Ernesto Igartua Arregui / 
Investigador Científico,
Estación Experimental de Aula Dei, CSIC, Zaragoza 

Si somos lo que comemos, ¿de qué estamos hechos? A nadie le sorprenderá saber que los cereales son una parte importante de nuestra dieta. Según la FAO, casi la mitad de las calorías que ingerimos viene directamente de los cereales (indirectamente, a través de los piensos, aún más). Esta cifra es algo inferior (un 30%) en los países desarrollados, como España, y algo superior en los países en desarrollo. Todos sabemos que los cereales son importantes, pero estas cifras no dejan de sorprender. Se podría decir que las sociedades actuales son “adictas” a los cereales. Sin entrar a juzgar si esta adicción es buena o mala, el hecho incontestable es que son el puntal esencial de la seguridad alimentaria.

La presencia de los cereales en la agricultura española es más que respetable, como demuestran estas otras cifras: de todo el territorio español (504.000 km), un sorprendente 12,5% (18% en Aragón) está ocupado, cada año, por cultivos de cereales. De toda la superficie dedicada a producir cultivos, el 37% está sembrado con cereales (el 50% en Aragón), hasta el punto de ser el factor dominante de los paisajes de buena parte de la España interior. Es una “despensa” enorme, aunque insuficiente. España es deficitaria en cereales, con una balanza comercial negativa (y creciente) de unos 9-10 millones de toneladas por año durante este siglo, así que no podemos descuidar su producción. Sin dar más cifras, es fácil intuir que la importancia económica es también de primera magnitud. Así que, tanto desde el punto social (seguridad alimentaria, fijación de población), como del económico y medioambiental, la producción de cereales afecta a los tres pilares básicos de la sostenibilidad. Más nos vale cuidar y atender con mimo a estos recursos, absolutamente estratégicos.

¿Qué ha hecho la investigación por los cereales? Las variedades que consumimos ahora tienen poco que ver con las que se cultivaban hace 50 o 100 años. En especial, porque son mucho más productivas, gracias a la investigación. La tasa de incremento de la productividad en los cereales va de los 20 a los 200 kg de incremento por hectárea y ¡por año¡, en los sistemas en los que se ha evaluado con detalle. Esos incrementos son atribuibles en similar medida a la mejora genética y a la mejora de factores agronómicos. Si queremos seguir comiendo en un mundo con mayor población y sin tierras de cultivo adicionales, tenemos que plantearnos estrategias para seguir aumentando la productividad, persiguiendo lo que se ha dado en llamar la “intensificación sostenible”.

¿Se presta suficiente atención a la investigación en cereales en España? Respuesta rápida: no, como ocurre en todos los campos de la investigación española. Sin embargo, incluso en la penuria en la que nos movemos, los cereales parecen especialmente marginados. Sin salir de la agricultura, hay otras especies más llamativas, hortícolas y frutales, que atraen más la inversión y el interés del público. No se me entienda mal, no sugiero que se invierta menos en esos cultivos, pero los humildes cereales no reciben en nuestro país la atención que merecen como pilares de la alimentación.

No todo es negativo. Hay algunos motivos para el optimismo. En España hay investigación pública relevante a nivel internacional en los distintos cereales, con algunos “primeros espadas” y una “clase media” muy digna. Hay también un sector empresarial, tanto de pymes como de grandes empresas, que empieza a comprender los beneficios de la investigación y del desarrollo de productos propios. Otra buena noticia: disponemos de algunas herramientas únicas para ello. En España tenemos la gran suerte de contar con una riqueza de diversidad genética de cultivos como el trigo, la cebada o la avena, mayor que en el resto de países europeos. Además, aún se ha usado relativamente poco para obtener variedades mejoradas. Esta diversidad es un cofre del tesoro genético aguardando a ser descubierto y explotado, con la inapreciable ayuda de los avances de la biología moderna.

¿En qué más tenemos que poner nuestros esfuerzos e inversiones? Las conclusiones de una reciente acción de prospectiva impulsada por el INIA se publicaron en Vida Rural (01-05-2015). En ellas se reflejaron las preocupaciones de los sectores público y privado involucrados en la I+D+i en cereales en España. Se destacaron como principales áreas de actuación: el fomento de la transferencia de resultados al sector privado; el aumento de la productividad y de la resiliencia de los cultivos y agroecosistemas; el desarrollo de una agricultura eficiente en el uso del agua; el control de los estreses bióticos, enfermedades, plagas y malas hierbas; el ya mencionado uso de la diversidad genética local en la mejora; el aumento de la calidad del material vegetal de propagación; el incremento de la calidad de los cereales y de sus productos derivados; el fomento de una fertilización adecuada, precisa y sostenible de los cultivos de cereales; el uso de técnicas de laboreo, rotaciones de cultivos y agricultura de precisión adaptadas a los cereales; el estudio del efecto de los cereales sobre la salud; y las evaluaciones de los efectos de la PAC y otras políticas agroambientales. Así que sabemos lo que hay que hacer y hay gente que sabe cómo llevarlo a cabo. Hay que impulsar foros de comunicación y cooperación, como RICA, dotar de capital humano y económico a las actuaciones estratégicas y esperar a los resultados. Nuestra comida depende de ello.

Avda Montañana 1005, 50059-Zaragoza

 

Miguel Gutiérrez López/
Unidad de Cultivos Herbáceos
Centro de Transferencia Agroalimentaria (CTA)

El día 30 de mayo del presente año se celebró en Zuera lo que fue la Jornada Técnica de Transferencia en cereal de invierno, bajo el lema “Semillas de Aragón, calidad e innovación”, una jornada que congregó a más de 600 personas relacionadas con el sector productor, semillista, sector cooperativo, técnicos y profesionales relacionados., comunicadores agrarios.

Una de las actividades más reconocidas en el sector cerealista, ejecutado por el mismo Departamento de Desarrollo Rural y Sostenibilidad desde hace más de tres décadas está relacionada con uno de los factores de producción más importantes en el éxito de las explotaciones agrarias y por lo tanto determinante en los resultados finales, la semilla.

Desde las administraciones públicas se lleva trabajando desde entonces en la defensa de los intereses de los agricultores, el control de las empresas, garantizando el funcionamiento del sistema de certificación, la promoción de semilla certificada como fuente de innovación y de calidad para las explotaciones.

Si esto es en si mismo imprescindible para el buen funcionamiento del sistema no lo es menos la puesta en valor de la experimentación en campo de los resultados que se obtienen, de la evaluación agronómica y de la calidad de las nuevas variedades y especies en todas las zonas aragonesas de experimentación, creando una red de trabajo amplia que permita poder orientar al productor y a las empresas adecuadamente.

En los últimos 5 años en Aragón, la producción de semilla certificada se ha duplicado y ha pasado de 40 millones de kg en 2013 a unos 73 millones de kilos en el año 2017, un aumento de un 182 % en volumen, estimándose una tasa de utilización de semilla certificada con respecto a otros orígenes de más del 40%.

Esto tiene un importante impacto económico en un buen número de empresas muy ligadas al territorio, la introducción de tecnología e innovación en las explotaciones agrarias aragonesas, la garantía del doble control ejercido por parte de las empresas y de los organismos públicos de control, la transferencia de los conocimientos y de la experimentación en campo de la tecnología adquirida por las empresas y la participación publico-privada en el propio Proyecto de trabajo.

Que Aragón sea la primera Comunidad Autónoma líder en certificación y volumen de semilla certificada es la clara consecuencia del trabajo bien hecho y dirigido desde los Centros técnicos de la Administración, Centro de Sanidad y Certificación Vegetal (CSCV) y Centro de Transferencia Agroalimentaria (CTA), que están sabiendo comunicar y participar al propio sector cerealista todos estos avances tecnológicos. Y la experimentación en campo a través de las redes de trabajo establecidas en nuestra Comunidad Autónoma es el espejo territorial que muestra en las principales comarcas los avances y experiencias que se están llevando a cabo, no pueden vivir una sin la otra.

Este es un modelo que ha tenido que adaptarse continuamente a lo largo de los años por la pérdida de peso e interés dentro de la propia Administración y que ha tenido que establecer nexos de unión con redes de trabajo nacionales participadas también por empresas del sector para poder mantener esta línea de trabajo.

El modelo participativo en Aragón, elegido para poder transferir los resultados de la experimentación en cereal de invierno, se lleva a cabo a través del grupo GENVCE (Grupo para la Evaluación de Nuevas Variedades de Cultivos Extensivos en España), grupo técnico de trabajo integrado por los responsables de la realización de las diferentes redes de experimentación de variedades de cada comunidad autónoma y por técnicos de la Oficina Española de Variedades Vegetales del Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación y del Instituto Nacional de Investigación y Tecnología Agraria y Alimentaria.

En la actualidad trabajan dentro de GENVCE 11 Organismos Autónomos, 29 empresas de semillas e industrias del sector agroalimentario.

Este modelo de Transferencia público – privado, tutorizado, coordinado e impulsado en Aragón por el Centro de Transferencia Agroalimentaria del Departamento de Desarrollo Rural y Sostenibilidad, cuyos resultados se participan anualmente al sector en forma de informaciones técnicas y jornadas de transferencia, es un valor creemos a conservar y mejorar en nuestra comunidad autónoma en un momento especialmente delicado y que se mantiene por la experiencia transferida a lo largo de los años, por la relación con el propio sector cooperativo y fundamentalmente por la creencia de que se debe de vincular la experimentación a un modelo real de transferencia al sector agroalimentario.

Las nuevas herramientas de transferencia de conocimientos, asesoramiento y cooperación contempladas en el Programa de Desarrollo Rural de Aragón deben de dar respuesta a todas las inquietudes que el sector agroalimentario aragonés pueda plantear, pero más aún en el sector de cultivos herbáceos extensivos que representa el 61,5 % de la superficie total cultivada en nuestra región, un sector que está integrado por pequeños y grandes productores que comparten problemáticas y retos comunes, como evaluar el comportamiento de nuevos cultivos, desarrollar nuevos productos para consumidores con necesidades especiales, desarrollar prácticas para una agricultura sostenible y mejorar la gestión económica de las explotaciones.

Existe una oportunidad real de estructurar una red común de trabajo que integre a toda la cadena de valor de la producción de cultivos extensivos para trabajar de una manera coordinada y eficiente, pero que debe de ser impulsada, coordinada y controlada en todos sus aspectos tanto técnicos como administrativos por el Departamento de Desarrollo Rural y Sostenibidad.

Centro de Investigación y Tecnología Agroalimentaria de Aragón

Emilio Betrán Escartín
Centro de Sanidad y Certificacion Vegetal
Gobierno de Aragón

Tras los calores estivales y con la llegada de los primeros fríos, en buena parte de Aragón se multiplica la actividad para poder atender el momento de la siembra. Sin duda un momento único, en el que se depositan buena parte de las expectativas del año, que permite introducir en nuestra explotación innovación de una forma asequible y de la que podremos obtener una gran rentabilidad.

Los avances experimentados en la agricultura y especialmente en la producción de cultivos extensivos durante el siglo XX han sido determinantes. Se han logrado mejoras en la resistencia a plagas y enfermedades, en la tolerancia a todo tipo de estreses abióticos, todo ello gracias en gran parte a la mejora genética, que ha sido capaz de producir un vasto número de variedades que han contribuido a aumentar los rendimientos y dar una mayor estabilidad a las cosechas. Es cierto que otros factores de producción, como la mejora en la fertilización y la mecanización, también han contribuido a este incremento, pero sin duda la mayor parte de este salto cualitativo y cuantitativo (hasta el 50 % según la FAO) se debe a la puesta a disposición de los agricultores de variedades mejoradas que han permitido incrementar estos rendimientos hasta cifras nunca vistas.

Esto se puede constatar si analizamos las series históricas de los datos de producciones de cereales en Aragón, en las que se observa que las producciones se han duplicado en secano y se han cuadruplicado en el regadío desde el comienzo del siglo XX. (Fuente: Gobierno de Aragón).

A pesar del avance vivido en las últimas décadas, Aragón sigue siendo deficitaria en la producción de cereales, ya que es necesario abastecer por un lado a una cabaña ganadera de más de 10 millones de cabezas, en constante crecimiento y, por otro lado, a la pujante agroindustria que transforma estos cereales en otros muchos productos habituales en nuestra dieta (harinas, sémolas, etc.), obligando, por tanto, a importar cereales por valor de cientos de millones de euros cada año.

Las fuertes oscilaciones que tienen las producciones en Aragón tampoco ayudan a garantizar este abastecimiento. Las cosechas se encuentran fuertemente condicionadas por la climatología, circunstancia que se acentúa especialmente en las zonas de secano que dominan buena parte del territorio. De las 770.000 ha que se siembran anualmente con cereales en Aragón, la superficie de secano representa el 85% y su producción no llega al 75 % del total, por lo que se pueden alternar años de cosechas históricas como la del año 2013, con otros en las que las producciones se reducen hasta un tercio, limitando mucho la rentabilidad de estas zonas de secano.

Tenemos, por otro lado, unas zonas regables con unos rendimientos más estables y gran potencial de producción, en las que existe ya una apuesta clara por introducir variedades altamente productivas con las que se están obteniendo muy buenos resultados, pero donde están apareciendo nuevos problemas de manejo, sanitarios, etc., que muchas veces están relacionados con los condicionantes que presentan estas nuevas variedades. 

Por ello, sigue siendo imprescindible continuar y potenciar los programas de mejora genética, que mejoren el potencial de las nuevas variedades, su resistencia a enfermedades y que, además, estas sean capaces de adaptarse y mejorar los rendimientos en nuestras condiciones de producción, tanto en las zonas de potencial medio y alto como en las zonas más áridas. Se debe seguir realizando un esfuerzo en la evaluación del potencial de estas nuevas variedades en nuestras condiciones y, además, esta información debe llegar transferida al agricultor, exponiendo claramente los condicionantes de cada una de estas variedades (ciclos más adecuados, sensibilidad a enfermedades, etc.). En este sentido, deben jugar un papel fundamental, además de las empresas, cuyo interés comercial en la introducción de nuevo material está fuera de toda duda, los organismos públicos.En el caso del Gobierno de Aragón, tanto el Centro de Sanidad y Certificación Vegetal como el Centro de Transferencia Agroalimentaria llevan años trabajando en esta línea que resulta imprescindible continuar.

Sin duda, uno de los retos actuales y futuros de las explotaciones cerealistas es la mejora de su rentabilidad. Esto pasa por la reducción de gastos en insumos (labores, uso del agua, fertilización, control de plagas y enfermedades) y, por otro lado, maximizar las producciones, que requiere de la elección de una semilla de calidad y con potencial genético suficiente que permita adaptarla a nuestras condiciones de producción.

Para ello, contamos con un importante aliado: la semilla certificada. Las variedades que se comercializan son fruto de programas de mejora que han sido testados en nuestras condiciones, y su empleo es una de las formas principales de introducir tecnología e innovación en nuestra explotación. Con su utilización, contribuimos a que los programas de mejora sigan avanzando para poder lograr este objetivo.

¿QUÉ OPCIONES TENEMOS EN EL MOMENTO DE LA SIEMBRA?

Se estima que en Aragón son necesarias unas 145.000 t al año para la realización de las siembras. En estas se incluyen tanto la semilla certificada, el grano acondicionado, así como la semilla de otros orígenes, entre ellas el grano que el agricultor reemplea de su propia explotación sin pasar por un sistema de acondicionamiento.

Optar por una u otra es una decisión empresarial, pero se deben conocer las diferencias que existen entre una u otra para poder tomar la mejor decisión como empresarios, porque no todo es lo mismo. A continuación se dan algunas indicaciones sobre cada una de ellas.

En el caso de la se trata de un producto estandarizado que se produce y comercializa con arreglo a unos parámetros mínimos establecidos para cada una de las categorías en los reglamentos técnicos. Esta responde con toda garantía a una serie de parámetros, controlados por las empresas productoras y también por la Administración (existe un doble control). Este sistema de controles es continuo y comprende desde la presentación de las declaraciones de cultivo, los controles durante la producción del cultivo, hasta el precintado y certificación de la semilla en sacos. Además, existe un control a posteriori de los lotes certificados, que se realiza en el denominado Postcontrol, en el que estos lotes se siembran en microparcelas para comprobar que no existen mezclas varietales (imposibles de controlar de otra forma), así como la ausencia de enfermedades trasmisibles por la semilla. Un ejemplo de este trabajo que se realiza en los postcontroles se pudo observar el pasado 30 de mayo en la Jornada celebrada en Zuera, en la que se pudieron visitar los más de 2.500 lotes que se siembran para realizar este estudio. Un trabajo desconocido, pero fundamental dentro del sistema de certificación.

Al final, lo que se debe garantizar es que el agricultor encuentre en el mercado sea un producto con unas características mínimas de germinación, pureza específica y varietal, ausencia de enfermedades transmisibles por semilla, etc., y todo esto bajo el control y certificación de un organismo oficial. No está nada mal, ¿verdad?

Gracias a todos estos controles que se realizan durante todo el ciclo de producción, se puede decir que la producción de semilla certificada es uno de los procesos agroindustriales en los que más controles se realizan y que sin duda tratan de aportar  una garantía total al consumidor, en este caso el agricultor, que se debe aprovechar de un sistema garantista y todavía público de certificación.   

Por supuesto, existen, como hemos comentado, otras fuentes de suministro para la siembra. En el caso del consiste en volver a sembrar directamente la cosecha obtenida por el agricultor en SU PROPIA EXPLOTACIÓN, mientras que el debe ser procesado en centros autorizados que realizan la limpieza, selección y/o tratamiento con productos fitosanitarios. Debe quedar claro que no es posible ningún tipo de compraventa de este grano acondicionado, y que, si se realiza, se trata de una actividad ilegal.

También es necesario aclarar que la normativa señala de forma clara que el agricultor tiene DERECHO a utilizar el producto de su propia cosecha para siembras propias en su explotación, incluso si se trata de variedades protegidas (artículo 14 de la ley 3/2000), aunque en este caso deberá pagar una remuneración al obtentor. Por lo tanto, es totalmente lícito, pero se debe realizar de forma correcta, aportando el origen y el destino de las partidas a acondicionar, registrando esta información y declarando correctamente las variedades que se desean acondicionar. En el caso de variedades protegidas, se deberá pagar al obtentor por la utilización de una variedad que está sujeta a la protección de sus derechos. El acondicionamiento es, por lo tanto, una actividad regulada, que se encuentra controlada por la administración y también por los obtentores vegetales que defienden los derechos relacionados con la protección vegetal (royalties).

Luis Cistué Solá
Estación Experimental de Aula Dei - Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC)

La cebada y el trigo son dos de los cultivos más importantes de España, sobre todo si atendemos al número de hectáreas sembradas. Según el anuario de estadística agraria, en 2016 la cebada ocupó una superficie de 2.563.195 ha de las cuales, 434.598 ha se encontraban en Aragón, mientras que el trigo era sembrado en 2.256.848 ha siendo 277.860 ha las correspondientes a Aragón. Debido a la gran capacidad de adaptación a distintos climas y suelos, lo dos cereales se encuentran sembrados en toda la geografía del Valle del Ebro.

Gran parte de la semilla certificada utilizada por los agricultores procede de empresas multinacionales que disponen de los medios económicos y materiales necesarios para desarrollar una mejora vegetal avanzada. Por poner dos ejemplos, las tres variedades de cebada con mayor número de kilos de semilla certificada vendida en 2016 son: Hispanic (1), Meseta (2) y Pewter (3). Las dos primeras proceden de Florimond Desprez (registro Francia 1993, 2006) y la tercera de New Farm Crops (GB, registro Francia 2002). En cuanto al trigo duro, las cuatro variedades más sembradas en Aragón en 2016 fueron Amilcar, Athoris, Sculptur y Claudio. La primera y la cuarta derivan de Monsanto (2000 y 1998), la segunda de Limagrain (2011) y la tercera de RAGT 2N SAS (2011).

Actualmente, las antiguas variedades poco productivas están siendo sustituidas por variedades modernas que han sido mejoradas en cuanto a su comportamiento ante el estrés biótico y abiótico. En el caso de los cultivos de secano, dicha mejora permite mantener líneas de producción estable, incluso frente a posibles adversidades climatológicas como las heladas y la sequía extrema. En cultivos de regadío, permite aumentar la producción con un menor coste.

A pesar de la importancia que tiene para España disponer de dichas variedades mejoradas, gran parte del trabajo de mejora es llevado a cabo por compañías extranjeras, cuyas variedades han sido obtenidas para condiciones climatológicas diferentes a las de España. Evidentemente, las empresas multinacionales realizan ensayos de campo de sus líneas en España, pero los parentales cruzados para obtener dichas líneas, normalmente, proceden del país donde está ubicado el centro de producción.

Una manera de conseguir nuevas variedades es mediante la colaboración entre centros de investigación y empresas de semillas. El centro de investigación aporta el conocimiento y los avances tecnológicos necesarios y la empresa, las semillas que puedan ser de interés para el agricultor. Esta colaboración ha permitido registrar nuevas variedades y liberar muchas de ellas al mercado. Desafortunadamente, su vida media en el mercado es muy corta ya que vuelven a salir nuevas variedades con mejores características que rápidamente sustituyen a las anteriores. El planteamiento de un objetivo de mejora a largo plazo requiere que exista una alta variabilidad genética (Fig. 1), que pueda ser fácilmente conseguida y con métodos que acorten el tiempo requerido por la mejora tradicional para la obtención de variedades. Entre estos métodos se encuentra la obtención de plantas doble haploides (DH) por técnicas de cultivo in vitro que se realiza en condiciones de laboratorio. Su principal ventaja es el acortamiento del tiempo, ya que si en la mejora tradicional por selección genealógica el tiempo requerido para inscribir una variedad en el Registro de Variedades es de unos 10-12 años, mediante la metodología de los DH se acorta a 5-6 años.

Fig. 1. Variabilidad genética. Doble haploides de cebada procedentes de un único cruzamiento.

En cebada y trigo esta técnica ha sido mejorada hasta el punto de que se pueden producir de una manera eficiente líneas DH a partir de casi todos los genotipos, y las plantas obtenidas son normales y de composición genética estable. La homocigosis en las plantas DH es total ya que se obtienen a partir de plantas haploides duplicadas. Esto evita la posible segregación de caracteres y facilita la selección o el descarte de las líneas en un plazo de tiempo más corto. No es una técnica costosa y no lleva a cabo ninguna manipulación genética de las plantas, por lo que no presentan problemas ambientales. El principal requerimiento es contar con personal especializado en la realización del proceso y unas instalaciones adecuadas.

Para incrementar los resultados de la técnica, las plantas doble haploides pueden ser utilizadas en ciclos de selección recurrente a los que se añaden las nuevas variedades más productivas. Esto se realiza alternando un año de selección agronómica con otro año de recombinación genética.

Unos claros ejemplos de la eficacia de esta técnica son las variedades de cebada Hispanic y Meseta, citadas anteriormente, y que representaron para la agricultura española 30 millones de kilos de semilla certificada en 2016. Ambas fueron obtenidas por el método de cultivo de microsporas en el laboratorio de P. Devaux (Flormond Desprez Seeds). Estas variedades son además los genotipos testigo en la mayoría de los ensayos del INSPV y GENVCE.

En España, el grupo de Cultivo Celular y de Tejidos de la Estación Experimental de Aula Dei (CSIC) de Zaragoza ha puesto 14 variedades en el mercado en los últimos años utilizando el método de cultivo de microsporas (Fig. 2) con posteriores ensayos agronómicos. Este resultado ha sido posible gracias a una estrecha colaboración con las empresas de semilla de Bell lloc Lérida, Semillas Batlle S.A. (SB) y de Bujaraloz Zaragoza, Agromonegros S.A. (AG).

 

Fig. 2. Doble haploides de trigo duro obtenidos por cultivo de mirosporas. Ensayo de segundo año en Bell lloc (Lérida).

Las variedades de cebada que comercializan estas empresas son: Azara (2008), Doblona (2012), Najah (2016), Batal (2016) (SB) e Icaria (2010), Forcada (2010), Pirene (2017), Baliner (2017) (AG). De trigo duro son Trimulato (2012) (SB) e Iberus (2011) y Aneto (2017) (AG). Además, Semillas Batlle y la Estación Experimental de Aula Dei han inscrito en el Registro conjuntamente 3 variedades de cebada con alto contenido en beta glucano: Rajapani (2017), Annapurna (2017) y Kalalamai (2016). Las dos primeras son las primeras cebadas desnudas del mercado español.

Si existe una estrecha colaboración entre el centro de investigación de una determinada zona geográfica, en este caso el Valle del Ebro, las empresas productoras de semilla de la zona, y los agricultores, se pueden conseguir buenos resultados sin grandes inversiones financieras, y dichos resultados se plasmarán posteriormente en un alto rendimiento de producción para los agricultores de la zona.   

 

Emilio Betrán Escartín
Centro de Sanidad y Certificacion Vegetal
Gobierno de Aragón

LIDERAZGO DE ARAGÓN EN LA PRODUCCIÓN DE SEMILLA CERTIFICADA

El sector productor de semillas de cereal en Aragón lo constituye un entramado de 51 entidades, de las que 37 producen semillas de cereal, la mayor parte multiplicadores,  cuyo volumen de negocio se estima que puede superar los 28 millones de euros. Se trata de empresas muy ligadas al territorio, generando puestos de trabajo en el medio rural, con una actividad agroindustrial de transformación que resultaría muy complicado deslocalizar.

 

Hace años que Aragón ocupa un puesto destacado en la producción de semilla certificada. Es la región que más superficie dedica a la multiplicación de semilla que luego es certificada en Aragón o que viaja a otras comunidades autónomas limítrofes para ser certificada. Pero, además, en la campaña 2016-17 se ha situado como líder en la producción de semilla certificada de cereales. Según los datos del MAPAMA, se han producido más de 74 millones de kg de cereales, un dato histórico respaldado por años de mucho trabajo conjunto de las empresas y de la administración.

El crecimiento vivido en las últimas campañas es un crecimiento constante, que ha llegado a superar las cifras históricas alcanzadas en el año 2005, en el que además existía una ayuda asociada a la siembra con semilla certificada del trigo duro. Se trata, por tanto, de un crecimiento consolidado, que ha llevado a que la producción de semilla certificada de cereales de invierno se haya prácticamente duplicado en los últimos cinco años. 

Más allá de lo anecdótico que puede suponer liderar el ranking nacional, lo que sí se puede afirmar es que se ha consolidado la posición de liderazgo del entramado de entidades públicas y privadas de Aragón a nivel nacional. Esta posición viene respaldada, por una parte, por una importante tradición histórica de nuestras empresas y centros públicos y, por otro lado, por la paulatina profesionalización, capacidad de crecimiento e innovación que han mostrado las entidades en los últimos años, apostando por la GARANTÍA y el RIGOR que siempre ha tratado de mantener el sistema de certificación existente en Aragón. Esto ha permitido que las producciones de semilla certificada que aquí se obtienen, gocen de prestigio y reconocimiento dentro del sector y, por supuesto,  entre los agricultores. Un valor que hay que saber aprovechar y fortalecer.

 

Esta apuesta por la CALIDAD que se viene realizando en buena parte de la producción de semillas en Aragón, se debería reconocer como una marca propia de producción. Así, la marca “SEMILLAS de ARAGON” debería reconocer esta diferenciación, y su posicionamiento en los mercados es uno de los objetivos a trabajar a medio- largo plazo. Sin duda una apuesta que debe ser liderada por empresas cada vez más profesionalizadas y respaldada por la administración, siendo conscientes de que la  exigencia en la calidad del producto ofrecido debe ser la máxima que  prime para poder seguir contando con el respaldo de los agricultores. 

Por otro lado, queda todavía mucho por hacer en la transmisión de la importancia de utilizar un material genético innovador, que aporte el máximo valor añadido a nuestros agricultores, siendo la semilla certificada, la mejor forma de obtenerlo. En este sentido, los datos son también positivos. La tasa de utilización de semilla certificada por parte de nuestros agricultores, atendiendo a los datos del año 2016, se sitúa por encima del 40 %, mientras que la media nacional está en torno al 28 %. Son datos sin duda esperanzadores, más teniendo en cuenta la realidad productiva de buena parte de nuestras zonas de secano aragonés.

Como ya hemos dicho, son muchos los movimientos positivos que se están viendo en el sector, pero todavía quedan muchos aspectos a mejorar si queremos que este crecimiento vivido en los últimos años se consolide, de los que señalamos solo algunos:

  • Existe una escasa dimensión de una buena parte de las empresas, que dificultan la introducción de mejoras en los procesos productivos. Además, esta escasa dimensión impide potenciar programas de mejora para la obtención de nuevas variedades. En este sentido, hay que señalar que la mayor parte de las empresas se dedican únicamente a la multiplicación de variedades obtenidas por grandes compañías internacionales, y, salvo honrosas excepciones, las empresas de nuestro territorio carecen de líneas de investigación de nuevas variedades.
  • Se debe trabajar para intentar abaratar los costes de producción de la semilla certificada, haciendo más asequible su adquisición por los agricultores, de tal forma que puedan ser introducidas en zonas de producción que manejan una baja rentabilidad.  
  • A pesar del reconocido esfuerzo que están realizando los agricultores por introducir nuevas variedades que aporten nuevas características para su transformación, en muchas ocasiones este esfuerzo no se ve recompensado por una mejora en las condiciones económicas de comercialización. Sin duda, es un esfuerzo que se deber realizar por parte de las industrias, cooperativas, etc., donde se debe primar la trazabilidad y una comercialización diferenciada y retribuida de manera justa. Será, desde luego, una forma de promocionar la utilización de nuevas variedades y, por tanto, de la semilla certificada. 

Al margen de las duras condiciones climáticas que nos están tocando vivir durante esta campaña de siembras, el futuro por tanto de la producción de cereales en nuestro territorio debe ser visto con optimismo, con todavía un margen de mejora considerable y con la búsqueda de la rentabilidad del agricultor como uno de los objetivos fundamentales a conseguir.

 Enrique Playán
Estación Experimental de Aula Dei - Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC)

La modernización de los regadíos de España nos va dejando cifras impresionantes. Según el Ministerio de Agricultura Pesca, Alimentación y Medio Ambiente (MAPAMA), se han invertido 3.815 millones de euros públicos y privados desde el año 2000 para modernizar redes colectivas en un millón y medio de hectáreas. Además, uno puede estimar que los agricultores han invertido más de cinco mil millones de euros en cambiar sus sistemas de riego en parcela. Estas inversiones han permitido pasar de un 42% de riego por gravedad a un 26% en el corto periodo de tiempo que va de 2002 a 2016. El riego por aspersión ocupa un 25% y el 49% lo ocupa el riego por goteo. En el contexto de Aragón, la modernización de los regadíos ha tenido una repercusión muy importante en los cultivos extensivos (que han pasado de la gravedad a la aspersión), porque los cultivos leñosos y las hortalizas ya se estaban produciendo muy mayoritariamente con sistemas de riego presurizado.

El MAPAMA realiza anualmente una encuesta de superficies y rendimientos de cultivos. Según esa encuesta, en 2016 los cereales de regadío en Aragón representaron 211 mil hectáreas, frente a las 88 mil hectáreas de los cultivos forrajeros, las 53 mil hectáreas de los frutales, las 22 mil hectáreas que se reparten a partes iguales el olivar y el viñedo, y las 7 mil hectáreas de las hortalizas. Con estas cifras uno puede concluir que donde nos jugamos la parte más importante del agua de riego es en los cereales, que ocupan un 52% del regadío aragonés. Aragón tiene una importante vocación por los cultivos extensivos de regadío, y esto se traduce en que la distribución de los sistemas de riego es diferente de la que tiene el conjunto de España. En Aragón el riego por gravedad todavía ocupa el 47% del regadío, mientras que la aspersión ocupa el 38% y el goteo está en un 15%.

El riego por gravedad de los cereales en Aragón tiene dos nichos fundamentales: los regadíos tradicionales de ribera y los proyectos de regadío de intervención estatal. En estos dos tipos de regadíos, la modernización tiene en general un amplio recorrido. El riego por gravedad tiene en estas zonas una eficiencia muy variable, entre el 40 y el 90%, dependiendo de los suelos, del caudal de riego y de la nivelación, principalmente.

Los agricultores no perciben la baja eficiencia como el principal problema del riego por gravedad. Lo que sí perciben es que es un riego lento y que necesita atención 24 horas al día. Además, la baja frecuencia de riego hace que a menudo los rendimientos sean bajos, costando pasar de cinco mil kilos por hectárea en cereales de invierno y de diez mil kilos por hectárea en maíz. Desde el punto de vista ambiental, estos riegos pueden acarrear una importante carga contaminante, de más de 100 kilos por hectárea de nitrógeno nítrico al año. No todo son problemas en el riego por gravedad: allí dónde la eficiencia supere el 80% los rendimientos pueden ser elevados y la contaminación será baja. Si a esto añadimos que el riego por gravedad en general no necesita bombear el agua, podemos tener una solución sostenible en algunos casos. De hecho, hay experiencias muy satisfactorias en la ribera del Ebro de modernizar el riego por gravedad, creando un riego por gravedad moderno, rápido y eficiente. Sin embargo, en la mayoría de estas zonas con vocación cerealista, la modernización cambiará en riego por gravedad por el riego por aspersión.

Los regadíos de ribera merecen mención especial. Estos regadíos han sido la base de nuestra seguridad alimentaria durante siglos, y atesoran muy importantes valores ambientales, históricos y paisajísticos. Además, los regadíos de ribera generan muchos servicios ecosistémicos, como la protección contra avenidas, biodiversidad, interfaz con ecosistemas acuáticos y espacios de esparcimiento social. El paisaje de estos regadíos, las acequias que los alimentan y sus caminos rurales son un patrimonio social y ambiental en sí mismos. Es por ello que su modernización es un problema que va más allá de la producción de cereales.

El riego por aspersión de los cereales aragoneses comenzó tímidamente con el progreso de los proyectos nacionales de Riegos del Alto Aragón y Bardenas en los años setenta y ochenta, y siguió con el impulso modernizador del canal de Aragón y Cataluña en los ochenta. Hoy, ésta es una tecnología que los agricultores conocen muy bien, y que se muestra muy productiva. Con eficiencias de riego superiores al 80%, es posible producir más de siete mil kilos por hectárea de cebada y trece mil de maíz. Cuando estos dos cultivos se encadenan en un año, se puede llegar a veinte mil kilos de grano por hectárea y año. La contaminación por nitratos de una zona de estas características estará en general bastante por debajo de 50 kilos por hectárea de nitrógeno.

Si bien estas cifras de productividad de la tierra (kilos por hectárea) resultan muy altas en el contexto mundial, es cierto que la productividad por unidad de agua de riego (Euros por metro cúbico) es baja. Es por ello que veo necesario terminar este texto con una defensa de la cadena de valor de los cereales en Aragón… es la cadena de valor lo que debe de justificar el riego de estos cultivos en un contexto de creciente escasez de agua. Por poner un ejemplo, no debemos olvidarnos de la importancia de la ganadería en Aragón, y en particular, de la producción porcina. En una Comunidad con una población de un millón doscientos mil habitantes viven más de siete millones de cerdos. Aragón, que ha exportado animales vivos durante décadas, ahora tiene una creciente industriade procesado de la carne. Los cereales aragoneses son los preferidos de los ganaderos por su alta calidad y por estar libres de daños por transporte intercontinental. El regadío de los cereales debe de justificar su consumo de agua de riego a través de su calidad y su valor estratégico para un sector cárnico en pleno crecimiento, dinámico y exportador.

María Videgaín Marco
Escuela Politécnica Superior de Huesca.

En el pasado año 2015, denominado Año Internacional de los Suelos, la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO) publicó una revisión sobre las tendencias de la fertilización a nivel mundial y las perspectivas futuras (World fertilizer trends and outlook to 2018). En general, la demanda de fertilizantes químicos subirá cerca de un 2 % cada año en el periodo 2014-2018. Para el caso del nitrógeno, sólo Europa occidental es la que reducirá su demanda, relacionándose las razones de este descenso, por un lado, con la obligación de responder y actuar ante demostrados eventos de contaminación y, por otro lado, con la reducción de insumos en muchas explotaciones debido a la bajada de los precios del grano  y también a la sequía.

Gracias a la labor de técnicos e investigadores, el muestreo de suelos para su análisis físico-químico cada vez es una práctica más habitual a la hora de ajustar necesidades nutricionales y dosis de aplicación de productos fertilizantes. Las más que demostradas ventajas de las rotaciones de cultivo, las prácticas agroecológicas de conservación de suelos, la agricultura de precisión y los actuales avances en teledetección y mapeo de suelos también comienzan a complementar la gestión racional de la fertilización. Pero todavía queda un camino largo por recorrer en este sentido, puesto que es muy amplia la superficie de cultivo que nunca se analiza, siendo además la fertilidad biológica de los suelos una gran desconocida que nunca se tiene en cuenta y que influye, junto a la fertilidad física y química, en la capacidad productiva del suelo, considerándolo un sistema vivo.

Foto 1. Muestreo de suelo tras rotación con trigo sarraceno

Resultaría imposible, tanto por la dimensión de este texto como por la complejidad que este tema alberga, explicar las combinaciones de indicadores que se pueden emplear para estudiar la fertilidad global de un suelo. Creo que es importante dejar clara la importancia que tiene, para el agricultor al menos, ser consciente de su existencia, del valor que implica alcanzar un equilibrio físico, químico y biológico en el suelo, y de que todas las decisiones de manejo influyen sobre el mismo.

En cuanto a la fertilidad biológica, los microorganismos del suelo pueden usarse como bioindicadores debido a su gran sensibilidad a pequeñas modificaciones a corto plazo, lo cual es debido al rol que juegan en la fertilidad, conservación y mantenimiento de los suelos, así como su papel clave en la estabilidad y funcionamiento de los agrosistemas, y su capacidad de recuperación cuando se encuentran sometidos a procesos de degradación (Jaizme-Vega, 2010).

En mi experiencia como técnico de campo, además de las analíticas físico-químicas y de pequeñas pruebas de compactación y de capacidad de infiltración de agua, me ha resultado muy práctico elegir algunos indicadores de actividad biológica en el suelo, de fácil y económica medición y que permitieran al menos establecer una tendencia de evolución de ese suelo, es decir ¿se está mejorando o se está empeorando la calidad de este suelo? como ejemplos de estos indicadores estaría la diversidad de micro y mesofauna o el potencial micorrícico (número de propágulos de micorrizas por volumen de suelo).

Los hongos formadores de micorrizas arbusculares desarrollan, junto con raíces de la mayoría de las plantas, una simbiosis mutualística que se conoce como micorrizas. Están presentes desde los primeros estadios de evolución de las plantas y han ido co-evolucionando hasta nuestros días constituyendo la asociación simbiótica hongo-planta más extendida, siendo muy conocidas las contribuciones de esta simbiosis al mecanismo de absorción de nutrientes por la planta, a su protección frente a patógenos o a la mejora de la estructura del suelo entre otras.

Foto 2. Arbúsculo en raíz micorrizada

Durante las últimas campañas agrícolas hemos asistido a una creciente oferta de inoculantes comerciales producidos a partir del aislamiento de determinados microorganismos y que se ofrecen al agricultor con la finalidad de aumentar el aprovechamiento de nutrientes del suelo, reducir la aplicación de abonos convencionales y mejorar el rendimiento de los cultivos. En la comunidad autónoma de Aragón, con cerca de 300.000 ha declaradas como zonas vulnerables a la contaminación de las aguas por nitratos procedentes de fuentes agrarias, y con grandes bloqueos de nutrientes por la presencia de carbonatos, no es de extrañar que este tipo de productos resulten interesantes y que sea relativamente sencillo atraer con sus bondades al agricultor.

El RD 999/2017 de 24 de Noviembre, por el que se modifica el RD 506/2013 de 28 de Junio sobre productos fertilizantes, recoge en su anexo I la información que deben garantizar aquellos productos especiales basados en microorganismos, diferenciando entre productos de micorrizas y englobando en no micorrícicos todo el resto de biofertilizantes como pueden ser los producidos a base de bacterias u otros microorganismos.

Resulta alentador que se tenga en cuenta en este decreto las condiciones de ensayo para cada producto y los cultivos en los que está demostrada su eficacia. Sin embargo, será labor de los técnicos y de los agricultores tener en cuenta las condiciones previas de los suelos a los que van destinados, teniendo en cuenta que los suelos fértiles tienen sus propias poblaciones de microorganismos, que habría que preservar y fomentar haciendo uso de las mejores prácticas agronómicas posibles en cada tipo de explotación, y sin confundir el concepto de fertilidad biológica de un suelo con los productos fertilizantes biológicos actuales.

 

Escuela Politécnica Superior Huesca - Universidad de Zaragoza, Carretera Huesca, Huesca, España

 Carlos Cantero Martínez
Universidad de Lleida, Agrotecnio Center,Lleida.
 Departamento de Producción Vegetal y Ciencia Forestal, (Unidad Asociada EEAD-CSIC)
Universidad de Lleida

 

Hay un creciente interés en la agriculturapor la “diversificación de los cultivos”.La necesidad de producir varios cultivos en la explotación era fundamental en las agriculturas de subsistencia y de autonomía alimentaria de las zonas rurales antes de la actual agricultura industrializada.  Esta última se ha centrado  en la especialización del monocultivo de especies más productivas económicamente y sustentada por el uso de fertilizantes y fitosanitarios. Sin embargo, con ello  el productor ha perdido cierta autonomía y se han generado problemas ambientales en el agrosistema, que finalmente repercuten en la productividad global de la explotación. En los sistemas Mediterráneos la falta de disponibilidad de agua, los bajos niveles de materia orgánica del suelo y la susceptibilidad a su degradación son factores que condicionan el crecimiento y la productividad y que han sido afectados negativamente por la falta de diversidad de los cultivos.

Los sistemas agrícolas extensivos españoles y entre ellos los del valle del Ebro están dedicados ampliamente a los cereales. Estas especies, principalmente gramíneas, son muy plásticas y las más adaptadas a las condiciones irregulares y limitantes del clima Mediterráneo. Sin embargo, el monocultivo de cereales presenta limitaciones económicas debido a los precios actuales de las cosechas y  a los crecientes problemas de fertilización, control de malas hierbas, plagas y enfermedades que cada vez más limitan su sostenibilidad global. La diversificación de los cultivos en estas zonas cerealistas se presenta como una estrategia para incrementar la sostenibilidad en todos los ámbitos. Es curioso que aún reconociendo por parte del productor las ventajas de autonomía y de productividad a medio-largo plazo, ha tenido que ser la “obligación” impuesta por la normativa de la Política Agraria Comunitaria (PAC) (y que muchos conocen ya por su expresión “greening”), la que ha revivido la diversificación en las explotaciones agrarias.

Las ventajas no se encuentran únicamente en la diversificación del riesgo, el mejor reparto del trabajo  y la mejora del rendimiento. Además, contribuyen a una mejora de los recursos de la producción a través de una mayor eficiencia en el uso del agua y los fertilizantes, y a la mejora de la calidad del suelo a través del incremento de la materia orgánica, e incluso a la adaptación de la agricultura al cambio climático y la mitigación del calentamiento global del planeta.La diversificación de cultivos mediante una rotación adecuada, el uso de dobles cultivos o cultivos cubierta, debe venir acompañada por su integración en un paquete de prácticas agrícolas como el manejo del suelo, la fertilización, elección de variedades y la optimización del agua a través del riego.

Fotografía 1. Vista general de la Explotación Agraria Mas Mascó en Selvanera, Lleida. En esta explotación la diversificación consisteen la rotación de cultivos de trigo, cebada, colza y guisante desde hace más de 15 años (antes del “greening”). Se están probando otros cultivos como habas grano, centeno y camelina. Los resultados muestran que el efecto de la diversificación-rotación ha mejorado en un 10-20% los rendimientos sobre el cultivo de referencia (cebada). Además, gracias a la introducción de la siembra directa y la optimización de la fertilización en base a análisis de suelos y el uso racional de materiales orgánicos y minerales, desde hace 30 años, se ha conseguido un control de la erosión, una mejor utilización del agua por parte de los cultivos, un incremento de la materia orgánica y de la biodiversidad del suelo en esta zona de secano. 

¿Por qué es necesario  investigar en la diversificación de cultivos?La ciencia agronómica ha dado numerosos conocimientos en los últimos 150 años. Hay literatura que destaca con rigor científico y técnico  todos aquellos aspectos importantes de la diversificación de cultivos y se ha escrito sobre el uso y ventajas de las rotaciones de cultivos y los precedentes culturales. Sin embargo, esta tecnología como otras en las ciencias agronómicas tienen un componente local. Así, encontramos poca información referida a los sistemas Mediterráneos sobre como desarrollar este paquete integrado de técnicas que, partiendo de la diversificación de cultivos, incluya todos los componentes tecnológicos de los sistemas de producción.  Diversos estudios recientes en 2014 a 2017 destacan la importanciade la diversificación de cultivos para aumentar la resiliencia de los agroecosistemas, y presenta todavía un potencial importante de desarrollo para conseguir una producción agrícola más sostenible a nivel global. Los grupos de Manejo del Suelo y Cambio Global de la Estación Experimental de Aula Dei (EEAD-CSIC); la unidad de Suelos y Riegos del Centro de Investigación y Tecnología Agroalimentaria de Aragón (CITA-DGA); de Agronomía y Medio Ambiente de la Universitat de Lleida (unidad asociada CSIC);  y el Instituto de Agronomía Sostenible de Córdoba (IAS-CSIC)llevan años realizando investigaciones para obtener resultados científicostrasladables al sector agrícola. Estos grupos trabajando coordinados acaban de obtener financiación de 4 años para un proyecto del Plan de Investigación Nacional Español con elobjetivo de aportar conocimientos generales y locales actuales tanto productivos como medioambientales sobre la diversificación de cultivos en agrosistemas Mediterráneos. Aun así, sería importante que los productores agrarios sean conscientes de la enorme posibilidad que tiene la diversificación para la sostenibilidad de sus explotaciones.

Esperemos que con estas iniciativas y otras varias en los ámbitos de la producción agrícola podamos conseguir una producción sostenible que permita afrontar los retos futuros para la alimentación mundial.

Fotografía 2. Vista del campo experimental de comparación de sistemas de laboreo y estrategias de fertilización localizado en Senés de Alcubierre (Huesca). En este campo se combinan estrategias de manejo de suelo y de fertilización orgánica y mineral bajo una rotación con cultivos de trigo, cebada y guisante que han conseguido unos resultados excelentes en el incremento de rendimientos en comparación con el monocultivo de cebada bajo laboreo intensivo.

 

 

 

Arantxa Grande Mainar
Responsable de I+D
Agromonegros S.A.

 

Cuando digo que soy Ingeniera Agrónoma y me dedico a obtener nuevas variedades de cereal muchos muestran curiosidad y me preguntan cómo se hace eso. Ahora tengo la oportunidad de explicar mi experiencia laboral en el mundo de las semillas de forma detallada y sencilla, ¡espero!

Llevo más de una década trabajando en Agromonegros S.A, una empresa familiar que se dedica al mundo del cereal desde 1980. Además de la venta de semilla certificada, está focalizada en obtener variedades de cereal propias, objetivo que estamos llevando a buen término gracias al trabajo de todo el equipo.

Mi trabajo se puede considerar cíclico, de ahí que no sé muy bien si mi año empieza el 1 de enero o el 1 de julio, al empezar a organizar la siembra de otoño.

Con los datos de la temporada anterior planifico las variedades que salen o entran de los ensayos para seleccionar las mejores líneas en cada tipo de zona de cultivo. Ensayamos muchas líneas y con distintas finalidades.

Por ejemplo ensayos por agronomía de doble haploide combinados con semillas nuestras y de la competencia junto con testigos oficiales para poder hacer comparativas. Los DH de primer año los siembro en surcos, tenemos un convenio de colaboración con el CSIC, que son quienes realizan los cruzamientos a partir de parentales seleccionados por nosotros y nos proporcionan los doble haploides (DH). También tengo que considerar los que se encuentran en diferentes fases de desarrollo y las líneas que decido que se enviarán a registro, que normalmente están en diferentes años de preparación. Cada una va con sus familias, sembradas en espiga-surco, y con sus bandas, ya que siempre el registro es el objetivo final de la investigación.

De nuestras variedades comerciales planifico la siembra de las que tenemos que hacer conservación, para seguir generando semilla para vender. Sembramos su material parental y bandas de PB4. Y, por último, para asegurar la perfecta calidad de la semilla certificada planifico un ensayo de post-control, partiendo de una muestra de cada lote que producimos de semilla certificada, donde en primavera se observarán las plantas fuera de tipo.

Actualmente realizo cuatro ensayos en diferentes zonas climáticas repartidas por la geografía aragonesa: secano árido, secano fresco, secano frío y regadío. Cada ensayo  consta de cuatro repeticiones en el que se incluye cebadas, triticales, trigos blandos y duros.

Terminada la fase de planificación, tengo que trasladar la información del papel de la oficina al laboratorio y sus equipos. Hay que trillar espigas y guardar cada una en un sobre, para hacer el método espiga-surco, que consiste en sembrar cada surco con los granos de una única espiga. Después hay que seleccionar, limpiar, tratar, pesar y guardar en sobres las semillas de cada una de las líneas que irán a los ensayos de valor agronómico.

Durante este periodo estival en la empresa también se selecciona la semilla para la producción de semilla certificada. Realizo análisis, actas y muestreos para los sobres de post-control, tomando una muestra de unos 250gr de cada lote.

Con la llegada de septiembre empiezan las visitas comerciales, dando inicio a la campaña de venta de semillas. Por la parte de investigación, es el momento de seleccionar, con ayuda de los colaboradores, los campos donde haremos los ensayos. Y ahora que ya conozco el terreno, y partiendo de la planificación inicial, puedo hacer el diseño de ensayos.

En octubre empieza el jaleo de trabajo. Por muy ordenado, preparado y planificado que lo tengas siempre se produce el caos… Las redes oficiales de ensayos, como GENVCE (Grupo para la Evaluación de Nuevas Variedades de Cultivos Extensivos en España), publican sus resultados. Y también ven la luz los datos del Registro (Oficina Española de Variedades Vegetales). Así que a última hora toca ampliar variedades a ensayar, lo que conlleva solicitar semillas a casas comerciales y reajustes en la planificación. Y a su vez, las Comunidades Autónomas nos hacen sus pedidos de semillas para sus ensayos oficiales. También recibimos solicitudes de cooperativas y empresas particulares. ¡Y la campaña de venta de semillas certificadas está en pleno auge durante este mes! Así que hay que organizar todos estos envíos y gestionar las recepciones a la vez que se empaquetan cuidadosamente las semillas para ensayar.

Ahora toca mirar al cielo, porque si el tiempo lo permite, sembramos en las fechas acordes a la ubicación del ensayo. Así a finales de octubre empezamos por los secanos áridos y terminamos a finales de noviembre con el regadío. Estos últimos son los que más tiempo requieren porque contienen la mayor carga de material genético con la que trabajamos actualmente: prebases, DH en diferentes años de investigación, líneas de registro, bandas y post-control.

Una vez terminada la siembra parece que puedes darte un respiro, ¡pero corto! Aquí comienza mi parte preferida: el trabajo de campo. Me preparo un cuaderno de campo para cada uno de los ensayos y allí voy apuntando las fechas de las visitas, observaciones generales y en detalle alguna de las repeticiones. Al principio de la campaña las visitas son más distendidas. Principalmente hay que comprobar que ha germinado correctamente y que no se ha producido ningún error de siembra.

A medida que el cereal empieza a ahijar, la frecuencia de las visitas aumenta para comprobar la adaptación al terreno, control de malas hierbas, riegos a realizar. También seguimos de cerca si hay aparición de enfermedades y cómo evolucionan (Roya, Rincosporium…)

En este mes primaveral, que aproximadamente transcurre entre mediados de abril y mayo, el trabajo llega a su máxima plenitud. Hay que controlar muchos factores en todos los ensayos que están en marcha: fechas de espigado, alturas, encamados, maduración de las espigas, enfermedades… Y nos dedicamos a tareas propias de esta época: depurar, marcar los surcos, observar comportamientos de crecimiento y elegir el material susceptible de seguir siendo ensayado al año siguiente. Además, nuestras colaboraciones con organismos como GENVCE u OEVV exigen visitar otros ensayos por todo el territorio nacional.

Durante toda la primavera prestamos especial atención a las parcelas de multiplicación de semilla certificada de la empresa. Visitamos cada campo, hacemos controles documentados e inspecciones.

A principio de junio… ¡por fin llega el momento de la cosecha! Y de nuevo la organización, el control y el orden son claves en esta fase: cada parcela de ensayo a su saco; cada surco de la siembra de espiga-surco, cogidos a mano, a su caja; cada variedad de las parcelas de multiplicación a su silo. Una vez que el material está en nuestros almacenes, toca volver al laboratorio. De los ensayos se pesa cada muestra para obtener el rendimiento y se toman datos de proteína y pesos específicos. Así genero estadísticas de los datos agronómicos, que junto con la información del cuaderno de campo, me sirven para obtener mis conclusiones, con las que puedo cerrar la campaña de ensayos.

Finalmente, analizo las líneas destinadas a registro, que están fijadas porque a lo largo de 5 ó 6 años han sido observadas, multiplicadas y depuradas. A pesar del trabajo de todo el año, hay líneas que se rehúsan debido a enfermedades o por dudas en cuanto a homogeneidad o producción. Sólo las que cumplen con todos los requisitos se envían a registro.

Y ya he terminado el ciclo. Pasado el año tengo otra vez todo el material preparado y la información necesaria para volver a planificar y organizar los ensayos del siguiente año laboral.

Este es el día a día, año tras año, del trabajo para la obtención de variedades de semillas. Sin duda el esfuerzo se ve recompensado en forma de semillas de cebada (Icaria, Forcada, Pirene, Baliner) y de trigo (Aneto e Iberus), que como investigadora me hacen sentir orgullosa de mi trabajo, y son la motivación para empezar otro año laboral con renovadas ilusiones.

Joaquín Aibar
 Departamento de Ciencias Agrarias y del Medio Natural
Escuela Politécnica Superior de Huesca

Los cereales de invierno ocupan la mayor parte de la superficie cultivada, en secano, en nuestro país. La escasez de cultivos alternativos, la enorme dependencia de las precipitaciones, y la tradición de su cultivo propicia que en una gran parte de la España seca y semiárida se practique mayoritariamente el monocultivo de cereal de invierno, que incluye trigo blando, cebada de dos y de seis carreras, avena, centeno y triticale. La alternancia de estas especies no supone un cambio real en la rotación de cultivos.

Si, además, las técnicas de cultivo que se practican son siempre las mismas, mismo tipo de laboreo,  o también ausencia del mismo, empleo de variedades similares en longitud de ciclo, idénticos herbicidas para controlar las malas hierbas, las posibilidades de que la naturaleza, que siempre potencia lo diverso, lo diferente, reaccione y nos cause problemas son mucho mayores.

En el caso concreto de la sanidad vegetal y del empleo de productos fitosanitarios la problemática también se va acrecentando día a día ya que por diferentes causas cada vez hay menos productos autorizados. Por ello uno de estos problemas crecientes es la aparición de ecotipos de malas hierbas de determinadas especies en las  que, debido al uso continuado de materias activas con el mismo mecanismo de acción,  se han ido seleccionando individuos resistentes al factor de presión de selección que se ha ido utilizando, un mismo mecanismo de acción por parte de los herbicidas empleados.

Para intentar paliar este problema en España todas las partes implicadas: empresas, técnicos, asesores, constituyeron un grupo de trabajo denominado Comité para la Prevención de Resistencias a Herbicidas (CPRH) a través de la Sociedad Española de Malherbología, que se reúne habitualmente para tratar la diferentes problemáticas que van surgiendo y realiza una importante labor divulgativa encaminada a fomentar prácticas agrícolas que minimicen la aparición de nuevas plantas resistentes a herbicidas y resuelvan los problemas en las zonas en las que esos ecotipos ya están establecidos.

Este Comité tiene sus correspondiente a nivel europeo, el  Herbicide Action Resistance Committee Europe (E-HRAC) del que forman parte los siguientes países Benelux, Francia, Alemania, Italia, Paises Nórdicos y Bálticos, España y Reino Unido y a nivel mundial , el Global  Herbicide Action Resistance Committee, que mantiene, en tiempo real, una página WEB (http://www.weedscience.org), en ella se muestran a través de unos gráficos la evolución de este problema a nivel mundial, por países, por cultivos, por especies de malas hierbas y por grupos de materias activas herbicidas. En ella se puede informar sobre cualquier novedad en este sentido, y proporciona una información básica para poder reaccionar lo antes posible frente a un nuevo problema. Además en esa página se proporciona la información, básica para cualquier asesor, para mitigar la aparición de resistencia a herbicidas, que no es otra cosa que una clasificación de los herbicidas en función de su mecanismo de acción  con la premisa de recomendar cierta alternancia en el uso de materias activas con diferentes mecanismos de acción.

 A fecha de hoy están reportados en España.  a nivel de todos los cultivos, 36 ecotipos de distintas especies resistentes a diferentes grupos de herbicidas, siendo problemáticas en cereales de inverno las resistencias de Vallico, Luello ( Lolium rigidum), amapola, ababol (Papaver roheas)  o cola de rata (Alopecurus myosuroides) que llegan a ser múltiples (a diferentes grupos de herbicidas).

Un caso aparte en esta problemática, con la que a veces se confunde,  es la aparición de problemas de malas hierbas debido a la repetición de un sistema de laboreo. En este caso no es problema de resistencias sino un problema de adaptación de unas especies a un sistema de cultivo. Es el caso de especies anuales como el bromo (Bromus ssp. o de la vulpia (Vulpia myuros y V. unilaterales), o especies bianuales  como Chondrilla, especies apenas problemáticas hasta que la disminución de las labores efectuadas sobre las fincas de cereal de invierno se ha generalizado. En este caso la adaptación de las especies que hasta ahora han estado en los bordes, ribazos, cunetas,  han visto en las parcelas cultivadas su mismo “nicho ecológico” en un terreno apenas removido, por lo que han invadido el cultivo ya que les hemos proporcionado lo que necesitaban, un suelo sin remover, y por ello, las semillas de las especies anuales (bromo, vulpia) permanecen en superficie, que es lo que prefieren, y en el caso de las especies bianuales o perennes, al no mover apenas el suelo encuentran también un hábitat adecuado para su proliferación.

 

En los casos en los que ha aparecido alguno de los problemas citados las soluciones pueden ser variadas, pero pasan por ser creativos, y NO REPETIR actuaciones sobre los cultivos, alternar cultivos, (intercalar leguminosas grano, colza, si es necesario hacer un año de barbecho), alternar formas de laboreo (al menos en una franja de seguridad entre los bordes de las fincas y el cultivo para evitar la entrada de especies que prefieren el suelo sin remover), usar medios mecánicos para la eliminación de malas hierbas, como las rastras de varillas flexibles,  usar herbicidas si es necesario pero alternando las materias activas según su modo de acción, en definitiva realizando los principios básicos de una Producción Integrada.

Dolores Quílez Sáez de Viteri
Unidad de Suelos y Riegos
Centro de Investigación y Tecnología Agraria de Aragón (CITA)

El uso de nitrógeno en la agricultura como fertilizante es indispensable para aumentar la producción de los cultivos, pero el aumento delnitrógeno en los sistemas agrícolas lleva asociado un riesgo de contaminación. El exceso de nitrógeno reactivo en los sistemas agrarios puede afectar tanto a las aguas, como a la atmósfera, habiendo tomado éstas últimas especial relevancia en los últimos años debido al aumento de las emisiones de amoniaco y gases de efecto invernadero, en particular el óxido nitroso (N2O). Para evitar los problemas ambientales derivados de la fertilización hay que aumentar la eficiencia de uso del N en los sistemas agrarios, ajustando las aplicaciones de nitrógeno a las necesidades de cada cultivo, tanto en dosis como en momentos de aplicación, integrando en los planes de fertilización de los cultivos la gestión de las deyecciones ganaderas y teniendo en cuenta las aportaciones del suelo y las contribuciones de otras fuentes como puede ser el agua de riego.

En los últimos años, se han ido aprobando diferentes Directivas y Reglamentos a nivel europeo relacionados con la fertilización de los cultivos, entre ellos destacan la Directiva de protección de las aguas contra la contaminación producida por los nitratos procedentes de fuentes agrarias (Directiva 91/676), la directiva Marco del Agua (Directiva 2000/60/EC) o la Directiva de techos de emisión de contaminantes atmosféricos (Directiva 2016/2284). En este contexto la aplicación agronómicamente razonada de los fertilizantes tanto de origen animal (orgánicos) como inorgánicos es una necesidad que, además de aumentar el beneficio de las explotaciones, puede mejorar la sostenibilidad, ayudar a reducir el riesgo de contaminación de las aguas por nitratos, y ser un buen instrumento para reducir las emisiones de gases de efecto invernadero.

En Aragón, se concentra el 25% de la cabaña porcina española con un censo superior a 7 millones de cabezas (MAGRAMA, 2016) que producen más de 15 millones de toneladas de purín (con un contenido de 50.000 t de Nitrógeno). Muchos estudios indican que la aplicación de purín en distintos cultivos permite alcanzar producciones satisfactorias pudiendo sustituir total o parcialmente a los fertilizantes minerales. En la Cuenca del Ebro, este hecho también ha sido constatado en cereales tanto en regadío (maíz, arroz, cereal de invierno) como en secano (cereal de invierno).

El uso del purín porcino como fertilizante es más complicado en su manejo que la fertilización mineral. En primer lugar la composición del purín no es uniforme sino que presenta una alta variabilidad por lo que para un buen ajuste de las dosis es necesario conocer antes de su aplicación el producto que se está aplicando, es decir conocer el contenido en nutrientes del purín. Una vez conocida la composición de purín y estimada la dosis, es necesario realizar una aplicación uniforme y eficiente en el campo. Para ellos es necesario la utilización de maquinaria bien ajustada que distribuye el purín de forma uniforme en la parcela y que con un método de aplicación que evite las pérdidas del N a la atmósfera en forma de amoniaco. En este sentido el desarrollo de centros gestores pioneros para la mejora del uso agrícola de purines, como “Tauste Centro Gestor de Estiércoles” o “CGE Cinco Villas” dentro de la ADS nº2 de Ejea de los Caballeros, son iniciativas necesarias y germen para una buena planificación de la gestión de purines en nuestra Comunidad Autónoma.

Un punto clave en la aplicación de la fertilización es el ajuste de las aplicaciones de N a las necesidades del cultivo. Mientras que los fertilizantes minerales es posible aplicarlos a lo largo del desarrollo del cultivo, con los métodos de aplicación tradicional con cuba, el purín solo se puede aplicar a los cereales en fondo, o en el caso de cereal de invierno en cobertera temprana a la salida de invierno y no es posible realizar aplicaciones cuando el cultivo tiene unas mayores necesidades. En el proyecto LIFE ARIMEDA, coordinado desde el Centro de Investigación y Tecnología Agroalimentaria de Aragón y en el que participan la Universidad de Milan y 6 empresas españolas e italianas, se van a desarrollar tecnologías que permitan aplicar la fase liquida del purín con el riego, adecuando el momento de la aplicación a las necesidades de N del cultivo. En el sistema ARIMEDA se va a diseñar en primer lugar un sistema de separación de la fase líquida del purín, eficiente y económica, que permita su inyección, sin problemas de obturación de los emisores, en sistemas de riego a baja presión en pivots y goteo. La fase líquida del purín una vez filtrada se inyectará en los sistemas de riego consiguiendo una uniformidad de distribución del N muy alta, similar a la del agua de riego. El conocimiento de la composición del purín y la distribución de la dosis a lo largo del crecimiento del cultivo, permitirá aumentar la eficiencia de uso del N y reducir las pérdidas de N por lavado lo que permitirá reducir el potencial de contaminación de las aguas por nitrato de origen agrario. Por otro lado la aplicación del purín con el agua de riego incide directamente en una reducción de la volatilización del amoníaco del purín y de la materia particulada asociada a estas emisiones. La reducción de las emisiones de amoniaco, procedentes mayoritariamente en Europa de la agricultura (95%), y de materia particulada por su efecto sobre la salud de las personas, se encuentran en el punto de mira de las políticas medioambientales europeas, siendo una de las áreas temáticas prioritarias del programa LIFE que financia este proyecto.
Más información del proyecto LIFE-ARIMEDA en www.lifearimeda.eu

Ramón Isla
Unidad de Suelos y Riegos
Centro de Investigación y Tecnología Agroalimentaria de Aragón (CITA)
Gobierno de Aragón

Los cultivos extensivos, incluyendo los barbechos, suponen en Aragón aproximadamente un 60% de la superficie agraria útil según datos del Gobierno de Aragón. Esta superficie de extensivos está ocupada mayoritariamente por 4 cultivos: trigo, cebada, maíz y alfalfa, lo que da una buena imagen del paisaje agrario que nos encontramos en la mayor parte de las comarcas agrarias aragonesas.

Las prácticas agronómicas necesarias en dichos cultivos son básicamente las mismas que se realizaban en los albores de la agricultura pero ha habido un cambio brutal en la tecnología empleada, especialmente en los últimos 50 años. Se ha pasado de mulas a tractores de gran potencia y anchura de trabajo y con capacidad prácticamente de hacer ellos solos algunas labores gracias a los modernos sistemas de guiado. Se ha pasado de sistemas de riego poco eficientes que exigían una gran dedicación de mano de obra a sistemas de riego por aspersión a demanda gestionados desde un teléfono móvil que permiten una alta eficiencia de aplicación si se aplican los conocimientos adecuados. Estos cambios tecnológicos han sido claramente positivos y beneficiosos para el sector. Sin embargo, y a modo de ejemplo, las grandes expectativas creadas con la irrupción de drones para monitorizar el estado de los cultivos se encuentra con un cierto desconocimiento en cómo aplicar la información que se obtiene para que resulte útil al agricultor.

Sin embargo, estos avances tecnológicos quizás no han llevado aparejados un cambio en la mentalidad de muchos agricultores en cuanto a la necesidad de actualizar sus conocimientos para obtener el partido necesario a toda esta tecnología. A pesar de existir bastante información acerca de las ventajas de ciertas prácticas agrarias beneficiosas para el agricultor y para la sostenibilidad de los recursos, no se han sabido comunicar bien y tampoco ha existido un adecuado esfuerzo por parte del sector que si lo ha dedicado a una innovación tecnológica sin precedentes. Por ejemplo, a pesar de que las necesidades de riego de los cultivos extensivos está bastante bien determinada gracias a la metodología FAO y fácilmente disponible a través de distintos portales web (según CCAA), probablemente pocos agricultores hacen uso de dicho información pensando que aplican la correcta dosis de riego a sus cultivos. La información proporcionada en dichos portales puede contribuir a ajustar mejor las dosis de riego de los cultivos extensivos, reduciendo pérdidas de nutrientes por lavado en algunos momentos.

 

Ejemplo de pantallas de entrada datos y salida de información de la web de la oficina del regante (SARGA, Gobierno de Aragón) para obtener las necesidades de riego semanales de los cultivos.

Otros aspectos que pueden ser mejorados de forma relativamente sencilla son una mayor racionalización de las dosis de fertilizantesasí como el manejo de fertilizantes orgánicos como el purín porcino. Un aspecto clave es la necesidad de realizar análisis periódicos de los suelos para conocer los nutrientes disponibles y ajustar las dosis de fertilizante a las necesidades del cultivo en función del rendimiento esperado y las extracciones potenciales. La determinación del contenido de nitrógeno amoniacal en el purín por conductimetría es una sencilla técnica que permite aproximar razonablemente bien la cantidad de nitrógeno que se está aplicando. A poco que se busque en repositorios abiertos es posible encontrar trabajos con resultados obtenidos en la mayor parte de los cultivos y para distintas técnicas agronómicas. Como ejemplos tenemos el amplio repositorio ofrecido por el CSIC (https://digital.csic.es), y por el Centro de Investigación y Tecnología Agroalimentaria de Aragón (https://citarea.cita-aragon.es) donde están disponibles los resultados de muchos trabajos que se realizan en ambas instituciones. Aspectos tales como la necesaria disminución de las dosis de fertilizante nitrogenado en cereales después de un cultivo de alfalfa, la utilidad de cultivos cubierta en invierno para prevenir el lavado de nitratos, o herramientas para optimizar el uso de purín porcino como fertilizante están ya bastante documentados y pueden encontrarse en dichos repositorios. Es tarea de los productores ajustar algunas técnicas a las características intrínsecas de su explotación (tipo de suelo, sistema de riego, maquinaria disponible), pues en el campo no hay 2 parcelas iguales. Es por ello que el agricultor debe atreverse a probar innovaciones (reducir laboreo, disminuir dosis de fertilizante, cambios varietales, etc..) en algunas zonas de su explotación para ser capaz de comparar y así optimizar las técnicas de cultivo disponibles a su situación particular.

 

Estado de un cultivo cubierta de veza sativa a principios de abril sembrado mediante siembra directa después de la cosecha del anterior cultivo de maíz. Dicha práctica ayuda a reducir las necesidades de N en el siguiente cultivo de maíz y a aumentar la materia orgánica del suelo y la calidad del mismo.

Es preciso pues, que el sector tome conciencia de que es él mismo el que debe buscar la información allí donde esté para mejorar sus resultados productivos, siempre dentro de un marco de sostenibilidad y de respeto medioambiental. Por otra parte, los Departamentos de agricultura de las distintas Comunidades Autónomas y los Centros de Investigación públicos debemos hacer también un mayor esfuerzo en divulgar los resultados obtenidos que puedan ser útiles para el sector.