Hispanic y Meseta, citadas anteriormente, y que representaron para la agricultura española 30 millones de kilos de semilla certificada en 2016. Ambas fueron obtenidas por el método de cultivo de microsporas en el laboratorio de P. Devaux (Flormond Desprez Seeds). Estas variedades son además los genotipos testigo en la mayoría de los ensayos del INSPV y GENVCE.

En España, el grupo de Cultivo Celular y de Tejidos de la Estación Experimental de Aula Dei (CSIC) de Zaragoza ha puesto 14 variedades en el mercado en los últimos años utilizando el método de cultivo de microsporas (Fig. 2) con posteriores ensayos agronómicos. Este resultado ha sido posible gracias a una estrecha colaboración con las empresas de semilla de Bell lloc Lérida, Semillas Batlle S.A. (SB) y de Bujaraloz Zaragoza, Agromonegros S.A. (AG).

 

Fig. 2. Doble haploides de trigo duro obtenidos por cultivo de mirosporas. Ensayo de segundo año en Bell lloc (Lérida).

Las variedades de cebada que comercializan estas empresas son: Azara (2008), Doblona (2012), Najah (2016), Batal (2016) (SB) e Icaria (2010), Forcada (2010), Pirene (2017), Baliner (2017) (AG). De trigo duro son Trimulato (2012) (SB) e Iberus (2011) y Aneto (2017) (AG). Además, Semillas Batlle y la Estación Experimental de Aula Dei han inscrito en el Registro conjuntamente 3 variedades de cebada con alto contenido en beta glucano: Rajapani (2017), Annapurna (2017) y Kalalamai (2016). Las dos primeras son las primeras cebadas desnudas del mercado español.

Si existe una estrecha colaboración entre el centro de investigación de una determinada zona geográfica, en este caso el Valle del Ebro, las empresas productoras de semilla de la zona, y los agricultores, se pueden conseguir buenos resultados sin grandes inversiones financieras, y dichos resultados se plasmarán posteriormente en un alto rendimiento de producción para los agricultores de la zona.   

 

Emilio Betrán Escartín
Centro de Sanidad y Certificacion Vegetal
Gobierno de Aragón

LIDERAZGO DE ARAGÓN EN LA PRODUCCIÓN DE SEMILLA CERTIFICADA

El sector productor de semillas de cereal en Aragón lo constituye un entramado de 51 entidades, de las que 37 producen semillas de cereal, la mayor parte multiplicadores,  cuyo volumen de negocio se estima que puede superar los 28 millones de euros. Se trata de empresas muy ligadas al territorio, generando puestos de trabajo en el medio rural, con una actividad agroindustrial de transformación que resultaría muy complicado deslocalizar.

 

Hace años que Aragón ocupa un puesto destacado en la producción de semilla certificada. Es la región que más superficie dedica a la multiplicación de semilla que luego es certificada en Aragón o que viaja a otras comunidades autónomas limítrofes para ser certificada. Pero, además, en la campaña 2016-17 se ha situado como líder en la producción de semilla certificada de cereales. Según los datos del MAPAMA, se han producido más de 74 millones de kg de cereales, un dato histórico respaldado por años de mucho trabajo conjunto de las empresas y de la administración.

El crecimiento vivido en las últimas campañas es un crecimiento constante, que ha llegado a superar las cifras históricas alcanzadas en el año 2005, en el que además existía una ayuda asociada a la siembra con semilla certificada del trigo duro. Se trata, por tanto, de un crecimiento consolidado, que ha llevado a que la producción de semilla certificada de cereales de invierno se haya prácticamente duplicado en los últimos cinco años. 

Más allá de lo anecdótico que puede suponer liderar el ranking nacional, lo que sí se puede afirmar es que se ha consolidado la posición de liderazgo del entramado de entidades públicas y privadas de Aragón a nivel nacional. Esta posición viene respaldada, por una parte, por una importante tradición histórica de nuestras empresas y centros públicos y, por otro lado, por la paulatina profesionalización, capacidad de crecimiento e innovación que han mostrado las entidades en los últimos años, apostando por la GARANTÍA y el RIGOR que siempre ha tratado de mantener el sistema de certificación existente en Aragón. Esto ha permitido que las producciones de semilla certificada que aquí se obtienen, gocen de prestigio y reconocimiento dentro del sector y, por supuesto,  entre los agricultores. Un valor que hay que saber aprovechar y fortalecer.

 

Esta apuesta por la CALIDAD que se viene realizando en buena parte de la producción de semillas en Aragón, se debería reconocer como una marca propia de producción. Así, la marca “SEMILLAS de ARAGON” debería reconocer esta diferenciación, y su posicionamiento en los mercados es uno de los objetivos a trabajar a medio- largo plazo. Sin duda una apuesta que debe ser liderada por empresas cada vez más profesionalizadas y respaldada por la administración, siendo conscientes de que la  exigencia en la calidad del producto ofrecido debe ser la máxima que  prime para poder seguir contando con el respaldo de los agricultores. 

Por otro lado, queda todavía mucho por hacer en la transmisión de la importancia de utilizar un material genético innovador, que aporte el máximo valor añadido a nuestros agricultores, siendo la semilla certificada, la mejor forma de obtenerlo. En este sentido, los datos son también positivos. La tasa de utilización de semilla certificada por parte de nuestros agricultores, atendiendo a los datos del año 2016, se sitúa por encima del 40 %, mientras que la media nacional está en torno al 28 %. Son datos sin duda esperanzadores, más teniendo en cuenta la realidad productiva de buena parte de nuestras zonas de secano aragonés.

Como ya hemos dicho, son muchos los movimientos positivos que se están viendo en el sector, pero todavía quedan muchos aspectos a mejorar si queremos que este crecimiento vivido en los últimos años se consolide, de los que señalamos solo algunos:

  • Existe una escasa dimensión de una buena parte de las empresas, que dificultan la introducción de mejoras en los procesos productivos. Además, esta escasa dimensión impide potenciar programas de mejora para la obtención de nuevas variedades. En este sentido, hay que señalar que la mayor parte de las empresas se dedican únicamente a la multiplicación de variedades obtenidas por grandes compañías internacionales, y, salvo honrosas excepciones, las empresas de nuestro territorio carecen de líneas de investigación de nuevas variedades.
  • Se debe trabajar para intentar abaratar los costes de producción de la semilla certificada, haciendo más asequible su adquisición por los agricultores, de tal forma que puedan ser introducidas en zonas de producción que manejan una baja rentabilidad.  
  • A pesar del reconocido esfuerzo que están realizando los agricultores por introducir nuevas variedades que aporten nuevas características para su transformación, en muchas ocasiones este esfuerzo no se ve recompensado por una mejora en las condiciones económicas de comercialización. Sin duda, es un esfuerzo que se deber realizar por parte de las industrias, cooperativas, etc., donde se debe primar la trazabilidad y una comercialización diferenciada y retribuida de manera justa. Será, desde luego, una forma de promocionar la utilización de nuevas variedades y, por tanto, de la semilla certificada. 

Al margen de las duras condiciones climáticas que nos están tocando vivir durante esta campaña de siembras, el futuro por tanto de la producción de cereales en nuestro territorio debe ser visto con optimismo, con todavía un margen de mejora considerable y con la búsqueda de la rentabilidad del agricultor como uno de los objetivos fundamentales a conseguir.

 Enrique Playán
Estación Experimental de Aula Dei - Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC)

La modernización de los regadíos de España nos va dejando cifras impresionantes. Según el Ministerio de Agricultura Pesca, Alimentación y Medio Ambiente (MAPAMA), se han invertido 3.815 millones de euros públicos y privados desde el año 2000 para modernizar redes colectivas en un millón y medio de hectáreas. Además, uno puede estimar que los agricultores han invertido más de cinco mil millones de euros en cambiar sus sistemas de riego en parcela. Estas inversiones han permitido pasar de un 42% de riego por gravedad a un 26% en el corto periodo de tiempo que va de 2002 a 2016. El riego por aspersión ocupa un 25% y el 49% lo ocupa el riego por goteo. En el contexto de Aragón, la modernización de los regadíos ha tenido una repercusión muy importante en los cultivos extensivos (que han pasado de la gravedad a la aspersión), porque los cultivos leñosos y las hortalizas ya se estaban produciendo muy mayoritariamente con sistemas de riego presurizado.

El MAPAMA realiza anualmente una encuesta de superficies y rendimientos de cultivos. Según esa encuesta, en 2016 los cereales de regadío en Aragón representaron 211 mil hectáreas, frente a las 88 mil hectáreas de los cultivos forrajeros, las 53 mil hectáreas de los frutales, las 22 mil hectáreas que se reparten a partes iguales el olivar y el viñedo, y las 7 mil hectáreas de las hortalizas. Con estas cifras uno puede concluir que donde nos jugamos la parte más importante del agua de riego es en los cereales, que ocupan un 52% del regadío aragonés. Aragón tiene una importante vocación por los cultivos extensivos de regadío, y esto se traduce en que la distribución de los sistemas de riego es diferente de la que tiene el conjunto de España. En Aragón el riego por gravedad todavía ocupa el 47% del regadío, mientras que la aspersión ocupa el 38% y el goteo está en un 15%.

El riego por gravedad de los cereales en Aragón tiene dos nichos fundamentales: los regadíos tradicionales de ribera y los proyectos de regadío de intervención estatal. En estos dos tipos de regadíos, la modernización tiene en general un amplio recorrido. El riego por gravedad tiene en estas zonas una eficiencia muy variable, entre el 40 y el 90%, dependiendo de los suelos, del caudal de riego y de la nivelación, principalmente.

Los agricultores no perciben la baja eficiencia como el principal problema del riego por gravedad. Lo que sí perciben es que es un riego lento y que necesita atención 24 horas al día. Además, la baja frecuencia de riego hace que a menudo los rendimientos sean bajos, costando pasar de cinco mil kilos por hectárea en cereales de invierno y de diez mil kilos por hectárea en maíz. Desde el punto de vista ambiental, estos riegos pueden acarrear una importante carga contaminante, de más de 100 kilos por hectárea de nitrógeno nítrico al año. No todo son problemas en el riego por gravedad: allí dónde la eficiencia supere el 80% los rendimientos pueden ser elevados y la contaminación será baja. Si a esto añadimos que el riego por gravedad en general no necesita bombear el agua, podemos tener una solución sostenible en algunos casos. De hecho, hay experiencias muy satisfactorias en la ribera del Ebro de modernizar el riego por gravedad, creando un riego por gravedad moderno, rápido y eficiente. Sin embargo, en la mayoría de estas zonas con vocación cerealista, la modernización cambiará en riego por gravedad por el riego por aspersión.

Los regadíos de ribera merecen mención especial. Estos regadíos han sido la base de nuestra seguridad alimentaria durante siglos, y atesoran muy importantes valores ambientales, históricos y paisajísticos. Además, los regadíos de ribera generan muchos servicios ecosistémicos, como la protección contra avenidas, biodiversidad, interfaz con ecosistemas acuáticos y espacios de esparcimiento social. El paisaje de estos regadíos, las acequias que los alimentan y sus caminos rurales son un patrimonio social y ambiental en sí mismos. Es por ello que su modernización es un problema que va más allá de la producción de cereales.

El riego por aspersión de los cereales aragoneses comenzó tímidamente con el progreso de los proyectos nacionales de Riegos del Alto Aragón y Bardenas en los años setenta y ochenta, y siguió con el impulso modernizador del canal de Aragón y Cataluña en los ochenta. Hoy, ésta es una tecnología que los agricultores conocen muy bien, y que se muestra muy productiva. Con eficiencias de riego superiores al 80%, es posible producir más de siete mil kilos por hectárea de cebada y trece mil de maíz. Cuando estos dos cultivos se encadenan en un año, se puede llegar a veinte mil kilos de grano por hectárea y año. La contaminación por nitratos de una zona de estas características estará en general bastante por debajo de 50 kilos por hectárea de nitrógeno.

Si bien estas cifras de productividad de la tierra (kilos por hectárea) resultan muy altas en el contexto mundial, es cierto que la productividad por unidad de agua de riego (Euros por metro cúbico) es baja. Es por ello que veo necesario terminar este texto con una defensa de la cadena de valor de los cereales en Aragón… es la cadena de valor lo que debe de justificar el riego de estos cultivos en un contexto de creciente escasez de agua. Por poner un ejemplo, no debemos olvidarnos de la importancia de la ganadería en Aragón, y en particular, de la producción porcina. En una Comunidad con una población de un millón doscientos mil habitantes viven más de siete millones de cerdos. Aragón, que ha exportado animales vivos durante décadas, ahora tiene una creciente industriade procesado de la carne. Los cereales aragoneses son los preferidos de los ganaderos por su alta calidad y por estar libres de daños por transporte intercontinental. El regadío de los cereales debe de justificar su consumo de agua de riego a través de su calidad y su valor estratégico para un sector cárnico en pleno crecimiento, dinámico y exportador.

María Videgaín Marco
Escuela Politécnica Superior de Huesca.

En el pasado año 2015, denominado Año Internacional de los Suelos, la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO) publicó una revisión sobre las tendencias de la fertilización a nivel mundial y las perspectivas futuras (World fertilizer trends and outlook to 2018). En general, la demanda de fertilizantes químicos subirá cerca de un 2 % cada año en el periodo 2014-2018. Para el caso del nitrógeno, sólo Europa occidental es la que reducirá su demanda, relacionándose las razones de este descenso, por un lado, con la obligación de responder y actuar ante demostrados eventos de contaminación y, por otro lado, con la reducción de insumos en muchas explotaciones debido a la bajada de los precios del grano  y también a la sequía.

Gracias a la labor de técnicos e investigadores, el muestreo de suelos para su análisis físico-químico cada vez es una práctica más habitual a la hora de ajustar necesidades nutricionales y dosis de aplicación de productos fertilizantes. Las más que demostradas ventajas de las rotaciones de cultivo, las prácticas agroecológicas de conservación de suelos, la agricultura de precisión y los actuales avances en teledetección y mapeo de suelos también comienzan a complementar la gestión racional de la fertilización. Pero todavía queda un camino largo por recorrer en este sentido, puesto que es muy amplia la superficie de cultivo que nunca se analiza, siendo además la fertilidad biológica de los suelos una gran desconocida que nunca se tiene en cuenta y que influye, junto a la fertilidad física y química, en la capacidad productiva del suelo, considerándolo un sistema vivo.

Foto 1. Muestreo de suelo tras rotación con trigo sarraceno

Resultaría imposible, tanto por la dimensión de este texto como por la complejidad que este tema alberga, explicar las combinaciones de indicadores que se pueden emplear para estudiar la fertilidad global de un suelo. Creo que es importante dejar clara la importancia que tiene, para el agricultor al menos, ser consciente de su existencia, del valor que implica alcanzar un equilibrio físico, químico y biológico en el suelo, y de que todas las decisiones de manejo influyen sobre el mismo.

En cuanto a la fertilidad biológica, los microorganismos del suelo pueden usarse como bioindicadores debido a su gran sensibilidad a pequeñas modificaciones a corto plazo, lo cual es debido al rol que juegan en la fertilidad, conservación y mantenimiento de los suelos, así como su papel clave en la estabilidad y funcionamiento de los agrosistemas, y su capacidad de recuperación cuando se encuentran sometidos a procesos de degradación (Jaizme-Vega, 2010).

En mi experiencia como técnico de campo, además de las analíticas físico-químicas y de pequeñas pruebas de compactación y de capacidad de infiltración de agua, me ha resultado muy práctico elegir algunos indicadores de actividad biológica en el suelo, de fácil y económica medición y que permitieran al menos establecer una tendencia de evolución de ese suelo, es decir ¿se está mejorando o se está empeorando la calidad de este suelo? como ejemplos de estos indicadores estaría la diversidad de micro y mesofauna o el potencial micorrícico (número de propágulos de micorrizas por volumen de suelo).

Los hongos formadores de micorrizas arbusculares desarrollan, junto con raíces de la mayoría de las plantas, una simbiosis mutualística que se conoce como micorrizas. Están presentes desde los primeros estadios de evolución de las plantas y han ido co-evolucionando hasta nuestros días constituyendo la asociación simbiótica hongo-planta más extendida, siendo muy conocidas las contribuciones de esta simbiosis al mecanismo de absorción de nutrientes por la planta, a su protección frente a patógenos o a la mejora de la estructura del suelo entre otras.

Foto 2. Arbúsculo en raíz micorrizada

Durante las últimas campañas agrícolas hemos asistido a una creciente oferta de inoculantes comerciales producidos a partir del aislamiento de determinados microorganismos y que se ofrecen al agricultor con la finalidad de aumentar el aprovechamiento de nutrientes del suelo, reducir la aplicación de abonos convencionales y mejorar el rendimiento de los cultivos. En la comunidad autónoma de Aragón, con cerca de 300.000 ha declaradas como zonas vulnerables a la contaminación de las aguas por nitratos procedentes de fuentes agrarias, y con grandes bloqueos de nutrientes por la presencia de carbonatos, no es de extrañar que este tipo de productos resulten interesantes y que sea relativamente sencillo atraer con sus bondades al agricultor.

El RD 999/2017 de 24 de Noviembre, por el que se modifica el RD 506/2013 de 28 de Junio sobre productos fertilizantes, recoge en su anexo I la información que deben garantizar aquellos productos especiales basados en microorganismos, diferenciando entre productos de micorrizas y englobando en no micorrícicos todo el resto de biofertilizantes como pueden ser los producidos a base de bacterias u otros microorganismos.

Resulta alentador que se tenga en cuenta en este decreto las condiciones de ensayo para cada producto y los cultivos en los que está demostrada su eficacia. Sin embargo, será labor de los técnicos y de los agricultores tener en cuenta las condiciones previas de los suelos a los que van destinados, teniendo en cuenta que los suelos fértiles tienen sus propias poblaciones de microorganismos, que habría que preservar y fomentar haciendo uso de las mejores prácticas agronómicas posibles en cada tipo de explotación, y sin confundir el concepto de fertilidad biológica de un suelo con los productos fertilizantes biológicos actuales.

 

Escuela Politécnica Superior Huesca - Universidad de Zaragoza, Carretera Huesca, Huesca, España

 Carlos Cantero Martínez
Universidad de Lleida, Agrotecnio Center,Lleida.
 Departamento de Producción Vegetal y Ciencia Forestal, (Unidad Asociada EEAD-CSIC)
Universidad de Lleida

 

Hay un creciente interés en la agriculturapor la “diversificación de los cultivos”.La necesidad de producir varios cultivos en la explotación era fundamental en las agriculturas de subsistencia y de autonomía alimentaria de las zonas rurales antes de la actual agricultura industrializada.  Esta última se ha centrado  en la especialización del monocultivo de especies más productivas económicamente y sustentada por el uso de fertilizantes y fitosanitarios. Sin embargo, con ello  el productor ha perdido cierta autonomía y se han generado problemas ambientales en el agrosistema, que finalmente repercuten en la productividad global de la explotación. En los sistemas Mediterráneos la falta de disponibilidad de agua, los bajos niveles de materia orgánica del suelo y la susceptibilidad a su degradación son factores que condicionan el crecimiento y la productividad y que han sido afectados negativamente por la falta de diversidad de los cultivos.

Los sistemas agrícolas extensivos españoles y entre ellos los del valle del Ebro están dedicados ampliamente a los cereales. Estas especies, principalmente gramíneas, son muy plásticas y las más adaptadas a las condiciones irregulares y limitantes del clima Mediterráneo. Sin embargo, el monocultivo de cereales presenta limitaciones económicas debido a los precios actuales de las cosechas y  a los crecientes problemas de fertilización, control de malas hierbas, plagas y enfermedades que cada vez más limitan su sostenibilidad global. La diversificación de los cultivos en estas zonas cerealistas se presenta como una estrategia para incrementar la sostenibilidad en todos los ámbitos. Es curioso que aún reconociendo por parte del productor las ventajas de autonomía y de productividad a medio-largo plazo, ha tenido que ser la “obligación” impuesta por la normativa de la Política Agraria Comunitaria (PAC) (y que muchos conocen ya por su expresión “greening”), la que ha revivido la diversificación en las explotaciones agrarias.

Las ventajas no se encuentran únicamente en la diversificación del riesgo, el mejor reparto del trabajo  y la mejora del rendimiento. Además, contribuyen a una mejora de los recursos de la producción a través de una mayor eficiencia en el uso del agua y los fertilizantes, y a la mejora de la calidad del suelo a través del incremento de la materia orgánica, e incluso a la adaptación de la agricultura al cambio climático y la mitigación del calentamiento global del planeta.La diversificación de cultivos mediante una rotación adecuada, el uso de dobles cultivos o cultivos cubierta, debe venir acompañada por su integración en un paquete de prácticas agrícolas como el manejo del suelo, la fertilización, elección de variedades y la optimización del agua a través del riego.

Fotografía 1. Vista general de la Explotación Agraria Mas Mascó en Selvanera, Lleida. En esta explotación la diversificación consisteen la rotación de cultivos de trigo, cebada, colza y guisante desde hace más de 15 años (antes del “greening”). Se están probando otros cultivos como habas grano, centeno y camelina. Los resultados muestran que el efecto de la diversificación-rotación ha mejorado en un 10-20% los rendimientos sobre el cultivo de referencia (cebada). Además, gracias a la introducción de la siembra directa y la optimización de la fertilización en base a análisis de suelos y el uso racional de materiales orgánicos y minerales, desde hace 30 años, se ha conseguido un control de la erosión, una mejor utilización del agua por parte de los cultivos, un incremento de la materia orgánica y de la biodiversidad del suelo en esta zona de secano. 

¿Por qué es necesario  investigar en la diversificación de cultivos?La ciencia agronómica ha dado numerosos conocimientos en los últimos 150 años. Hay literatura que destaca con rigor científico y técnico  todos aquellos aspectos importantes de la diversificación de cultivos y se ha escrito sobre el uso y ventajas de las rotaciones de cultivos y los precedentes culturales. Sin embargo, esta tecnología como otras en las ciencias agronómicas tienen un componente local. Así, encontramos poca información referida a los sistemas Mediterráneos sobre como desarrollar este paquete integrado de técnicas que, partiendo de la diversificación de cultivos, incluya todos los componentes tecnológicos de los sistemas de producción.  Diversos estudios recientes en 2014 a 2017 destacan la importanciade la diversificación de cultivos para aumentar la resiliencia de los agroecosistemas, y presenta todavía un potencial importante de desarrollo para conseguir una producción agrícola más sostenible a nivel global. Los grupos de Manejo del Suelo y Cambio Global de la Estación Experimental de Aula Dei (EEAD-CSIC); la unidad de Suelos y Riegos del Centro de Investigación y Tecnología Agroalimentaria de Aragón (CITA-DGA); de Agronomía y Medio Ambiente de la Universitat de Lleida (unidad asociada CSIC);  y el Instituto de Agronomía Sostenible de Córdoba (IAS-CSIC)llevan años realizando investigaciones para obtener resultados científicostrasladables al sector agrícola. Estos grupos trabajando coordinados acaban de obtener financiación de 4 años para un proyecto del Plan de Investigación Nacional Español con elobjetivo de aportar conocimientos generales y locales actuales tanto productivos como medioambientales sobre la diversificación de cultivos en agrosistemas Mediterráneos. Aun así, sería importante que los productores agrarios sean conscientes de la enorme posibilidad que tiene la diversificación para la sostenibilidad de sus explotaciones.

Esperemos que con estas iniciativas y otras varias en los ámbitos de la producción agrícola podamos conseguir una producción sostenible que permita afrontar los retos futuros para la alimentación mundial.

Fotografía 2. Vista del campo experimental de comparación de sistemas de laboreo y estrategias de fertilización localizado en Senés de Alcubierre (Huesca). En este campo se combinan estrategias de manejo de suelo y de fertilización orgánica y mineral bajo una rotación con cultivos de trigo, cebada y guisante que han conseguido unos resultados excelentes en el incremento de rendimientos en comparación con el monocultivo de cebada bajo laboreo intensivo.

 

 

 

Arantxa Grande Mainar
Responsable de I+D
Agromonegros S.A.

 

Cuando digo que soy Ingeniera Agrónoma y me dedico a obtener nuevas variedades de cereal muchos muestran curiosidad y me preguntan cómo se hace eso. Ahora tengo la oportunidad de explicar mi experiencia laboral en el mundo de las semillas de forma detallada y sencilla, ¡espero!

Llevo más de una década trabajando en Agromonegros S.A, una empresa familiar que se dedica al mundo del cereal desde 1980. Además de la venta de semilla certificada, está focalizada en obtener variedades de cereal propias, objetivo que estamos llevando a buen término gracias al trabajo de todo el equipo.

Mi trabajo se puede considerar cíclico, de ahí que no sé muy bien si mi año empieza el 1 de enero o el 1 de julio, al empezar a organizar la siembra de otoño.

Con los datos de la temporada anterior planifico las variedades que salen o entran de los ensayos para seleccionar las mejores líneas en cada tipo de zona de cultivo. Ensayamos muchas líneas y con distintas finalidades.

Por ejemplo ensayos por agronomía de doble haploide combinados con semillas nuestras y de la competencia junto con testigos oficiales para poder hacer comparativas. Los DH de primer año los siembro en surcos, tenemos un convenio de colaboración con el CSIC, que son quienes realizan los cruzamientos a partir de parentales seleccionados por nosotros y nos proporcionan los doble haploides (DH). También tengo que considerar los que se encuentran en diferentes fases de desarrollo y las líneas que decido que se enviarán a registro, que normalmente están en diferentes años de preparación. Cada una va con sus familias, sembradas en espiga-surco, y con sus bandas, ya que siempre el registro es el objetivo final de la investigación.

De nuestras variedades comerciales planifico la siembra de las que tenemos que hacer conservación, para seguir generando semilla para vender. Sembramos su material parental y bandas de PB4. Y, por último, para asegurar la perfecta calidad de la semilla certificada planifico un ensayo de post-control, partiendo de una muestra de cada lote que producimos de semilla certificada, donde en primavera se observarán las plantas fuera de tipo.

Actualmente realizo cuatro ensayos en diferentes zonas climáticas repartidas por la geografía aragonesa: secano árido, secano fresco, secano frío y regadío. Cada ensayo  consta de cuatro repeticiones en el que se incluye cebadas, triticales, trigos blandos y duros.

Terminada la fase de planificación, tengo que trasladar la información del papel de la oficina al laboratorio y sus equipos. Hay que trillar espigas y guardar cada una en un sobre, para hacer el método espiga-surco, que consiste en sembrar cada surco con los granos de una única espiga. Después hay que seleccionar, limpiar, tratar, pesar y guardar en sobres las semillas de cada una de las líneas que irán a los ensayos de valor agronómico.

Durante este periodo estival en la empresa también se selecciona la semilla para la producción de semilla certificada. Realizo análisis, actas y muestreos para los sobres de post-control, tomando una muestra de unos 250gr de cada lote.

Con la llegada de septiembre empiezan las visitas comerciales, dando inicio a la campaña de venta de semillas. Por la parte de investigación, es el momento de seleccionar, con ayuda de los colaboradores, los campos donde haremos los ensayos. Y ahora que ya conozco el terreno, y partiendo de la planificación inicial, puedo hacer el diseño de ensayos.

En octubre empieza el jaleo de trabajo. Por muy ordenado, preparado y planificado que lo tengas siempre se produce el caos… Las redes oficiales de ensayos, como GENVCE (Grupo para la Evaluación de Nuevas Variedades de Cultivos Extensivos en España), publican sus resultados. Y también ven la luz los datos del Registro (Oficina Española de Variedades Vegetales). Así que a última hora toca ampliar variedades a ensayar, lo que conlleva solicitar semillas a casas comerciales y reajustes en la planificación. Y a su vez, las Comunidades Autónomas nos hacen sus pedidos de semillas para sus ensayos oficiales. También recibimos solicitudes de cooperativas y empresas particulares. ¡Y la campaña de venta de semillas certificadas está en pleno auge durante este mes! Así que hay que organizar todos estos envíos y gestionar las recepciones a la vez que se empaquetan cuidadosamente las semillas para ensayar.

Ahora toca mirar al cielo, porque si el tiempo lo permite, sembramos en las fechas acordes a la ubicación del ensayo. Así a finales de octubre empezamos por los secanos áridos y terminamos a finales de noviembre con el regadío. Estos últimos son los que más tiempo requieren porque contienen la mayor carga de material genético con la que trabajamos actualmente: prebases, DH en diferentes años de investigación, líneas de registro, bandas y post-control.

Una vez terminada la siembra parece que puedes darte un respiro, ¡pero corto! Aquí comienza mi parte preferida: el trabajo de campo. Me preparo un cuaderno de campo para cada uno de los ensayos y allí voy apuntando las fechas de las visitas, observaciones generales y en detalle alguna de las repeticiones. Al principio de la campaña las visitas son más distendidas. Principalmente hay que comprobar que ha germinado correctamente y que no se ha producido ningún error de siembra.

A medida que el cereal empieza a ahijar, la frecuencia de las visitas aumenta para comprobar la adaptación al terreno, control de malas hierbas, riegos a realizar. También seguimos de cerca si hay aparición de enfermedades y cómo evolucionan (Roya, Rincosporium…)

En este mes primaveral, que aproximadamente transcurre entre mediados de abril y mayo, el trabajo llega a su máxima plenitud. Hay que controlar muchos factores en todos los ensayos que están en marcha: fechas de espigado, alturas, encamados, maduración de las espigas, enfermedades… Y nos dedicamos a tareas propias de esta época: depurar, marcar los surcos, observar comportamientos de crecimiento y elegir el material susceptible de seguir siendo ensayado al año siguiente. Además, nuestras colaboraciones con organismos como GENVCE u OEVV exigen visitar otros ensayos por todo el territorio nacional.

Durante toda la primavera prestamos especial atención a las parcelas de multiplicación de semilla certificada de la empresa. Visitamos cada campo, hacemos controles documentados e inspecciones.

A principio de junio… ¡por fin llega el momento de la cosecha! Y de nuevo la organización, el control y el orden son claves en esta fase: cada parcela de ensayo a su saco; cada surco de la siembra de espiga-surco, cogidos a mano, a su caja; cada variedad de las parcelas de multiplicación a su silo. Una vez que el material está en nuestros almacenes, toca volver al laboratorio. De los ensayos se pesa cada muestra para obtener el rendimiento y se toman datos de proteína y pesos específicos. Así genero estadísticas de los datos agronómicos, que junto con la información del cuaderno de campo, me sirven para obtener mis conclusiones, con las que puedo cerrar la campaña de ensayos.

Finalmente, analizo las líneas destinadas a registro, que están fijadas porque a lo largo de 5 ó 6 años han sido observadas, multiplicadas y depuradas. A pesar del trabajo de todo el año, hay líneas que se rehúsan debido a enfermedades o por dudas en cuanto a homogeneidad o producción. Sólo las que cumplen con todos los requisitos se envían a registro.

Y ya he terminado el ciclo. Pasado el año tengo otra vez todo el material preparado y la información necesaria para volver a planificar y organizar los ensayos del siguiente año laboral.

Este es el día a día, año tras año, del trabajo para la obtención de variedades de semillas. Sin duda el esfuerzo se ve recompensado en forma de semillas de cebada (Icaria, Forcada, Pirene, Baliner) y de trigo (Aneto e Iberus), que como investigadora me hacen sentir orgullosa de mi trabajo, y son la motivación para empezar otro año laboral con renovadas ilusiones.

Joaquín Aibar
 Departamento de Ciencias Agrarias y del Medio Natural
Escuela Politécnica Superior de Huesca

Los cereales de invierno ocupan la mayor parte de la superficie cultivada, en secano, en nuestro país. La escasez de cultivos alternativos, la enorme dependencia de las precipitaciones, y la tradición de su cultivo propicia que en una gran parte de la España seca y semiárida se practique mayoritariamente el monocultivo de cereal de invierno, que incluye trigo blando, cebada de dos y de seis carreras, avena, centeno y triticale. La alternancia de estas especies no supone un cambio real en la rotación de cultivos.

Si, además, las técnicas de cultivo que se practican son siempre las mismas, mismo tipo de laboreo,  o también ausencia del mismo, empleo de variedades similares en longitud de ciclo, idénticos herbicidas para controlar las malas hierbas, las posibilidades de que la naturaleza, que siempre potencia lo diverso, lo diferente, reaccione y nos cause problemas son mucho mayores.

En el caso concreto de la sanidad vegetal y del empleo de productos fitosanitarios la problemática también se va acrecentando día a día ya que por diferentes causas cada vez hay menos productos autorizados. Por ello uno de estos problemas crecientes es la aparición de ecotipos de malas hierbas de determinadas especies en las  que, debido al uso continuado de materias activas con el mismo mecanismo de acción,  se han ido seleccionando individuos resistentes al factor de presión de selección que se ha ido utilizando, un mismo mecanismo de acción por parte de los herbicidas empleados.

Para intentar paliar este problema en España todas las partes implicadas: empresas, técnicos, asesores, constituyeron un grupo de trabajo denominado Comité para la Prevención de Resistencias a Herbicidas (CPRH) a través de la Sociedad Española de Malherbología, que se reúne habitualmente para tratar la diferentes problemáticas que van surgiendo y realiza una importante labor divulgativa encaminada a fomentar prácticas agrícolas que minimicen la aparición de nuevas plantas resistentes a herbicidas y resuelvan los problemas en las zonas en las que esos ecotipos ya están establecidos.

Este Comité tiene sus correspondiente a nivel europeo, el  Herbicide Action Resistance Committee Europe (E-HRAC) del que forman parte los siguientes países Benelux, Francia, Alemania, Italia, Paises Nórdicos y Bálticos, España y Reino Unido y a nivel mundial , el Global  Herbicide Action Resistance Committee, que mantiene, en tiempo real, una página WEB (http://www.weedscience.org), en ella se muestran a través de unos gráficos la evolución de este problema a nivel mundial, por países, por cultivos, por especies de malas hierbas y por grupos de materias activas herbicidas. En ella se puede informar sobre cualquier novedad en este sentido, y proporciona una información básica para poder reaccionar lo antes posible frente a un nuevo problema. Además en esa página se proporciona la información, básica para cualquier asesor, para mitigar la aparición de resistencia a herbicidas, que no es otra cosa que una clasificación de los herbicidas en función de su mecanismo de acción  con la premisa de recomendar cierta alternancia en el uso de materias activas con diferentes mecanismos de acción.

 A fecha de hoy están reportados en España.  a nivel de todos los cultivos, 36 ecotipos de distintas especies resistentes a diferentes grupos de herbicidas, siendo problemáticas en cereales de inverno las resistencias de Vallico, Luello ( Lolium rigidum), amapola, ababol (Papaver roheas)  o cola de rata (Alopecurus myosuroides) que llegan a ser múltiples (a diferentes grupos de herbicidas).

Un caso aparte en esta problemática, con la que a veces se confunde,  es la aparición de problemas de malas hierbas debido a la repetición de un sistema de laboreo. En este caso no es problema de resistencias sino un problema de adaptación de unas especies a un sistema de cultivo. Es el caso de especies anuales como el bromo (Bromus ssp. o de la vulpia (Vulpia myuros y V. unilaterales), o especies bianuales  como Chondrilla, especies apenas problemáticas hasta que la disminución de las labores efectuadas sobre las fincas de cereal de invierno se ha generalizado. En este caso la adaptación de las especies que hasta ahora han estado en los bordes, ribazos, cunetas,  han visto en las parcelas cultivadas su mismo “nicho ecológico” en un terreno apenas removido, por lo que han invadido el cultivo ya que les hemos proporcionado lo que necesitaban, un suelo sin remover, y por ello, las semillas de las especies anuales (bromo, vulpia) permanecen en superficie, que es lo que prefieren, y en el caso de las especies bianuales o perennes, al no mover apenas el suelo encuentran también un hábitat adecuado para su proliferación.

 

En los casos en los que ha aparecido alguno de los problemas citados las soluciones pueden ser variadas, pero pasan por ser creativos, y NO REPETIR actuaciones sobre los cultivos, alternar cultivos, (intercalar leguminosas grano, colza, si es necesario hacer un año de barbecho), alternar formas de laboreo (al menos en una franja de seguridad entre los bordes de las fincas y el cultivo para evitar la entrada de especies que prefieren el suelo sin remover), usar medios mecánicos para la eliminación de malas hierbas, como las rastras de varillas flexibles,  usar herbicidas si es necesario pero alternando las materias activas según su modo de acción, en definitiva realizando los principios básicos de una Producción Integrada.

Dolores Quílez Sáez de Viteri
Unidad de Suelos y Riegos
Centro de Investigación y Tecnología Agraria de Aragón (CITA)

El uso de nitrógeno en la agricultura como fertilizante es indispensable para aumentar la producción de los cultivos, pero el aumento delnitrógeno en los sistemas agrícolas lleva asociado un riesgo de contaminación. El exceso de nitrógeno reactivo en los sistemas agrarios puede afectar tanto a las aguas, como a la atmósfera, habiendo tomado éstas últimas especial relevancia en los últimos años debido al aumento de las emisiones de amoniaco y gases de efecto invernadero, en particular el óxido nitroso (N2O). Para evitar los problemas ambientales derivados de la fertilización hay que aumentar la eficiencia de uso del N en los sistemas agrarios, ajustando las aplicaciones de nitrógeno a las necesidades de cada cultivo, tanto en dosis como en momentos de aplicación, integrando en los planes de fertilización de los cultivos la gestión de las deyecciones ganaderas y teniendo en cuenta las aportaciones del suelo y las contribuciones de otras fuentes como puede ser el agua de riego.

En los últimos años, se han ido aprobando diferentes Directivas y Reglamentos a nivel europeo relacionados con la fertilización de los cultivos, entre ellos destacan la Directiva de protección de las aguas contra la contaminación producida por los nitratos procedentes de fuentes agrarias (Directiva 91/676), la directiva Marco del Agua (Directiva 2000/60/EC) o la Directiva de techos de emisión de contaminantes atmosféricos (Directiva 2016/2284). En este contexto la aplicación agronómicamente razonada de los fertilizantes tanto de origen animal (orgánicos) como inorgánicos es una necesidad que, además de aumentar el beneficio de las explotaciones, puede mejorar la sostenibilidad, ayudar a reducir el riesgo de contaminación de las aguas por nitratos, y ser un buen instrumento para reducir las emisiones de gases de efecto invernadero.

En Aragón, se concentra el 25% de la cabaña porcina española con un censo superior a 7 millones de cabezas (MAGRAMA, 2016) que producen más de 15 millones de toneladas de purín (con un contenido de 50.000 t de Nitrógeno). Muchos estudios indican que la aplicación de purín en distintos cultivos permite alcanzar producciones satisfactorias pudiendo sustituir total o parcialmente a los fertilizantes minerales. En la Cuenca del Ebro, este hecho también ha sido constatado en cereales tanto en regadío (maíz, arroz, cereal de invierno) como en secano (cereal de invierno).

El uso del purín porcino como fertilizante es más complicado en su manejo que la fertilización mineral. En primer lugar la composición del purín no es uniforme sino que presenta una alta variabilidad por lo que para un buen ajuste de las dosis es necesario conocer antes de su aplicación el producto que se está aplicando, es decir conocer el contenido en nutrientes del purín. Una vez conocida la composición de purín y estimada la dosis, es necesario realizar una aplicación uniforme y eficiente en el campo. Para ellos es necesario la utilización de maquinaria bien ajustada que distribuye el purín de forma uniforme en la parcela y que con un método de aplicación que evite las pérdidas del N a la atmósfera en forma de amoniaco. En este sentido el desarrollo de centros gestores pioneros para la mejora del uso agrícola de purines, como “Tauste Centro Gestor de Estiércoles” o “CGE Cinco Villas” dentro de la ADS nº2 de Ejea de los Caballeros, son iniciativas necesarias y germen para una buena planificación de la gestión de purines en nuestra Comunidad Autónoma.

Un punto clave en la aplicación de la fertilización es el ajuste de las aplicaciones de N a las necesidades del cultivo. Mientras que los fertilizantes minerales es posible aplicarlos a lo largo del desarrollo del cultivo, con los métodos de aplicación tradicional con cuba, el purín solo se puede aplicar a los cereales en fondo, o en el caso de cereal de invierno en cobertera temprana a la salida de invierno y no es posible realizar aplicaciones cuando el cultivo tiene unas mayores necesidades. En el proyecto LIFE ARIMEDA, coordinado desde el Centro de Investigación y Tecnología Agroalimentaria de Aragón y en el que participan la Universidad de Milan y 6 empresas españolas e italianas, se van a desarrollar tecnologías que permitan aplicar la fase liquida del purín con el riego, adecuando el momento de la aplicación a las necesidades de N del cultivo. En el sistema ARIMEDA se va a diseñar en primer lugar un sistema de separación de la fase líquida del purín, eficiente y económica, que permita su inyección, sin problemas de obturación de los emisores, en sistemas de riego a baja presión en pivots y goteo. La fase líquida del purín una vez filtrada se inyectará en los sistemas de riego consiguiendo una uniformidad de distribución del N muy alta, similar a la del agua de riego. El conocimiento de la composición del purín y la distribución de la dosis a lo largo del crecimiento del cultivo, permitirá aumentar la eficiencia de uso del N y reducir las pérdidas de N por lavado lo que permitirá reducir el potencial de contaminación de las aguas por nitrato de origen agrario. Por otro lado la aplicación del purín con el agua de riego incide directamente en una reducción de la volatilización del amoníaco del purín y de la materia particulada asociada a estas emisiones. La reducción de las emisiones de amoniaco, procedentes mayoritariamente en Europa de la agricultura (95%), y de materia particulada por su efecto sobre la salud de las personas, se encuentran en el punto de mira de las políticas medioambientales europeas, siendo una de las áreas temáticas prioritarias del programa LIFE que financia este proyecto.
Más información del proyecto LIFE-ARIMEDA en www.lifearimeda.eu

Ramón Isla
Unidad de Suelos y Riegos
Centro de Investigación y Tecnología Agroalimentaria de Aragón (CITA)
Gobierno de Aragón

Los cultivos extensivos, incluyendo los barbechos, suponen en Aragón aproximadamente un 60% de la superficie agraria útil según datos del Gobierno de Aragón. Esta superficie de extensivos está ocupada mayoritariamente por 4 cultivos: trigo, cebada, maíz y alfalfa, lo que da una buena imagen del paisaje agrario que nos encontramos en la mayor parte de las comarcas agrarias aragonesas.

Las prácticas agronómicas necesarias en dichos cultivos son básicamente las mismas que se realizaban en los albores de la agricultura pero ha habido un cambio brutal en la tecnología empleada, especialmente en los últimos 50 años. Se ha pasado de mulas a tractores de gran potencia y anchura de trabajo y con capacidad prácticamente de hacer ellos solos algunas labores gracias a los modernos sistemas de guiado. Se ha pasado de sistemas de riego poco eficientes que exigían una gran dedicación de mano de obra a sistemas de riego por aspersión a demanda gestionados desde un teléfono móvil que permiten una alta eficiencia de aplicación si se aplican los conocimientos adecuados. Estos cambios tecnológicos han sido claramente positivos y beneficiosos para el sector. Sin embargo, y a modo de ejemplo, las grandes expectativas creadas con la irrupción de drones para monitorizar el estado de los cultivos se encuentra con un cierto desconocimiento en cómo aplicar la información que se obtiene para que resulte útil al agricultor.

Sin embargo, estos avances tecnológicos quizás no han llevado aparejados un cambio en la mentalidad de muchos agricultores en cuanto a la necesidad de actualizar sus conocimientos para obtener el partido necesario a toda esta tecnología. A pesar de existir bastante información acerca de las ventajas de ciertas prácticas agrarias beneficiosas para el agricultor y para la sostenibilidad de los recursos, no se han sabido comunicar bien y tampoco ha existido un adecuado esfuerzo por parte del sector que si lo ha dedicado a una innovación tecnológica sin precedentes. Por ejemplo, a pesar de que las necesidades de riego de los cultivos extensivos está bastante bien determinada gracias a la metodología FAO y fácilmente disponible a través de distintos portales web (según CCAA), probablemente pocos agricultores hacen uso de dicho información pensando que aplican la correcta dosis de riego a sus cultivos. La información proporcionada en dichos portales puede contribuir a ajustar mejor las dosis de riego de los cultivos extensivos, reduciendo pérdidas de nutrientes por lavado en algunos momentos.

 

Ejemplo de pantallas de entrada datos y salida de información de la web de la oficina del regante (SARGA, Gobierno de Aragón) para obtener las necesidades de riego semanales de los cultivos.

Otros aspectos que pueden ser mejorados de forma relativamente sencilla son una mayor racionalización de las dosis de fertilizantesasí como el manejo de fertilizantes orgánicos como el purín porcino. Un aspecto clave es la necesidad de realizar análisis periódicos de los suelos para conocer los nutrientes disponibles y ajustar las dosis de fertilizante a las necesidades del cultivo en función del rendimiento esperado y las extracciones potenciales. La determinación del contenido de nitrógeno amoniacal en el purín por conductimetría es una sencilla técnica que permite aproximar razonablemente bien la cantidad de nitrógeno que se está aplicando. A poco que se busque en repositorios abiertos es posible encontrar trabajos con resultados obtenidos en la mayor parte de los cultivos y para distintas técnicas agronómicas. Como ejemplos tenemos el amplio repositorio ofrecido por el CSIC (https://digital.csic.es), y por el Centro de Investigación y Tecnología Agroalimentaria de Aragón (https://citarea.cita-aragon.es) donde están disponibles los resultados de muchos trabajos que se realizan en ambas instituciones. Aspectos tales como la necesaria disminución de las dosis de fertilizante nitrogenado en cereales después de un cultivo de alfalfa, la utilidad de cultivos cubierta en invierno para prevenir el lavado de nitratos, o herramientas para optimizar el uso de purín porcino como fertilizante están ya bastante documentados y pueden encontrarse en dichos repositorios. Es tarea de los productores ajustar algunas técnicas a las características intrínsecas de su explotación (tipo de suelo, sistema de riego, maquinaria disponible), pues en el campo no hay 2 parcelas iguales. Es por ello que el agricultor debe atreverse a probar innovaciones (reducir laboreo, disminuir dosis de fertilizante, cambios varietales, etc..) en algunas zonas de su explotación para ser capaz de comparar y así optimizar las técnicas de cultivo disponibles a su situación particular.

 

Estado de un cultivo cubierta de veza sativa a principios de abril sembrado mediante siembra directa después de la cosecha del anterior cultivo de maíz. Dicha práctica ayuda a reducir las necesidades de N en el siguiente cultivo de maíz y a aumentar la materia orgánica del suelo y la calidad del mismo.

Es preciso pues, que el sector tome conciencia de que es él mismo el que debe buscar la información allí donde esté para mejorar sus resultados productivos, siempre dentro de un marco de sostenibilidad y de respeto medioambiental. Por otra parte, los Departamentos de agricultura de las distintas Comunidades Autónomas y los Centros de Investigación públicos debemos hacer también un mayor esfuerzo en divulgar los resultados obtenidos que puedan ser útiles para el sector.

 

Miguel Ángel Pérez Casas
Quinoa del Alto Teruel
mapcasas1@gmail.com

La búsqueda de alternativas que rompan el monocultivo de cereal son básicas para el sostenimiento a largo plazo de nuestros sistemas de cultivo y el respeto por el medio ambiente, proporcionando una adecuada gestión de las rotaciones que minimice los insumos necesarios, especialmente abonos y fitosanitarios.

En las zonas altas de la provincia de Teruel, el frío, la aridez y la baja calidad de los suelos limitan en gran medida las alternativas posibles, y más, con la disminución de la cabaña ganadera que reduce las siembras de leguminosas empleadas como forraje. Pocos son los campos que se ven de esparceta, veza-avena, yeros, guisantes,… Y pocas son las zonas donde el girasol se cria con naturalidad. ¿Es acaso el barbecho la única alternativa real a los cereales en estos campos tan denostados?.

No, claro que no. ¿Quién no ha tenido que eliminar de sus campos y huertos los armuelles? ¿Sabemos que esta mala hierba tan habitual es ChenopodiumAlbum y la quinoa es Chenopodiumquinoa?. Si crece la una, ¿por qué no la otra?.

Desde hace seis años, Quinoa del Alto Teruel ha estado trabajando por introducir este cultivo en El Pobo, un municipio de la Comunidad de Teruel caracterizado por su altitud (1.400 msnm).

En este tiempo, además de ensayar en torno a 30 variedades de diferentes orígenes, latitudes, características agroclimáticas y fenológicas, hemos tenido el lujo de poder contar con visitas de expertos internacionales: el Dr. Ángel Mujica, Dra. Luisa Bascuñan, Dra. Irene Herencia, Dra. María Reguera, en el marco de convenios de colaboración entre la Universidad Autónoma de Madrid, la Universidad Nacional del Altiplano (Perú) y el Centro de Estudios Avanzados de Zonas Áridas (Chile).

Los resultados son más que satisfactorios. La quinoa es un cultivo adaptado que ofrece:

  • El profundo sistema radicular le permite extraer nutrientes y agua dónde no llegan los cereales. Además, los cristales de oxalato de calcio de sus hojas le permite extraer agua de la humedad ambiental. Bastan únicamente entre 150 – 200 litros durante el ciclo del cultivo para una producción adecuada.
  • Buena resistencia a granizo moderado
  • Buena relación entre su productividad y el precio de venta.
  • Bajo coste de oportunidad. Puede cultivarse con la misma maquinaria que los cereales.
  • Ciclo más corto que el girasol. Permite gestionar mejor la siembra del trigo siguiente en la rotación.
  • En los años del cultivo se han visto pisadas de jabalí rodeando el cultivo, sin entrar en él.
  • Es un cultivo asegurable y ya tiene cabida dentro de la declaración de la PAC.

Campo de quinoa en El Pobo (Teruel)

También tiene su tendón de Aquiles:

  • Es necesario garantizar una nascencia rápida y uniforme, pues es sensible al encostrado del suelo y muy apetecible para pulguilla, insectos, liebres, en sus primeros estadios
  • Sensible a altas temperaturas (> 35 ºC, en floración y llenado del grano).
  • El campo debe estar limpio pues no podremos aplicar herbicidas de hoja ancha.
  • En el momento de la cosecha, la panoja debe estar bien seca para que se desgrane bien.
  • La maduración debe ser uniforme debido a la dehiscencia del grano.

Actualmente el reto está en la transformación y en la comercialización de la quinoa.

En cuanto a la transformación se requiere de una seleccionadora con los tamices y sistemas de autolimpiado que permita eliminar los restos de cosecha sin excesivas pérdidas. Al ser un grano pequeño tiende a obturar las cribas. Puede ser necesario también el uso de mesa densimétrica, triarvejones,… Para el desaponificado se emplean pulidoras de arroz en seco o en húmedo, con resultados dispares. Emplearemos seleccionadoras de color para eliminar los granos de tamaño y densidad semejante a la quinoa. Al ser un producto sin gluten se debe prestar especial cuidado en evitar la contaminación de otros cereales, en el almacenamiento, procesado y transporte.

Vemos que para transformar el grano de quinoa en un producto agroalimentario se requiere un gasto en instalaciones y maquinaria difícilmente asumible para un agricultor aislado, sin que en la actualidad existan almacenistas que compren el grano sin procesar. Tampoco es sencilla la subcontratación del procesado al no existir maquinaria específica de quinoa y los costes del transporte de la materia prima hasta las zonas productoras de arroz elevan el coste del producto, amén de que los transformadores de arroz acepten procesar la quinoa y a qué coste.

Cosecha en El Pobo (Quinoa del Alto Teruel)

Por tanto se debe fomentar el cultivo de quinoa a través de cooperativas, empresas, o al menos, uniones de agricultores.

En cuanto a la comercialización cabe decir que la mayor parte de quinoa vendida en España procede de importación. La explosión de consumo de quinoa se ha producido más tarde que en países como EEUU, Francia, Alemania, Holanda o Reino Unido. Pero ha llegado. Cada vez más, la población está preocupada por una alimentación saludable y ya es un importante segmento de mercado, forzando a la industria alimentaria a lanzar productos que contengan quinoa.

Grano producido por Quinoa del Alto Teruel

Para un agricultor aislado no es fácil disponer del volumen de producto necesario para abastecer a un buen cliente de industria alimentaria, por lo que también, desde el punto de vista de la comercialización, se debe fomentar el cultivo de quinoa a través de cooperativas, empresas, o al menos, uniones de agricultores.

En conclusión, desde el punto de vista agronómico, la quinoa es un cultivo apto para entrar en rotación con los cereales de invierno, al menos en los ensayos efectuados en los secanos semiáridos de las tierras altas del Sistema Ibérico turolense, pero ofrece retos a superar en cuanto a la transformación y comercialización como producto agroalimentario.

José Luis Arrúe Ugarte
Departamento de Suelo y Agua
Estación Experimental de Aula Dei
Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC)

Según la Encuesta sobre Superficies y Rendimientos de Cultivos (ESYRCE) del MAPAMA correspondiente a 2017, la superficie de secano y regadío en Aragón ocupada por cereales grano fue ese año de 919.674 ha (77% en secano y 23% en regadío). Esa superficie, más la destinada a barbechos (444.895 ha), representa aproximadamente el 30% de la superficie total de Aragón. Dicho de otra manera, casi la tercera parte de los suelos de Aragón son suelos agrícolas dedicados a cultivos de cereal. Por otro lado, según el documento “La Producción Agraria en Aragón-Octubre 2017”, del Gobierno de Aragón, la cosecha de cereales de invierno en el secano aragonés en 2017 superó ligeramente la media de los últimos 25 años, y, en el caso del regadío, las producciones fueron un 50% superiores a la media del periodo 1982-2016. Globalmente, la producción de cereal de invierno en Aragón fue un 15% superior a la media del periodo 1982-2016. De todos estos datos podemos inferir que la superficie que ocupan en Aragón los suelos cerealistas es muy importante, que la productividad del suelo no parece empeorar con el tiempo y, por último, que para mantener y/o mejorar esa productividad debemos mantener y/o mejorar la calidad y salud de dichos suelos.

Sin embargo, los estudios edafológicos llevados a cabo durante las últimas décadas en los centros e institutos de investigación de Aragón han puesto de manifiesto la fragilidad de muchos de nuestros suelos cerealistas, por ejemplo, aquellos que en los secanos áridos y semiáridos del centro de Aragón están dedicados al cultivo de “año y vez”. Este sistema de cultivo conlleva largos periodos de barbecho, durante los cuales el suelo, desnudo o desprovisto de una cubierta vegetal adecuada, queda a merced de la acción del viento y del agua, lo que puede suponer, sin duda, importantes pérdidas de suelo y nutrientes. En general, el suelo agrícola de las zonas cerealistas de Aragón se caracteriza por un bajo contenido en materia orgánica y un alto riesgo de degradación (erosión, salinización, pérdida de estructura, pérdida de materia orgánica), lo cual está directamente relacionado con su manejo agrícola, basado en muchos casos, en un laboreo intensivo del suelo, y en algunas zonas, como se ha indicado, en la rotación cereal-barbecho. Pero, ¿de qué herramientas disponemos para proteger y conservar los suelos cerealistas de Aragón?

En el contexto legislativo europeo, y a diferencia de lo que sucede con el agua y el aire, que poseen sus propias directivas marco, el recurso suelo carece aún de una directiva específica, un marco de actuación comunitario, que vele, globalmente, por su protección y conservación. En 2006, la Comisión Europea aprobó la Estrategia Temática para la Protección del Suelo en la Unión Europea [COM(2006) 231]. En síntesis, el objetivo de esta estrategia es la protección del suelo y la preservación de su capacidad de desempeñar sus funciones ecológicas, económicas, sociales y culturales, y se articula en torno a cuatro pilares fundamentales: (1) una Directiva marco cuyo objetivo principal sea la protección y la utilización sostenible del suelo; (2) la integración de la protección del suelo en la formulación y aplicación de las políticas nacionales y comunitarias; (3) mejorar la falta actual de conocimientos en algunos ámbitos de interés, mediante investigación respaldada por programas nacionales y comunitarios; y (4) aumentar la sensibilización del público en cuanto a la necesidad de proteger el suelo. Sin embargo, el primero de ellos, el pilar más importante, esto es, la propuesta de Directiva marco [COM(2006) 232] o ley europea para la protección del suelo, cuya lectura recomiendo, no ha sido aún construido. En 2014, después de ocho años de bloqueo por parte de una minoría de Estados miembros, que, aparentemente, alegaron razones de subsidiariedad, costes excesivos y cargas administrativas, la Comisión Europea, lamentablemente, optó por retirar oficialmente, por obsoleta, su propuesta de directivamarco para la protección del suelo (OJ C 153 de 21 de mayo de 2014).

De entre las distintas amenazas que, globalmente, han sido identificadas para los suelos europeos, la erosión hídrica, la erosión eólica, la pérdida de materia orgánica, la compactación, la salinización, la desertificación y, en menor medida, las inundaciones y los corrimientos de tierra, afectan en muy diverso grado a los suelos cerealistas de Aragón. La protección de estos suelos frente a estas amenazas requiere un manejo sostenible de los mismos y, para ello, la adopción de prácticas de agricultura de conservación -basadas en la reducción del laboreo, el mantenimiento de una adecuada cubierta vegetal sobre el suelo y la rotación de cultivos- puede ser una estrategia viable, al menos así lo indican los resultados de los proyectos que hemos llevado a cabo en las dos últimas décadas, en estrecha colaboración con el grupo de Sistemas Integrados de Producción Agrícola Extensiva en Zonas Mediterráneas de la Universidad de Lérida, como Unidad Asociadaal CSIC a través de la Estación Experimental de Aula Dei.

Aspecto de la superficie del suelo de un campo de barbecho tras laboreo tradicional (pase con arado de vertedera + pase con rulo compactador) (izquierda) y laboreo reducido (pase con chisel) (derecha) para el control de la erosión eólica en Villafranca de Ebro, Zaragoza (proyecto WELSONS).

Pero, aparte de las prácticas de agricultura de conservación, cuya adopción cada agricultor deberá valorar según las características de su explotación, la protección y conservación de los suelos cerealistas en Aragón depende en gran medida del cumplimiento de la condicionalidad de las ayudas de la Política Agraria Comunitaria (PAC), según la normativa de la Comunidad Autónoma vigente cada año. El desarrollo de los proyectos de los grupos operativos de la Asociación Europea para la Innovación (AEI) en el marco del Programa de Desarrollo Rural para Aragón 2014-2020, especialmente los relacionados con la productividad y sostenibilidad de las explotaciones agrarias y la protección del medio ambiente, puede ser también un buen instrumento para sensibilizar al sector sobre la necesidad e importancia de la conservación del suelo en Aragón. En cualquier caso, una directiva europea específica para la protección del suelo aumentaría, sin duda, la eficiencia en la conservación y mantenimiento de las funcionesde nuestros suelos. ¿Lo veremos?

Carlos Caamaño Cavero
Timac Agro España
carlos.caamano@timacagro.es

La agricultura, como el conjunto conocimientos relativos al cultivo de la tierra, ha evolucionado en paralelo al ser humano. Se empezó con una agricultura de subsistencia que, poco a poco, fue tecnificándose, industrializándose e innovando muy de la mano de la mecanización del sector.

Actualmente vivimos dicha evolución en base a la información y la precisión en diferentes segmentos, lo que nos ha llevado a catalogar a la agricultura actual como agricultura 4.0. Dentro de esta catalogación existen muchos parámetros participantes, pero solo uno es el que apoya a todos los demás: la nutrición vegetal.

Para poder abordar nuestra estrategia de producción en cada campaña, tenemos que trabajar el concepto de ´nutrición excelente´. Cualquier factor nutricional que no atendamos, hará disminuir nuestro potencial máximo de producción. Por ello no solo tenemos que abordar la nutrición desde el punto de vista de aportar fertilizantes y que la tierra y los cultivos los gestionen como puedan, ya que esto sería propio un concepto de nutrición convencional.

En Timac AGRO consideramos imprescindible trabajar desde el punto de vista de la especialización nutricional para reducir o anular los excesos que el suelo y planta no pueden gestionar contribuyendo a una nutrición sostenible.

Desde nuestros orígenes en 1908 apostamos por el I+D+I como la clave para desarrollar productos de alto valor añadido que den soluciones a las necesidades específicas de la agricultura actual.

Esto nos ha llevado a establecer estrechos acuerdos de colaboración con diferentes centros de investigación y universidades de todo el mundo, entre los que cabe destacar la Cátedra Timac AGRO - Universidad de Navarra. Además, Timac AGRO cuenta con un importante motor de innovación en Saint-Malo, Francia. El denominado Centro Mundial de la Investigación Grupo Roullier, cuenta con 400 investigadores cuyo objetivo es la generación y desarrollo de nuevos productos para el mercado agrícola y ganadero.

La base de ese trabajo se encuentra en el desarrollo de tecnología nutricional, denominada especificidad, y que se sostiene mediante patentes internacionales. Este tipo de tecnología  aporta al cultivo mecanismos de gestión de los nutrientes basados en los momentos de demanda, dependiendo del estado fenológico en el que se encuentran.

Nuestra tecnología es muy diversa y a la hora de trabajar con cultivos extensivos o frutales de hueso intervienen de una forma u otra. Para los cultivos extensivos es de suma importancia poder aportar productos que aguanten en nuestro suelo con la mayor eficiencia posible. De esta forma potenciaremos la estructura del cultivo, el ahijado, los procesos de producción y llenado de grano. Respecto a los frutales hay que trabajar muy bien la parte nutricional pero también la motivación hormonal y de sistemas defensivos que nos ayuden a mantener los órganos productivos en las mejores condiciones y que, además, se potencie la maduración de los frutos con las mejores condiciones de calidad física y organoléptica. Algunos de los desarrollos tecnológicos que tenemos, trabajan de la siguiente forma:

  • En los momentos de abonado de fondo y cobertera, trabajamos el concepto de nutrición a demanda y mejora de la asimilación de los nutrientes. En este sentido tenemos tecnologías que protegen los nutrientes contenidos en el abono para que solo se disponga de ellos en los momentos de necesidad de cultivos como el cereal. Las raíces segregan una serie de sustancias en los momentos de necesidad que este tipo de tecnología reacciona químicamente para aportar los nutrientes necesarios. Con esto se consigue que los elementos químicos no reaccionen con el suelo y sí con la planta y, por lo tanto, reducir las pérdidas de elementos como el nitrógeno que pueden contaminar la atmosfera o las aguas subterráneas.

         

En momentos de estrés o de alta necesidad de aporte en estados fenológicos más sensibles, trabajamos el concepto de bioestimulación. Nuestra tecnología trabaja a muchos niveles de reacción del cultivo. Potenciando el volumen de raíz y pelos absorbentes, procesos enzimáticos para hacer más eficiente la transformación y envío de los nutrientes a los órganos más jóvenes; aumentar y mejorar el sistema defensivo, potenciar la vida microbiana del suelo para mejorar la mineralización de los nutrientes del suelo, anular el efecto negativo de la salinidad del suelo, motivar la síntesis hormonal para mejorar la eficiencia hídrica y nutricional, etc.

  • También estamos trabajando la utilización de microrganismos como las bacterias PGPRs y los hongos micorrízicos. Hemos creado una molécula promotora de la quimiotaxis (QAP) que nos ayuda a la potenciación de la simbiosis entre el hongo-raíz. Así, conseguimos que tanto cultivos extensivos como frutales de hueso estén potenciados a lo largo del ciclo productivo. Aprovechando el conocimiento que tenemos de los microrganismos y el suelo combinamos la tecnología QAP con la tecnología RHIZORG para poder combinar la potenciación de la población microbiana del suelo, con el aprovechamiento de sus reacciones. Así conseguimos un uso sostenible del suelo, pero a la vez potenciado.

Todo esto y mucho más es la base de innovación que desde Timac AGRO proponemos para conseguir una agricultura más sostenible a través de mecanismos nutricionales de alta especialización. La agricultura ecológica es una realidad, pero la agricultura sostenible es el camino, nuestra tecnología apoya la evolución de estos dos conceptos.

Rosendo Castillo
Cingral
rcastillo@cingral.com

El día que escribo este artículo se clausura la FIMA de todos los récords. Cantidades ingentes de tecnología que vienen para quedarse en el sector. Un sector forzado a enfrentar sus asignaturas pendientes, como todos.

Una asignatura pendiente del agro español se llama Unidades de Producción competitivas.

La agricultura productora de alimentos no escapa a la globalización y a sus exigencias de mercado. Debe ser altamente competitiva y ambientalmente sostenible, por tanto, muy profesionalizada. Además, no debe estar lastrada por costes excesivos de ningún tipo.

Para poder producir en ese escenario se requieren explotaciones (Unidades de Producción) de tamaño suficiente para que todas y cada una de las inversiones y de las labores de explotación se puedan hacer de forma viable. Este factor de tamaño es especialmente exigente en el caso de la producción en regadío de cereales y de forrajes para el ganado. Casi podríamos decir sin temor a equivocarnos que todas las explotaciones son pequeñas.

En general, la realidad de la estructura de la propiedad es bien diferente: Muchas parcelas de tamaño insuficiente y geometrías que penalizan cualquier inversión y/o labor. En el caso de las huertas tradicionales o de ribera es especialmente desfavorable y el grado de abandono no deja de aumentar.

Tradicionalmente, la única aproximación al problema se hace mediante la Concentración parcelaria, herramienta extraordinariamente robusta jurídicamente en España y conocida por las Administraciones con responsabilidades en la materia.

Como contrapartida se podría hablar de que se trata de un proceso lento y caro que no permite actuar de una forma global en el territorio.

Además, y más importante desde mi punto de vista, no resuelve el tamaño final de la mayor parte de las propiedades concentradas. Es decir, la mayoría de los propietarios concentrados seguirán teniendo unas propiedades más valiosas que antes, pero inviables por sí solas.

Actualmente ya existen algunos ejemplos de una forma diferente de abordar el problema del tamaño, la asociación voluntaria para su explotación conjunta.

Me voy a centrar en un ejemplo en explotaciones de regadío en Biota, Zona Regable de Bardenas en la provincia de Zaragoza.

Se aprovechó el momento de la modernización de sus infraestructuras de regadío para adaptarse a la realidad social del momento. Año 2008.

Se partía de 1200 ha de terrenos gravosos, de “saso”, divididas en 650 parcelas, regadas por inundación con elevadas pérdidas de agua, de horas de trabajo para regar y para mantener las acequias y desagües.

Los bajos rendimientos y la poca variabilidad posible de los cultivos hacían que las parcelas fuesen muy poco competitivas y, en consecuencia, de escaso valor.

La Junta de Gobierno de la CR adoptó la decisión de crear explotaciones más viables y rentables. Decidió que se hiciera la modernización pensando en el número de agricultores (35) a título principal y no en el de propietarios. La finalidad, reducir costes de inversión en red primaria, equipamientos de parcela y costes de producción. Tras la modernización las parcelas tenían una media de 30 ha con altos rendimientos de un mayor número de cultivos. Hubo una gran revalorización del valor de la tierra.

En el año 2011 empezó la explotación de todo lo concebido y construido desde el 2008.

Durante estos años se van reduciendo el número de los agricultores y se empieza a producir otro fenómeno complementario, la explotación conjunta de varias de esas parcelas presuntamente viables recién estrenadas.

En el año 2018 la realidad es que el 25% de la superficie de la CR se cultiva de forma conjunta por parte de la cooperativa del pueblo. Que necesitan contratar un técnico para hacerlo de forma cada vez más profesional y porque ven que el proceso de explotación conjunta va a seguir aumentando en los años venideros. Es decir, aun pensando en el presente nos quedamos cortos y la realidad nos muestra la necesidad de ser mucho más ambiciosos en las soluciones.

Escenarios similares son cada vez más frecuentes en toda la geografía española.

Hay muchas zonas en las que no es realista plantear iniciativas similares. Ahora bien, en cuanto las Administraciones competentes incentiven el que este tipo de acciones sean fáciles y baratas, empezarán a multiplicarse. Por pura necesidad.

En este momento hay una gran parte de los agricultores que empiezan a tomar conciencia de que el individualismo tradicionalmente asumido es un escenario con muy poco futuro. Las inercias y los intereses a muy corto no dejan ver a veces la realidad que se aproxima a gran velocidad.

Los agricultores de cereales y forrajes de regadío deben elegir si se organizan para dar un paso al frente que les permita mantener su patrimonio y, en algunos casos, sus explotaciones ò bien se van a dejar engullir por grupos empresariales interesados en la actividad a escala industrial. El primer escenario les permitirá seguir habitando el medio rural. El segundo les invitará a dejarlo.

Se trata, además, de conseguir que el problema patrimonial que se deja a los hijos se convierta en una ayuda. Ayudar a los patrimonios a ser productivos, y por tanto, valiosos.

 

Gregori Sarabia
 Agrusa
agrusa@agrusa.com

El trigo y la cebada ocupan la mayor superficie de cultivo en España, son cereales básicos, tanto para la alimentación humana como animal. Para su desarrollo desde la siembra hasta la recolección, se han de cumplir una serie de requisitos que en ocasiones plantean dudas y que a continuación intentaremos desarrollar.

Época y dosis de siembra

Dentro de las variedades a sembrar, tanto en trigos como cebadas, podemos distinguir dos grandes grupos:

  • Los trigos y cebadas de invierno o ciclo largo
  • Los trigos y cebadas de primavera o ciclo corto

Los trigos y cebadas de invierno tienen una parada invernal más o menos acentuada, que implica la necesidad de acumular horas de frio para llegar a espigar, por lo que necesitan ser sembradas en una época que permita cumplir ese requisito, que es básicamente dentro de los meses de Octubre y Noviembre. Para las variedades que tienen mayor necesidad de acumular horas, su mejor fecha se dará dentro de Octubre y se tendrá que evitar las zonas de inviernos suaves.

Los trigos y las cebadas de primavera, también alternativas, no tienen esa necesidad, por lo que pueden sembrarse más tarde y también en zonas cálidas; sus fechas más indicadas de siembra será desde mediados de Noviembre a Enero las variedades alternativas y de Diciembre a Febrero las de primavera.

Se está observando en los últimos años, la siembra de variedades alternativas en épocas más adecuadas para variedades invernales, que a pesar de tener buenos resultados, se corre el riesgo de exponerse a graves pérdidas por su mayor sensibilidad al frio y a las enfermedades fúngicas.

En referencia a la dosis de siembra, existe la costumbre de usar más Kgs/Ha. de lo necesario, lo que comporta más gasto, mayor riesgo de encamado y de enfermedades foliares.

Las recomendaciones de los Organismos Técnicos de las Autonomías y de las Entidades que comercializamos semilla certificada para calcular la dosis de siembra, se ciñen básicamente  en tomar como referenciael peso de mil granos (PMG) de la variedad, que es:

  • Trigo blando 450 semillas m2
  • Trigo duro 500 semillas m2
  • Cebada 350 semillas m2

En buenas condiciones de siembra, se puede disminuir hasta un 20% la dosis y en el caso contrario la tendremos que aumentar hasta un 20%.

Es importante que el agricultor se informe de la recomendación que hace la casa de su variedad, dentro de la misma especie puede haber diferencias de hasta 40 Kgs. en Ha. Según sea el PMG. Como ejemplo podemos ofrecer datos en esta campaña pasada, de nuestras variedades de trigo RIMBAUD y GARCIA, que se podían sembrar con 189Kgs/Ha. y 207Kgs./Ha. Respectivamente, ya que el PMG del RIMBAUD era de 42 gramos y el de GARCIA era  46 gramos. Se ha de tener en cuenta que nuestra climatología hace que la misma variedad pueda variar significativamente el PMG de un año a otro.

Variedades

En los últimos diez años, la oferta varietal ha tenido un aumento notable, sobre todo en trigo blando, lo que hace que el agricultor tenga cada vez más dificultad a la hora de elegir la variedad a sembrar.

La mejora de la productividad en trigos, se considera en cerca de 60 Kgs/Ha. y año, siendo las variedades responsables aproximadamente del 50%, correspondiendo el resto a la mejora de las técnicas de cultivo, abonados, etc. Dado que son responsables de una parte importante del aumento del rendimiento, recomendamos al agricultor que se informe principalmente a través de la red de ensayos que tiene cada Autonomía y que se resume en el organismo creado por estas con la colaboración de las Entidades productoras,  que es el GENVCE (Grupo para la Evaluación de las Nuevas Variedades de Cultivos Extensivos en España).

Cuando vamos a elegir una variedad para sembrar, nuestra prioridad es la productividad, pero dado que cada vez es mayor el grupo de variedades con un techo productivo alto, tenemos que empezar a dar mayor importancia otros caracteres:

  • - En las zonas de secano es muy importante sembrar variedades precoces, aunque no sean las que tienen mayor techo productivo, dado que son menos perjudicadas por los golpes de calor y la sequía de fin de ciclo.
  • - En regadío y secanos frescos es recomendable la siembra de variedades, que teniendo un techo productivo alto, tengan una mejor tolerancia a las enfermedades fúngicas (básicamente oidio, royas, septoria y fusarium en trigos, oidio, Rinchosporium y Helmintosporium en cebadas).
  • - En trigos, si existe la posibilidad de ofrecer partidas homogéneas, la industria harinera valora de una manera importante los trigos de fuerza y harineros que cumplen los requisitos de fuerza, proteína y extensibilidad principalmente. En cebadas, la industria Maltera bonifica las variedades que una vez analizadas, cumplen los parámetros de calidad establecidos (pureza varietal, proteína, calibre, germinación) y que son recomendadas en la publicación que suelen editar cada año.

Si el Agricultor va a sembrar trigo o cebada, en una superficie que podemos considerar grande, no debe utilizar solo una variedad, por buena que sea la que quiere sembrar, dado que la gran variabilidad climatológica que tenemos en España, un año favorecerá a las más precoces, que responden mejor a las adversidades en fin de ciclo, puede favorecer a las más tolerantes a enfermedades fúngicas, si se da una primavera húmeda de temperaturas medias o puede favorecer a la variedad invernal más larga, si durante el fin de ciclo las temperaturas son suaves, lo que permite que pueda granar con un peso específico alto. Dado que no existe la variedad que reúna todas las cualidades, es mejor sembrar dos o tres con diferentes virtudes.




Francisco Batlle
Semillas Batlle S.A.
paco.batlle@semillasbatlle.com

La CEBADA fue base de la dieta de las antiguas civilizaciones (por ejemplo, los gladiadores romanos se llamaban hordearii porque su dieta era en base a este cereal).

La CEBADA perdió protagonismo en la alimentación humana al ser desbancada por el trigo (ya que tiene mejor gluten y mayor facilidad a ser horneado) quedando relegado su uso sólo prácticamente para la producción de cerveza y para la alimentación animal.

La CEBADA posee propiedades saludables para la salud humana en particular por sus efectos hipocolesterolémicos e hipoglucémicos. La American Food and DrugAdministration (FDA) ha reconocido la estrecha asociación entre el consumo de cebada y reducción del riesgo coronario y otras enfermedades del corazón (http://www.fda.gov/ohrms/dockets/98FR/04p-0512-nfr0001.pdf). La Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria (EFSA) paralelamente ha señalado que los betaglucanos de avena y cebada mejoran la concentración de colesterol en la sangre, aumentan la saciedad reduciendo la ingesta de energía y la respuesta glucémica postpandrial, mejorando la función digestiva (http://www.efsa.europa.eu/en/efsajournal/pub/2207.htm). Más recientemente, los beta glucanos de la cebada (fibra soluble que se encuentra en el endospermo del grano) también están recibiendo mucha atención como potenciadores del sistema inmunológico animal contra enfermedades infecciosas y algunos tipos de cáncer, a través de la unión de receptores macrófagos y otras células blancas de la sangre y su posterior activación que inducen una cascada de eventos de respuesta inmunológica (por ejemplo, sin entrar en literatura especializada, https://en.wikipedia.org/wiki/Beta-glucan ). Tres gramos de betaglucano de cebada al día son suficientes para conseguir estos efectos beneficiosos.

A partir de cruces con antiguas variedades de origen nepalí se han conseguido en España variedades de cebada comestibles, desnudas (sin cubiertas seminales y apariencia como la del trigo), con alto contenido en beta glucanos y buen comportamiento agronómico.

FOTO CEBADAS DESNUDAS

Están en inscripción en el Catálogo Nacional 3 variedades llamadas ANNAPURNA, RAJAPANI y KAMALAMAI obtenidas en colaboración entre EEAD-CSIC (Doctor Luis Cistue), la Universidad de Lleida (Doctor Ignacio Romagosa) y Semillas Batlle SA. Estas variedades son desnudas y con un contenido en betaglucano de hasta el 10% de su peso. Las denominamos comercialmente variedades y harina BETANUD®..

Por otra parte, el pan sigue siendo en occidente la base de la alimentación. Su consumo, gracias a sus excelentes y saludables cualidades alimentarias, es notable. La OMS recomienda comer 90 kilos de pan al año. En España comemos sobre 55 kilos por persona y año. Se están recuperando panes artesanales, además se vuelven a utilizar antiguas especies y por ejemplo Semillas Batlle está obteniendo nuevas variedades de trigo de excelente calidad panadera y altísimo contenido en proteína.

Todas estas circunstancias han permitido que con la colaboración del  PCTAD (Fundación Parque Científico Tecnológico Aula Dei) y del prestigioso elaborador de pan Iban Yarza, se hayan producido panes en base a una harina elaborada con un 20-30% de estas cebadas de alto contenido en beta glucanos  y un 80-70% de trigo. Los resultados han sido espectaculares. Se han conseguido panes de textura, color, aroma y calidad parecidos o superiores al pan de trigo puro y el porcentaje betaglucano se ha conservado en todo el proceso de fabricación.

FOTO PANES CON HARINA DE CEBADA BETANUD®

Así pues, se puede afirmar que el pan anti colesterol ya puede pasar a ser una realidad para poder formar parte de la dieta diaria de cualquier consumidor español.

Hay que tener en cuenta que algo más del 50% de la población adulta tiene el índice de colesterol alto con los posibles problemas que se pueden derivar.

El pan anti colesterol nos permitirá, sin variar nuestras costumbres alimentarias, de una forma muy sabrosa y muy económica controlar nuestro nivel de colesterol en sangre.

Con el consumo diario de unos 200 gramos de pan anti colesterol, junto con una dieta saludable y un estilo de vida sano se podría conseguir regular muy favorablemente nuestra salud cardiovascular.  

Ignacio Sánchez 
Arvensis Agro S.A.
isanchez@arvensis.com

Desde Arvensis queremos contribuir a explicar la naturaleza y uso de los Productos Bioestimulantes. Se necesitan más esfuerzos en este sentido dado el desconocimiento actual sobre Bioestimulantes y la evolución comercial a mayor velocidad que el marco normativo.

Rogamos al lector que nos conceda unos párrafos para contextualizar la oportunidad y necesidad de los Bioestimulantes. Queremos reflexionar sobre las limitaciones de una fertilización química basada principalmente en los elementos principales nitrógeno (N), fósforo (P) y potasio (K). Es preocupante que esta ponderación cuantitativa haya conformado mayormente nuestra herencia sobre la racionalización conceptual de la fertilización.

Los grandes logros experimentados en la llamada primera revolución verde se concibieron en condiciones muy concretas. Sin embargo, el modelo se ha exportado fulminantemente a todo el mundo, a cualquier cultivo y condición agro-ambiental. La revolución verde se gestó en torno a la valiosa selección mejicana de trigos resistentes a enfermedades, con altos umbrales de rendimiento y con genes enanizantes que, en un contexto de suelos empobrecidos y de transformación a regadío, permitieron intensificar sobresalientemente la fertilización mineral basada en N-P-K evitando los problemas de encamado asociados. Aquel escenario fue el de unos pocos cultivos principales (trigo, maíz y arroz) orientados a alimentar masivamente a un elevado porcentaje de población hambrienta basada en métodos productivos básicos y rudimentarios. Sería tremendamente injusto restar mérito a una iniciativa tan exitosa, fundamental y oportunacomo la capitaneada por el premio nobel Norman Borlaug. No obstante, debemos ser conscientes de que el contexto en el que se desarrolló la revolución verde es muy distinto al actual de muchas realidades agro-económicas. Aquellos trigos de alto potencial productivo reaccionaron excelentemente bien a la fertilización mineral N-P-K en aquellos suelos empobrecidos de Méjico. Aquel escenario de “desatención” agronómica estaba libre de muchos de los problemas actuales como: salinización y bloqueos por pH tras años de aportacionesde grandes cantidades de sales minerales en un escaso volumen de suelo regado (riego localizado), empobrecimiento de vida microbiana por el uso y abuso de los plaguicidas, etc.

La intensificación de la agricultura, la aportación de gran cantidad de sales nitrogenadas, fosfóricas y potásicas, la eliminación de “impurezas” en los abonos, el abandono de las estercoladuras, etc. propició un escenario de desbalances entre elementos, cambios de pH, carencias de elementos secundarios y micronutrientes al que quiso hacer frente una oleada de correctores de carencias de uso principalmente foliar. La comprensión de las carencias en base a antagonismos, bloqueos y problemas de pH, más que a una ausencia del elemento, impulsó la aparición de productos quelatados y complejados. A pesar de llevar en el mercado varias décadas, son productos cuyo uso e importancia no son aun suficientemente compartidos. Gran parte de la desatención que han sufrido los micronutrientes ha sido por una comprensión cuantitativa de la fertilización: los elementos principales y secundarios se cuantifican en tantos por ciento (respecto al peso seco del cultivo) mientras que los microelementos se cifra en partes por millón. En el caso del Silicio, pese a que su contenido en cultivos como el arroz o el maíz es mayor que el contenido en P o K, no esa un reconocido como esencial al no haber podido esclarecerse su funcionamiento metabólico.

La historia de la fertilización se ha escrito sobre una trayectoria de ineficiencia. Hemos asumido naturalmente las curvas de respuesta no proporcional de los abonos N-P-K con laúnica premisa de que el aumento de rendimiento fuera capaz de rentabilizar el aumento en la carga fertilizante. Este análisis implica, por un lado, renunciar a rendimientos superiores si solo confiamos en los abonos tradicionales y, por otra parte, seguir aumentando gravemente la carga de sales de suelo para alcanzar rendimientos aceptables.

Es aquí donde en la opinión de Arvensis radican las principales carencias de la conceptualización de la fertilización y la gran oportunidad que ofrecen los Bioestimulantes: la fertilización de cultivos ha prestado especial atención a los tres elementos principales N-P-K por ser los componentes presentes en mayor proporción en los cultivos. No obstante, esto no es cierto, o lo es solo en base a la porción de cenizas. A groso modo, el 80% de una planta es agua. De la porción seca, solo un 5% lo constituyen elementos minerales mientras que el 95% lo forman carbono, hidrógeno y oxígeno. ¿Qué argumentos nos han llevado con tanta facilidad a obviar los principales ingredientes de la vida vegetal? ¿el funcionamiento de un organismo vivo se reduce a sus cenizas? ¿somos conscientes de por qué y para qué necesitan el agua los cultivos? ¿quién piensa en la fotosíntesis cuando fertiliza pese a ser el principal proceso en la formación de tejidos y energía? El N es el componente mayoritario del aire, entonces ¿por qué necesitamos aportarlo en tanta cantidad y tan frecuentemente? ¿porqué nos mostramos reacios a productos orientados según estas preguntas -como los Bioestimulantes- mientras seguimos invirtiendo en abonos y fitosanitarios para los que no obtenemos respuestas proporcionales?

¿Qué son los Bioestimulantes? La definición del Dr. Patrick Du Jardin es quizá la más extendida: un Bioestimulante es cualquier sustancia o microorganismo que, al aplicarse a las plantas, es capaz de mejorar la eficacia en la absorción y asimilación de nutrientes, la tolerancia al estrés biótico o abiótico o mejorar alguna de sus características agronómicas, independientemente del contenido en nutrientes de la sustancia. Dentro de esta familia podemos encontrar a los ácidos húmicos y fúlvicos, los aminoácidos y mezclas de péptidos, los extractos de algas y plantas, microorganismos beneficiosos, el quitosano y otros biopolímeros, compuestos inorgánicos como el silicio, el cobalto, el níquel, el aluminio, etc. Efectos Bioestimulantes en base a diferentes sustancias aparecen continuamente a la vez que se descubren nuevos usos y aplicaciones para sustancias utilizadas desde hace tiempo. Debemos fraguar una nueva mentalidad y normativa si agricultores y consumidores queremos contar con la ayuda de bacterias que fijen N, solubilicen P, liberen K o sean antagonistas de patógenos, con la potencia de sustancias peptídicas que descontaminen los jugos celulares de componentes ROS (reactive oxygen species) acumulados durante períodos de estrés, con los beneficios de ácidos orgánicos que favorezcan la pre-asimilación de nutrientes en el continuum suelo-agua-raíz, la versatilidad de complejantes orgánicos que se unan a moléculas para protegerlas de la degradación UV y térmica o de la oxidación, etc.

Arvensis da la bienvenida a una etapa de grandes cambios en cuanto al desarrollo, comercialización y legislación de insumos agrícolas. La fertilización vegetal no puede ser meramente el aporte cuantitativo de minerales macro y/o micronutrientes a los cultivos. El planteamiento de la fertilización debe traspasar las barreras físicas de la planta basadas en el análisis del contenido mineral de sus tejidos. Los principios de fertilización deben comprender y atender los mecanismos biológicos de la vida vegetal y su interacción con el medio edáfico y aéreo que la rodea, prestando igualmente atención a los factores abióticos y bióticos. Nos acercamos a una época en la que la tradicional separación entre abonos y fitosanitarios es cada vez más diluida. Se aproximan fechas (2019?) en las que el marco legislativo europeo, impulsado por evidencias científicas y la realidad comercial, dará paso a nuevas categorías de productos Bioestimulantes cuyo etiquetado debemos empezar a conocer ya hoy.

España ha sido pionera desde hace años en Europa con un RD506/2013 sobre productos fertilizantes que ha dado forma a gran cantidad de productos no contemplados en una obsoleta y paralela normativa de abonos CE hecha a la medida de abonos minerales poco evolucionados. La evolución del progreso técnico y científico propicia el desarrollo de nuevos productos fertilizantes a mayor ritmo que su marco legislativo contemporáneo. Algunos de ellos, afortunadamente, como los fertilizantes que incorporan microorganismos que facilitan la disponibilidad de nutrientes para la planta han sido ya incluidos en la revisión del RD 506/2013 el pasado diciembre de 2017.

El marco legislativo del Reglamento CE 2003/2003 de Abonos CE que armoniza en el territorio UE los fertilizantes inorgánicos ha supuesto una dura limitación para el mutuo reconocimiento entre países de los abonos orgánicos tan necesarios y demandados por una creciente demanda de una agricultura cada vez más libre de “química”. Un proyecto de nuevo Reglamento UE de Fertilizantes es promovido desde 2009 para asegurar la libre circulación de productos en la UE para todos los Fertilizantes, en una legislación armonizada con marca CE. Con el objetivo de la CE de promover la innovación se abre la discusión sobre Bioestimulantes en 2012. La propuesta del futuro ámbito quedó decidido a principios del 2012 como Reglamento de fertilizantes, enmiendas calizas, enmiendas, medios de cultivo y bioestimulantes. En 2014 se han añadido los Aditivos de Fertilizantes como una categoría más que recogerá el futuro Reglamento. Una vez sea aprobado y publicado el futuro Reglamento (2019?) quedará derogado el R. 2003/2003, así como las legislaciones nacionales de los estados en materia de Fertilizantes. Habrá un único marco legislativo UE y un mercado sin barreras. No pretendemos crear alarma pero avanzamos rápidamente a tiempos de nueva clasificación de los productos, de requisitos mínimos y de etiquetado (por categorías y no por tipos como está ahora establecido). Es obligado, al menos, empezar a hablar de ello.

En el caso concreto de los Bioestimulantes, habrá un Registro único UE para los Bioestimulantes de las plantas (PB): Familia de productos independiente y diversa. No hablamos de la próxima década sino de los próximos dos-tres años. Que nadie ligado hoy a la investigación, comercialización o actividad agrícola se mantenga ajeno a los Bioestimulantes y a las oportunidades que brindan para nuestros cultivos y nuestro medio ambiente.

Jorge Álvaro Fuentes
Departamento de Suelo y Agua
Estación Experimental de Aula Dei
Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC)

Se podría decir que, en la actualidad, el porcentaje de la población que nunca ha oído hablar del cambio climático es prácticamente nulo. De igual manera, también se podría decir que la proporción de la población española que reniega del mismo es, hoy en día, mínima. Por desgracia, en las últimas décadas, el cambio climático ha pasado a ser una de las principales amenazas mundiales con una serie de repercusiones no solo ambientales sino también sociales y económicas. Las consecuencias que el cambio climático puede tener en un futuro próximo son preocupantes, especialmente para sectores como el de la agricultura en el que la climatología es uno de los principales factores que condicionan el éxito final de nuestras cosechas.

El cambio climático se genera por el incremento de la concentración de determinados gases presentes en la atmosfera. Estos gases, denominados ‘gases de efecto invernadero’, tienen la capacidad de absorberparte de la radiación, incrementando la temperatura de la superficie terrestre. Estos gases han existido siempre de manera natural en nuestra atmósfera, permitiendo la vida en nuestro planeta. El problema sucede cuando los niveles de estos gases aumentan sustancialmente a consecuencia de la actividad del ser humano y, de manera paralela, se acelera el incremento de la temperatura en la superficie terrestre.

Los gobiernos de muchos países, así como organizaciones y foros internacionales, están aunando esfuerzos con el fin de controlar las emisiones de gases de efecto invernadero que genera la actividad humana. Uno de los focos de atención sobre el control de estas emisiones está en la agricultura. Según datos del último informe del Panel Intergubernamental de Cambio Climático (IPCC, en inglés), la agricultura es la causa del 11% del total de emisiones directas de gases de efecto invernadero. A pesar de que esta cifra, a priori, pueda resultar de menor importancia (sobre todo al compararla con sectores como el energético o el industrial), hay que tener muy presente que el sector agrícola es el principal emisor de dos de los tres principales gases de efecto invernadero: el metano (CH) y el óxido nitroso (NO).

Dentro del sector agrícola son varias las actividades que generan estos gases de efecto invernadero. Así, por ejemplo, a escala global, los suelos agrícolas son los principales emisores de NO. En España, los suelos agrícolas son los responsables del 62% del total de emisiones de este gas. Esta cifra resulta más preocupante si, además, tenemos en cuenta que el NO tiene un potencial de calentamiento global 265 veces superior al del CO.La principal causa que genera los altos niveles de emisión de NO de los suelos agrícolas es la aplicación de fertilizantes nitrogenados. Los procesos de nitrificación y desnitrificación que se dan en los suelos tiene como subproducto este gas de efecto invernadero. Estos procesos, mediados por microorganismos, se generan de manera natural en todos los suelos de nuestro planeta. No obstante, cuando se fertiliza y se incrementan los niveles de nitrógeno de los suelos se estimulan los procesos de nitrificación y desnitrificación y, por tanto, la producción y emisión de NO. Por tanto, ante esta situación, una manera sencilla de mitigar o reducir los niveles de emisión de este gas en los suelos agrícolas consiste en ajustar las dosis de fertilización nitrogenada, con el fin de no aplicar más de lo que nuestro cultivo necesita. De esta manera, conseguiremos reducir las emisiones de NO y aumentaremos la eficiencia en el uso del fertilizante nitrogenado. En este sentido, realizar un análisis del suelo, con el fin de conocer los niveles de nitrógeno en los momentos de aplicación del fertilizante, y el posterior ajuste de las dosis de fertilizantepermitirán reducir las emisiones de NO. En relación con esto último, además de ajustar las dosis de fertilizante a las necesidades de los cultivos, con la aplicacióndel fertilizante en el momento adecuado (sincronizando al máximo la aplicación  de fertilizantecon los momentos de mayor necesidad nutricional del cultivo) conseguiremos un consumo de nitrógeno por la planta más efectivo, reduciendola producción y emisión de NO por los suelos agrícolas.

En relación con la fertilización, otra opción tecnológica disponible, con el fin de disminuir la emisión de NO, es la utilización de fertilizantes especiales que permiten ralentizar los procesos microbianos que ocurren de manera natural en el suelo (en concreto la nitrificación) y que favorecen la emisión de este gas. Estos productos, denominados inhibidores de la nitrificación, han resultado ser efectivos a la hora de reducir la cantidad de NO emitida por el suelo y disminuir las pérdidas de nitratos del suelo por lixiviacióny posterior contaminación de las aguas subterráneas. 

Otra opción interesante para reducir las emisiones de NO desde el suelo a la atmósferaes el uso de rotaciones de cultivos con leguminosas. Las leguminosas tienen la capacidad de fijar nitrógeno atmosférico por lo que no necesitan de fertilizantes nitrogenados para asegurar su producción. Además, los residuos de cultivos de leguminosas tienen una mayor proporción de nitrógeno en comparación con los residuos de otros cultivos, como los cereales. Esto último asegura una mayor cantidad de nitrógeno disponible en el suelo para el cultivo posterior a la leguminosa y, por tanto, una menor necesidad de fertilizantes nitrogenados con la consiguiente disminución de las emisiones de NO. 

Por tanto, tal y como hemos visto, existe un amplio margen de maniobra para disminuir el impacto de la actividad agrícola en el cambio climático. La optimización de la estrategia de fertilización puede significar una importante reducción en las emisiones de gases de efecto invernadero y, por ello, debe ser considerada junto a otras estrategias como el manejo del agua de riego o la reducción del laboreo.